Clarinetista y saxofonista alto, tenor y soprano. Fundador de Irakere y ganador de 18 premios Grammy. La gira española de su trío empezó la semana pasada. El lunes 27 tocará en Madrid, después en Mérida y volverá en julio.

Paquito D'Rivera.

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- ¿Vivió alguna vez en España?
- Seis meses, en 1980, en Madrid. Fueron meses muy lindos y a la vez fueron terribles porque estaba escapando de mi país. O mejor lo digo al revés: fueron meses tristes pero por lo menos fue en España, con un grupo maravilloso de sudacas que me salvó la vida. Nos gustaba decirnos así, sudacas. Me dieron trabajo en un sitio que se llamaba Dallas Club, calle Orense, 34, por el Bernabéu.
- Claro, habría llegado a España con tres dólares en la cartera.
- Tres dólares no, ¡Dos! Mi mamá me enviaba lo que podía desde Nueva York y aguanté. Estuvo bien, la libertad tenía un precio
- En 1980, ser un disidente de la Revolución en Madrid ¿era ir contra el mundo?
- Ay, la cantidad de comunistas de cafetín que había en España. Que había y que hay, me temo. Nunca me molestaron en un concierto. Pero los veía por todas partes.
- En el año 1979, en La Habana, ¿usted tenía ciertos privilegios?
- Claro que sí. Y me quería ir así que imagine los demás cubanos. Lo que pasaba era que yo estaba obsesionado con Nueva York, yo quería ser un músico en Nueva York. De niño, mi padre hablaba del Carnegie Hall. Yo entendía «carne y frijol».
- ¿Piensa mucho en Cuba o a veces se le olvida?
- Supongo que sí. Y tengo un sueño recurrente: voy a Cuba y no puedo salir. Se lo conté a mi amigo Pucho Calante, el trombonista, y me dijo que él tenía el mismo sueño tres veces por semana.
- ¿Cómo de cerca ha estado de volver? ¿Alguna vez le ha dicho alguien del Gobierno «si vienes, no te pasará nada, te recibiremos bien»?
- No, no... Ellos saben que no voy a regresar mientras eso esté ahí. No me apetece y es peligroso. Pueden permitirme entrar y no salir.
- ¿Qué tal en EE UU? ¿Qué tal para un cubano que lleva 46 años allí?
- La vida se ha vuelto tan confusa, hay alianzas tan raras...Tenemos un presidente que dice una cosa absurda por la mañana y por la tarde dice la cosa absurda contraria.
- ¿Y uno puede abstraerse de esas cosas y aislarse de la política?
- Es difícil. Y para los cubanos más, porque nos toca bailar con la más fea. Los buenos, los progresistas, no han hecho nada por nosotros. Entonces nos quedan los malos. Los cubanos estamos en el río y nos atacan las pirañas. ¿Y qué hacen los buenos? ¿Los supuestos buenos? Dicen «preserven a las pirañas». ¿Cómo que «preserven a las pirañas»? Entonces aparece un cocodrilo y nos dice a los cubanos: «Agarren la cola que yo los salvaré».Y nosotros le decimos: «Caimancito, nosotros sabemos que eres bueno». No lo es. El caimán es un hijo de la gran puta. Todo es agotador. Menos mal que está la música.
- ¿Cuáles son los mejores músicos con los que ha tocado?
- Ay, tantos. ¿Famosos o no?
- Lo que quiera.
- Yo-Yo Ma. La naturalidad con la que toca el desgraciado violonchelo. Toots Thielemans. Era como si Dios tocara la armónica. Un cuarteto que se llama New York Voices, que se despide este año. Grabé con ellos un disco de música brasileña. Me olvidaba de entrar en mis partes cuando los escuchaba cantar.
- A lo que iba: ¿son los mejores por técnica y virtuosismo o porque entienden la música de otra manera?
- La técnica es un arma defensiva.Uno encuentra desafíos que tiene que vencer, y entonces se defiende con la técnica.Tienes un revólver para defenderte si te atacan, no para apagar la lámpara a tiros ni para que se calle el pájaro de la vecina. Mucha gente usa la técnica para impresionar .Lo jodido es que lo logra. Me dan ganas de decirles: «Hagan un poco de música». Y me acuerdo de Rubinstein, que decía: «Cualquier muchachito de la escuela toca más piano que yo. Ahora tienen que aprender a hacer música».
- ¿Qué tal envejece un músico como usted?
- Puedo hacer las cosas que hacía pero tengo que programar los esfuerzos. Tengo que preparar algunos descansos en los conciertos, tengo que colocar las piezas más difíciles para el principio de cada show... Y tengo que cuidarme. Soy diabético. Desde hace años no pruebo el alcohol.
- ¿Le gusta la relación cultural del alcohol y el jazz? ¿Le sentaba bien salir a tocar con cuatro tragos en el estómago?
- Me gustaba mucho como idea y alguna vez la practiqué, pero no tengo muy claro que fuese para bien, que diera mejores conciertos por ir medio borracho.Puede que yo lo viviera como que sí, pero no me lo creo del todo. Y la marihuana me sentó fatal.Daba dos coladas, sentía que me pesaban los pies y pensaba ¿qué he hecho? Menos mal, cuánto dinero me habré ahorrado.
- ¿Y no echa de menos salir a tomar algo cuando acaba un concierto?
- Sí salgo, me voy a cenar porque termino hambriento. Soy una persona social o, mejor dicho, un músico social. Miles Davis decía que tocaba para sí mismo. Yo no, yo toco para estar con gente.
- ¿Cómo le ha ido de dinero durante estos años? ¿Ha tenido una economía más o menos estable?
- Más o menos bien, siempre. Tengo un colega que lo contaba así: llevo años mirando con terror al teléfono, pensando que no va a sonar más. Pero el caso es que sigue sonando. De momento.
- La última: ¿fue usted un hombre guapo con 30 años?
- Lo fui. Mi papá también lo fue. Fue una bendición y un problema.

























