


























Carmen Valero Berl�n
Actualizado
El expresidente de Bulgaria, Rumen Radev, se ha impuesto en las elecciones legislativas celebradas este domingo el 30% de los votos a falta de completarse el escrutinio, un resultado claro pero insuficiente para garantizar el poder en un pa�s marcado por la fragmentaci�n pol�tica. Su victoria contrasta con el retroceso del veterano Boyko Borisov, cuyo bloque cae hasta ocho puntos porcentuales, hasta el 18%. Ya no tiene el peso de anta�o, pero sigue siendo el actor clave para facilitar o bloquear cualquier intento de gobierno.
"Haremos todo lo posible para no dejarnos votar [en elecciones] de nuevo", asegur� Radev a la prensa poco despu�s de que se conocieran los resultados de los primeros sondeos a pie de urna. "Ser�a la ruina para Bulgaria".
El Parlamento contar� con varias formaciones adicionales en un escenario altamente fragmentado. Entre ellas destacan el movimiento liberal reformista -con apoyos en torno al 12-14%-, el Partido Socialista B�lgaro (BSP), que se situar�a en torno al 8-10%, la formaci�n nacionalista Vazrazhdane, tambi�n en la horquilla del 8-10%, y el Movimiento por los Derechos y Libertades (DPS), con cifras cercanas al 10-12%. A estas se sumar�an otras fuerzas menores que rondar�an el umbral del 4%. Por ahora, estas cifras deben leerse como estimaciones iniciales a la espera del recuento final, aunque dibujan ya un Parlamento atomizado y sin mayor�as claras.
La campa�a ha estado centrada en cuestiones econ�micas y en un malestar estructural persistente. Bulgaria presenta algunos de los indicadores de desarrollo humano y econ�micos m�s d�biles de la Uni�n Europea, con salarios medios en torno a los 1.000 euros brutos mensuales y un salario m�nimo que ronda los 450 euros. A ello se suma una percepci�n sostenida de corrupci�n en las instituciones. Ese desgaste remite a redes de poder y clientelismo consolidadas tras la ca�da de la Uni�n Sovi�tica, un legado que sigue condicionando la vida pol�tica del pa�s. Es en ese contexto donde se explica el voto a Radev, de perfil de centroizquierda, que ha construido su trayectoria como una impugnaci�n de ese sistema.
Su figura ha sido descrita con frecuencia como euroesc�ptica o prorrusa. Sin embargo, en Bulgaria no existe un cuestionamiento real de la pertenencia a la Uni�n Europea ni a la OTAN. El pa�s, sin embargo, mantiene una relaci�n hist�rica, cultural y religiosas compleja con Rusia, que forma parte del contexto del debate p�blico. Radev se ha mostrado contrario al env�o de m�s armas a Ucrania, en contraste con el apoyo prestado por el Estado b�lgaro a Kiev, pero su posici�n se define como pragm�tica: mantener relaciones funcionales con Mosc� y garantizar energ�a asequible en un pa�s donde la energ�a no es ideolog�a, sino una cuesti�n de supervivencia cotidiana.
Ese planteamiento no se traduce f�cilmente en una salida pol�tica. Sobre el papel, existe la posibilidad de articular una mayor�a sin Borisov: una suma de fuerzas reformistas, liberales y formaciones menores unidas por el rechazo al antiguo modelo de poder. Pero esa aritm�tica, aunque viable en t�rminos num�ricos, ha demostrado ser extremadamente fr�gil en la pr�ctica. Son alianzas construidas m�s sobre el veto -contra Borisov- que sobre un proyecto com�n, y por eso tienden a descomponerse r�pidamente. En un Parlamento fragmentado y con din�micas que recuerdan a una cierta federalizaci�n pol�tica, esa l�gica puede volverse incluso m�s defensiva, reforzando los bloqueos por encima de la cooperaci�n.
La alternativa ser�a una forma de entendimiento con el propio Borisov. Pero esa opci�n choca con el n�cleo mismo de la legitimidad de Radev: su ascenso pol�tico se ha apoyado precisamente en la cr�tica al sistema que Borisov representa y en su alineamiento con las protestas anticorrupci�n de 2020 que acabaron erosionando su Gobierno. Una gran coalici�n formal tendr�a, por tanto, un coste pol�tico inmediato y dif�cilmente asumible.
El propio Borisov descart� este domingo participar en cualquier coalici�n, afirmando que "no ve con qui�n podr�a formar Gobierno" y que decidir� su estrategia "despu�s de las elecciones". El ex primer ministro tambi�n asegur� que su partido ser� una "oposici�n constructiva" en �mbitos como Defensa.
El escenario vuelve as� a repetirse: mayor�as fr�giles o bloqueo pol�tico. Ocho elecciones en cinco a�os reflejan un sistema incapaz de generar estabilidad duradera. La debilidad relativa del bloque de Borisov no elimina su influencia; m�s bien la transforma en un poder de veto que, en un Parlamento fragmentado, puede resultar a�n m�s decisivo.
Todo ello coincide con un momento de mayor integraci�n europea. Bulgaria adopt� el euro el 1 de enero de 2026, un paso destinado a reforzar su estabilidad econ�mica dentro de la Uni�n Europea. Sin embargo, esa integraci�n convive con una paradoja pol�tica m�s amplia: Bruselas ha tendido a priorizar la estabilidad macroecon�mica y la alineaci�n estrat�gica, dejando de lado las din�micas internas del pa�s, incluidas sus crisis de gobernabilidad. La experiencia reciente sugiere que la consolidaci�n monetaria no basta para corregir las disfunciones de fondo. En Sof�a, ganar unas elecciones sigue siendo solo el principio de un problema m�s complejo: gobernar un sistema que, una y otra vez, termina por desbordar a quienes lo intentan.
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