





















En los siglos XVII y XVIII, en pleno auge de la piratería caribeña, corsarios, filibusteros y bucaneros de todo pelaje utilizaban el cambio de bandera como herramienta táctica básica. No existía un sistema moderno de identificación de buques, de modo que la enseña era, en gran medida, la "identidad" del barco.
Durante años, la flota fantasma de Irán ha llevado esas técnicas de ocultación a otro nivel para eludir sanciones. Ahora, con el doble cerco en el Estrecho deOrmuz --el control iraní del paso y la presión estadounidense en el Golfo de Omán-- las está aplicando con notable eficacia en un juego del gato y el ratón que dejaría al gran Henry Morgan como un aprendiz.
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