Catapultada por la televisión que derrochaba creatividad de los 80, como intérprete no ha dejado de trabajar en todos los formatos. Ahora protagoniza junto a Pablo Carbonell Género de dudas en el Teatro Infanta Isabel de Madrid

La actriz Pastora Vega.
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- Qué bien está acogiendo el público Género de dudas. Al menos desde la pandemia, parece que los teatros se ven en general muy llenos.
- Desde que soy actriz, es verdad que no había visto una racha tan potente. Y sí, yo creo que tuvo mucho que ver el encierro. Las ganas de disfrutar, de salir, de empaparse de cultura están ahí.
- ¿Usted es más de guardarse secretos, como su personaje, o tiende a contarlo todo?
- Mi tendencia espontánea es de contar. Yo soy de contar y compartir las alegrías. No soy de guardarme las cosas. Aunque muchas veces me he arrepentido de no filtrar primero lo que iba a decir, sobre todo cuando era muy jovencita. Creo que incluso dentro de una pareja conviene tener ese terreno que es exclusivamente de uno. Tienes que protegerte incluso con tus hijos, que yo creo que es el amor más incondicional que hay. Hay un límite en todo, que es el quererte a ti mismo. La obra aborda qué es ser auténtico. Plantea eso que todos quisiéramos de que cuando nos vayamos de este mundo hayamos sido quienes realmente queríamos ser. Y para eso primero tienes que saber quién quieres ser, quién eres, qué quieres hacer, con quién quieres estar y hasta qué punto para ser auténtico hay que desvelar todo lo que piensas, lo que sientes o lo que te ha ocurrido, o no. Y ahí es donde yo tengo mis dudas también.
- Es una comedia, pero con un fondo incluso duro y hasta incómodo. Y uno, como espectador, se percibe a sí mismo por momentos riéndose y con la risa que se te queda congelada.
- Exactamente. Yo creo que ese es el objetivo de la autora, la dramaturga francesa Jade-Rose Parker. Hay escenas, sí, en las que te sientes hasta culpable de estar riéndote porque estás presenciando situaciones por momentos machistas, por momentos de chiste fácil, groseros... Pero es que la vida desgraciadamente es así. Y uno se revuelve en la butaca cuando nos la ponen delante; de eso se trata.
- La obra no puede llegar en un momento más oportuno porque estamos viviendo un momento social en el que parece que nos estamos haciendo más intolerantes.
- Sí, creo que es necesaria, y sobre todo en clave de comedia. Nuestra obra también habla de relaciones de pareja y de cómo aman los hombres y cómo lo hacen las mujeres. Pero tiene una vuelta de tuerca más, que es hablar de la identidad, de la tolerancia y del respeto y de por qué no queremos al diferente. Y de la hipocresía. ¿Por qué un político en plena campaña, en este caso un político de izquierdas, progresista, que sobre el papel defiende por ejemplo los derechos del colectivo LGTBi, cuando tiene la posibilidad de demostrarlo en su vida es la incoherencia personificada? Y eso es lo que está pasando en plena democracia. Estamos viendo actitudes absolutamente autoritarias, dictatoriales. Se está pasando por encima de todos los derechos, de todas las leyes internacionales que son fruto de tanto esfuerzo para llegar a consensos con el fin de poder convivir en la diferencia. Y resulta que llega un personaje como Trump, y le da exactamente igual. Asistimos a eso. Y llega un momento en que se está imponiendo la indiferencia a todo, y eso es peligrosísimo. Yo estoy muy preocupada con la situación. Por mí, por mis hijos, por mis nietos, por todo el mundo, porque realmente se juntan muchas cosas. No digamos ya el avance tecnológico, la inteligencia artificial... De pronto no sabes lo que es verdadero y lo que es falso, vamos hacia un mundo inquietante.
"No me gusta lo que parece que viene, el constante enfrentamiento, el insulto permanente, la crítica por la crítica"
- ¿Siente la misma decepción con la política nacional?
- Pues mira, en este momento estoy orgullosa de que España se esté pronunciando ante estos conflictos, como la guerra en Irán, como se está pronunciando, y que de algún modo nuestro país sea uno de los primeros que no ha tenido miedo en dar la cara y en posicionarse. De eso me parece que tenemos que estar orgullosos, independientemente de que lo haya hecho Pedro Sánchez o de que lo hubiera hecho otro. Pero no me gusta lo que se viene, lo que parece que viene, que es el constante enfrentamiento, el no llegar a acuerdos, el insulto permanente, la crítica por la crítica. La política debería ser llegar a acuerdos para mejorar la sociedad. No estar todo el día insultándose y peleándose para ver quién llega antes al poder y, mientras estás en el poder, aprovecharte de toda esa situación y pasar por encima de lo que necesita la gente.
- No vamos a destripar mucho el argumento, pero hace nada se conocía el caso de la joven trans agredida en un pub de La Bañeza (León).
- Muy fuerte, sí. Es inconcebible que nadie llegue a las manos contra alguien por el hecho de ser diferente a lo que tú crees que debería ser, en este caso una mujer trans, o un homosexual que va agarrado de la mano con su chico por la calle. ¿Qué pasa, que ves a una pareja heterosexual agarrada de la mano y te parece lo más normal del mundo, pero ves a dos agarrados y les tienes que dar una paliza? ¿Pero esto qué es? Está hablando de algo muy oscuro y muy feo de la condición humana que ha existido siempre, por desgracia, y que ahora parece que se está como alimentando y está resurgiendo, con mucho odio. Estamos en un momento de mucho odio, sustentado no quiero pensar por qué. A mí me pone enferma. Hacen falta tanto respeto y tolerancia, que es al final el mensaje de la obra. El problema es que hasta que no nos pasa a nosotros algo de esto que ves en la tele o que lees, no reaccionamos.
- El movimiento feminista se ha roto precisamente por el apoyo a las mujeres trans, ¿qué le parece?
- Pues me parece mal, ¿qué quieres que te diga? Habrá casos de todo. Y yo no soy especialista, ni psicóloga ni nada de eso. Pero creo que cuando un chico o una chica se sienten atrapados en un cuerpo que no concuerda con su identidad, en un género que no es el suyo, sufren. Y si empiezan a cambiar ese cuerpo para ser felices, e incluso si ya hacen la transición completa, que es costosa, arriesgada y complicada, es porque de verdad lo desean. Son temas delicados, donde hay en juego aspectos como la salud y decisiones que pueden ser irreversibles, pero no por ello hay que pensar que no son mujeres o que no son hombres, y tratarles como si fueran unos frikis o cosas mucho más terribles.

ÁNGEL NAVARRETE
- ¿Es de las que piensa que en los 80 se vivía con más libertad que ahora?
- Toquemos madera, pero creo que no. Lo que pasa es que en los 80 estaba todo por hacer. Estábamos en un despertar, veníamos de una dictadura de 40 años. Aquellos años no tenían nada que ver con el 2026. Y creo que no viene a cuento la comparación. Afortunadamente, sigue habiendo libertad y tenemos que seguir expresando lo que sentimos. Lo que espero es que esto no vaya para atrás. No debemos consentir bajo ningún concepto que la libertad de expresión empiece a mermar y que nos empiecen a censurar, como en la época de Franco, y que a los artistas nos hagan pintadas y escraches en las puertas de nuestras casas por pensar de una manera o de otra. En Estados Unidos, ahí están Robert De Niro, Jane Fonda o Bruce Springsteen dando la cara en esas manifestaciones masivas para decir que no podemos volver atrás. Aunque te diré que yo lo que me pregunto es dónde están los artistas jóvenes americanos. Creo que mirando un poquito hacia otro lado. Se les echa de menos.
- Hablando de juventud, usted suele lamentar que las actrices, además de sufrir machismo, padecen mucho el edadismo.
- Sí, porque es así. A las actrices en general, a partir de los 50, por muy bien que se mantengan, se las invisibiliza, en el cine, en la ficción televisiva... Aunque el edadismo afecta a todos los seres humanos. Hoy en la sociedad se ve un rechazo a los ancianos, a los viejos; sólo queremos lo joven. Con la sabiduría, la experiencia y la cantidad de cosas que te puede aportar la gente mayor. Es muy injusto. Y todo es una gran contradicción. Queremos vivir 150 años, estar estupendos, matarnos en el gimnasio, hacernos toda clase de tratamientos, pero resulta que cuando pasas una barrera, digamos la de los 50, ya no existimos. ¿Esto cómo se come? Volviendo a mi oficio, hay que escribir historias para ese público. En todas las edades pasan cosas divertidísimas, ¡emocionantes, interesantes. Faltan guiones, historias para mujeres de esa cierta edad. Hay muchas más historias, sobre todo en cine y en series, para hombres que para mujeres. Afortunadamente, la mujer madura empieza a tener un espacio, pero queda tanto por hacer...
"Yo soy hombreriega. Pero por primera vez desde los 14 años estoy sin pareja. Y feliz"
- Acaba de comenzar el rodaje de la segunda temporada de la serie ¿A qué estás esperando? para Atresplayer. Usted se dio a conocer con un éxito enorme en la pequeña pantalla, ¿ve muy distinto el medio hoy de entonces?
- Me estás hablando de los 80 y eso fue maravilloso porque fuimos pioneros en muchísimas cosas. Nos cargamos la imagen de la presentadora bustoparlante en el primer programa que hice, Hoy por Hoy, con Ignacio Salas. Con él y con Guillermo Summers trabajé en Y sin embargo te quiero. Estaba todo por hacer. Ahora ya está todo hecho y es muy difícil ser original. Aunque hoy hay una oferta de ficción en las plataformas extraordinaria.
- ¿Se ha desencantado del amor Pastora Vega?
- No. Yo soy, como decía María Dolores Pradera, hombreriega. Es decir, me gustan los hombres, y me encanta el estado de estar enamorada y me encantaría estar en pareja ahora. Encontrar un compañero estupendo y hacernos mayores y envejecer juntos. Por supuesto que ese plan me encanta, no es que no. Pero las parejas que yo he tenido, por muy distintas razones, no han funcionado, y ahora por primera vez en mi vida desde los 14 años, cuando empecé a salir con mi primer novio, estoy sola, sentimentalmente hablando. Pero soy millonaria en amores familiares, amores de amigos, de mis compañeros de trabajo... Y yo soy una mujer muy independiente, curiosa, que me encanta hacer un montón de cosas. Así que estoy feliz. Una pareja te demanda un cuidado, una atención, un tiempo. Y yo siempre les he dedicado mucho tiempo a mis parejas y casi han sido hasta más importantes que yo misma.























