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Hay profesiones que no hacen ruido, pero sostienen los pilares de un país. Rosario Jiménez, decana del Colegio Nacional de Registradores, lo sabe bien. Su trabajo, el de los 1.200 registradores que hay en España es discreto, casi invisible, pero conforma una de las columnas que mantienen en pie la seguridad jurídica garantizando la confianza económica que se requiere para que el país trabaje con estabilidad. Por eso hay quien dice que los registradores trabajan en la trastienda de la sociedad, pero su labor tiene consecuencias gigantes. "Ofrecemos seguridad y confianza al ciudadano, para que lo tuyo sea tuyo y nadie lo discuta", explica Rosario.
Su historia profesional es el resultado de años de estudio, de disciplina, hasta de aislamiento "como el de cualquier opositor" subraya con humildad, pero sobre todo, de la fuerza de voluntad para sostener en el tiempo la decisión que uno mismo se ha marcado. Esfuerzo, y superación que desde que llegó a su primer destino en un pueblecito de Galicia, puso al servicio del colectivo ganandose la confianza de los compañeros, peldaño a peldaño, hasta que hace un año fue elegida Decana del Colegio Nacional, sin lista alternativa. Su compromiso y trabajo conocido por todos la avalaron sin discusión alguna.
Hoy los retos que tiene por delante tienen que ver con esta institución en plena transformación, apostando por la digitalización total para implementar registros electrónicos e inteligencia artificial total. Pero aquí no hay miedo al cambio. Y me sorprende cuando me habla de creatividad en la terea de los Registradores: "Nuestro trabajo es esencialmente intelectual y creativo porque cada caso es único y las herramientas digitales nos permiten ganar tiempo para estudiar más, analizar mejor y ofrecer mayor calidad y excelencia". Estudiar más y trabajar con excelencia para asumir la última responsabilidad. Ese es el matiz que lo cambia todo.
Un trabajo lo sostienen perfiles muy distintos: "Hay compañeros muy académicos, otros más prácticos, perfiles tecnológicos, más visionarios o más tradicionales... es un colectivo muy diverso donde cada uno aporta su visión". Una diversidad que se construye con el tiempo, más aún si se tiene en cuenta la dimensión del reto: apenas medio centenar de plazas se convocan cada año para este trabajo que no se ve... hasta que te das cuenta que sin él todo lo demás dejaría de funcionar.
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