

























P�nico me da este a�o la operaci�n bikini. Si ya de por s� siempre me ha espantado el concepto de castigar al cuerpo con dietas milagrosas y rutinas expr�s de ejercicios perpetradas con el �nico objetivo de verse bien en traje de ba�o ahora que, para nuestra desgracia, Ozempic nos ha tra�do de vuelta la delgadez extrema como s�mmum de belleza y elegancia femenina (que no masculina, porque ellos siguen igual de hermosos o fofisanos, una palabra que, por cierto, nunca he visto escrita en femenino) me aterra pensar lo que se nos viene encima. Me horroriza pensar que, bombardeadas por im�genes de cuerpos muy por debajo de un peso saludable, mujeres de todas las edades se afanen por conseguir -cueste lo que cueste y, a veces, el precio es muy alto- la dichosa inyecci�n como soluci�n de urgencia para perder unos kilos que, en muchos de los casos, ni siquiera les sobran.
Lo peor de todo es que de esta locura somos c�mplices todos: industria de la moda, medios de comunicaci�n y redes sociales. Parapetados en el eslogan "del f�sico no se habla", hemos dado por bueno calificar como deslumbrante las apariciones de celebridades que, de golpe y porrazo, aparecen en las alfombras rojas con muchos kilos menos de los que sol�an tener habitualmente y que no les sobraban sin darnos cuenta de que de esa forma no hacemos m�s que alimentar a la bestia de los cada vez m�s abundantes trastornos de la conducta alimentaria (TCA).
Todo esto lo cuento, adem�s de porque quiero, porque hace unos d�as me dieron bastante ca�a en redes por decir, entre otras cosas, que los medios deb�amos parar de decir que Demi Moore est� impresionante a los 63 a�os cuando, en realidad, parece que va a quebrarse a cada paso que da. Y que const� que esto no era una cr�tica a Moore; todo lo contrario, porque ella puede estar como pueda o como le d� la gana, sino contra este montaje universal que se empe�a en hacernos creer que para estar guapa y mantenernos eternamente j�venes (de esto ya hablaremos otro d�a) tenemos que ser un amasijo de huesos sin un �pice de grasa y, lo que quiz�s es m�s preocupante, de m�sculo.
He de decir que, entre tanto mensaje reprobatorio en el que se me acusaba de enjuiciar el cuerpo de una mujer, tambi�n me llegaron muchos otros de gratitud como el de Mar�a (nombre figurado), cuya hija adolescente batalla desde hace a�os con un TCA y que contempla con dolor esta apolog�a de la delgadez extrema.
"Del f�sico no se habla", dicen, pero es que, igual, s� que se deber�a hablar sobre c�mo est� impactando en nuestra salud f�sica y mental esta apolog�a de la delgadez en nosotras y, lo que m�s miedo me da a m�, en las nuevas generaciones. Porque si en nuestra generaci�n ya nos dieron la matraca con el heroin chic y toda esa monserga, lo que nos faltaba es que ahora les vuelvan a meter por los ojos a nuestras hijas este ideal femenino enfermizo.
Las mujeres no somos perchas para colgar vestidos ni esos maniqu�es de la talla 32 sobre los que se exponen las colecciones de la nueva temporada en los escaparates. A todas nos gusta vernos bien frente al espejo (no por los ojos ajenos, sino por nosotras mismas), pero hay algo que debe prevalecer por encima de todo: la salud. As� que ahora que, por fin, parece que sale el sol y suben las temperaturas no puedo evitar pensarlo... �P�nico me da este a�o la operaci�n bikini!
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