























Xavier Col�s
Actualizado
Ivan M. no recuerda la invasi�n rusa como una fecha, sino como una llamada de su madre: "La guerra ha empezado". �l era s�lo un estudiante de bachillerato, pero la ciudad dej� de existir alrededor de �l: "Vi a los rusos destruirla delante de m�", relata a EL MUNDO. Otro joven ucraniano, Ivan S., la recuerda como la continuaci�n de una infancia atrapada desde 2014 en Lugansk, donde crecer significaba prepararse para ser ruso por obligaci�n. Los dos eran menores cuando la guerra les cay� encima. Este martes en Madrid hablaron ante un grupo de senadores sobre su experiencia al otro lado del frente ruso.
Entre esas dos vidas cabe una parte del drama de los menores ucranianos bajo control ruso, una obsesi�n del putinismo que Ucrania no deja de denunciar. Kiev calcula que 20.000 ni�os han sido llevados ilegalmente a Rusia, separados de sus familias y privados del regreso o incluso del contacto con los suyos. S�lo 2.120 han podido volver.
Seg�n un estudio de Yale HRL, entre los menores afectados hay ni�os enviados a campamentos de "verano" o "descanso" que terminan convertidos en espacios de reeducaci�n; ni�os de orfanatos, internados o centros para menores con discapacidad; menores separados de sus padres en zonas de frente; y ni�os apartados de sus familias en los campos de filtraci�n de Mariupol.
La palabra "hu�rfanos" es a menudo una coartada: est�n documentados casos de ni�os con padres, tutores o familiares vivos trasladados sin consentimiento, presentados como disponibles para adopci�n o tutela, inscritos como rusos y sometidos a educaci�n patri�tica rusa. Ivan M. es uno de ellos.
La investigaci�n de Yale tambi�n ha localizado menores en bases de datos rusas de adopci�n y tutela, y procesos de naturalizaci�n como ciudadanos rusos. En 2025 identific� m�s de 210 lugares donde ni�os ucranianos habr�an sido llevados para reeducaci�n, formaci�n militar, fabricaci�n de drones u otras actividades. Esos centros se extienden a lo largo de unos 5.600 kil�metros, con 39 instalaciones vinculadas al entrenamiento militar.
Ivan M. vio c�mo esa maquinaria empezaba en medio del hambre, los bombardeos y la espera. "Mi madre me llam� y me avis� de que hab�a empezado la guerra. Cog� mis cosas, pero no pude salir a tiempo; ya estaban los soldados rusos", recuerda. Iba cada d�a a preguntar a la Cruz Roja si se abr�a un corredor humanitario. La respuesta era siempre que esperase.
El Teatro de Mariupol estaba lleno de civiles, con la palabra "ni�os" escrita en grande fuera: "Recuerdo ver a ancianos, mujeres, ni�os, incluso mascotas, todos ah� dentro". El 16 de marzo el teatro fue destruido por los rusos y fue cuando decidi� salir a pie con su hermano. "Hab�a miles de civiles, y ya hab�a perdido 10 kilos", cuenta. En un control ruso le obligaron a desnudarse para comprobar si ten�a tatuajes nacionalistas o nazis. "Fue algo totalmente forzado, me obligaron a estar en ropa interior". A su hermano, mayor de edad, le dejaron pasar, pero a �l no. "Nos dijeron que esper�semos a los servicios sociales de la Rep�blica Popular de Donetsk y nos apuntaron a las piernas cuando hicimos adem�n de escaparnos".

Ivan S., de Lugansk.Xavier Col�s
Lo llevaron a Donetsk. All� vio llegar a m�s ni�os y ni�as, de entre 9 y 16 a�os. Hab�a escondido su tel�fono y, discretamente y con la mano temblorosa, pudo ayudar a algunos. "Nos contaban que tendr�amos una nueva familia rusa, que podr�a estudiar lo que quisiera... ellos ten�an todo el poder sobre la situaci�n", dice.
Su tutor consigui� recogerlo y que se reencontrara con sus padres. "Los rusos dec�an que �ramos ni�os sin familia, pero en casa me esperaba mi familia numerosa", recuerda al t�rmino de un acto organizado por la embajada de Ucrania en Madrid y el Senado, que cont� con la presencia del presidente de la C�mara Alta, Pedro Roll�n.
Ivan S. vivi� otra versi�n del mismo destino. La guerra le alcanz� dos veces en Lugansk: primero en 2014, cuando era un ni�o, y despu�s en 2022, cuando ya entend�a que la ocupaci�n pod�a devorarlo. "Nuestra vida ya no fue como antes. Nuestra casa acab� destruida por la artiller�a". En su ciudad, dice, todos conoc�an el miedo a los s�tanos de los ocupantes. "Son lugares de tortura de donde sales discapacitado o muerto", explica Daria Herasymchuk, asesora y comisionada del presidente de Ucrania para los Derechos del Ni�o y la Rehabilitaci�n Infantil.
Su futuro parec�a decidido por otros: crecer, recibir pasaporte ruso y acabar movilizado, luchando en el frente contra su propio pa�s tras un borrado de memoria e identidad. Pero una grieta se abri� en internet: en un chat del juego online Minecraft conoci� a chicos de Dnipro. Al principio pens� que ser�an enemigos. "Ellos me dijeron: somos ucranianos, simplemente estamos bajo reg�menes distintos".
A partir de ese momento empez� a dejar de escuchar la propaganda de Lugansk y a ver los v�deos que le enviaban desde el otro lado: Bucha, Mariupol, los fusilamientos... Sus padres segu�an defendiendo a Rusia, as� que se fue de casa. "Mi plan B era entregarme como prisionero", admite.
Tem�a que el primer guardia ucraniano lo matara, pero cruz�. "Todo lo que he vivido ha sido una vida y he vuelto a nacer. He quedado totalmente solo, sin entorno familiar". Su advertencia es la de alguien que sabe lo que significa crecer bajo ocupaci�n: "Si no nos ayudan, los rusos acabar�n extermin�ndonos y luego ir�n a por m�s".
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