













Hace unos meses, viajando en el tren me encontr� con un conocido al que hac�a mucho tiempo que no ve�a. Como suele ocurrir en estos casos, las conversaciones saltaron de un tema a otro haciendo ese check que nos sabemos casi de memoria. Pero cuando entramos en tema tecnolog�a y redes sociales, me cont� sorprendido que una familiar suya afirmaba que las personas con "m�s rollo de la uni" eran las que no publicaban nada en sus perfiles. Como mucho un story de vez en cuando y solo para los amigos �ntimos. Me llam� la atenci�n. M�s tarde, coment�ndolo con una amiga, �sta me confirm� las sospechas: hay una corriente entre la gente joven que se inclina por los perfiles fantasma. Sus sobrinos, de 18 y 20 a�os, no tienen casi fotos el feed, aunque s� participan como espectadores y a trav�s de mensajes directos.
Esta tendencia, conocida como Zero Post, es una pr�ctica muy extendida entre la Generaci�n Z (1995-2010), que busca privacidad y autenticidad frente a la sobreexposici�n digital. Y es que ellos, como primeros nativos digitales, han crecido bajo la mirada constante de las redes, siendo la primera generaci�n que ha tenido que construir su identidad en dos espacios simult�neos: el real y el digital. Por eso han aprendido, antes que ninguna otra, cu�l es el precio real de la exposici�n permanente.
Los datos hablan por s� solos, esta generaci�n que ahora celebra desde los 16 a los 30 a�os, es la que peor salud mental reporta de cualquier generaci�n viva -as� lo demuestran diversos estudios globales como los del Pew Research Center y la consultora McKinsey & Company-. Como afirma Luis Ant�n, psic�logo en IPSIA Psicolog�a y director del Instituto de Psicoterapias Avanzadas, "la ansiedad es la condici�n m�s prevalente en este grupo, con m�s del 60% habiendo recibido un diagn�stico cl�nico. Esto no es un dato anecd�tico, es un patr�n que se repite en m�ltiples pa�ses y metodolog�as de investigaci�n".
La explicaci�n a esto tiene una vinculaci�n directa con la neurolog�a, ya que durante la adolescencia, la plasticidad neurobiol�gica es mayor y la sensibilidad al feedback social,m�s elevada. Por tanto, las redes sociales son el campo de batalla perfecto, en el que entran en juego "todas esas medidas constantes y cuantificables de aprobaci�n entre iguales, tales como los likes, las visualizaciones, los seguidores y los comentarios", comparte el experto. As�, cuando el adolescente pasa por su filtro el reconocimiento y/o el rechazo, su respuesta tiene una intensidad desproporcionada.
Ante esto, una herramienta de autoprotecci�n puede ser desaparecer de las redes sociales e intentar borrar la huella digital. Una soluci�n dr�stica que muchos no quieren o no pueden (por temas profesionales) permitirse. Existe tambi�n la opci�n de autorregularse, con aplicaciones que nos avisan cuando pasamos el l�mite de tiempo establecido, como un control parental autoimpuesto. Pero el Zero Post es otra cosa, y Luis cree importante recordar que tener un perfil fantasma no implica renunciar a las redes, sino redefinir la relaci�n con ellas.
Es decir, el problema no es consumir todo lo que ofrecen -informaci�n de actualidad, entretenimiento, cultura o noticias en tiempo real- sino el precio que muchas plataformas cobran por acceder a ello: la exposici�n permanente, los datos personales, la atenci�n como mercanc�a y la presi�n impl�cita de existir digitalmente. Incluso el cotilleo, en su forma benigna, es necesario, porque "nos informa sobre el mundo social sin necesidad de participar en �l y nos sirve para aprender de los errores ajenos, para calibrar normas sociales o sentir que pertenecemos a un grupo sin tener que exponernos directamente", expone Ant�n.
Ahora, �c�mo y cu�ndo podremos saber que bajo el Zero Post subyace el cuidado de la salud mental? Para el psic�logo, la distinci�n que lo cambia todo es preguntarse por qu� se hace. Si publicar genera ansiedad anticipatoria (�qu� dir�n? �cu�ntos likes tendr�? �quedar� bien?), "no publicar alivia esa ansiedad de forma inmediata y a la larga refuerza la creencia de que publicar es peligroso". Esto se aten�a en personas con trastorno de ansiedad social diagnosticado. "Pero cuando quien no publica lo hace desde una posici�n en la que han calibrado que para su vida es mejor no postear, el cuadro cambia completamente", afirma Luis Ant�n. Y ampl�a: "se han observado mejoras significativas en meta-an�lisis en bienestar cuando los participantes reduc�an activamente su uso de plataformas". Esta diferenciaci�n de la acci�n es la que en psicolog�a conductual denominan conducta guiada por valores o conducta guiada por miedo.
Podr�amos afirmar que el aspecto revolucionario del Zero Post es que las redes sociales fueron dise�adas para que publicar fuera el comportamiento por defecto y el perfil fantasma es, como lo identifica Ant�n, una recuperaci�n de la asimetr�a original: yo te veo a ti, pero t� a m� no. Una actitud de resistencia ante la sobreexposici�n que est� relacionada con esa identificaci�n de que las personas "con m�s rollo" son las que no publican. Luis reconoce que hay algo parad�jico y fascinante en este fen�meno, y ampl�a: "En un entorno donde la visibilidad se ha convertido en la moneda del estatus, quienes renuncian a ella se�alan impl�citamente que no la necesitan. Y eso, en t�rminos de percepci�n social, es enormemente poderoso. Quien busca activamente estatus online suele percibirse como alguien que lo necesita. Quien no lo busca transmite impl�citamente que ya lo tiene, o que no depende de �l".
Y esto no es una percepci�n subjetiva, sino algo probado. As� lo demuestra la investigaci�n publicada en Cyberpsychology, Behavior, and Social Networking con 731 adolescentes, que encontr� que la popularidad sociom�trica se asociaba positivamente con la b�squeda de estatus digital, mientras que la simpat�a real mostraba una asociaci�n negativa con esa b�squeda. Las personas m�s queridas en sus grupos usaban las redes con menos intensidad. El zero posting lleva esta l�gica a su extremo: nada que publicar, nada que criticar, nada que evaluar. Y concluye Ant�n: "Esta posici�n de invulnerabilidad social genera admiraci�n precisamente porque en una cultura de la sobreexposici�n, la discreci�n se ha convertido en escasez. Y la escasez genera valor percibido".
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