La oferta de gastronomía china en el barrio de Usera es de sobra conocida. Una pena que al mejor restaurante le falle la carta de vinos

Actualizado
Somos muchos los paletos del centro. Por eso un día que fuimos a una exposición en Carabanchel acabamos comiendo en Hong Kong 70 (Nicolás Sánchez, 11), que para mí sigue siendo el mejor chino de Usera, salvo por la carta de vinos. Y eso que íbamos con ganas de hacer un estropicio después de toda una mañana culturizándonos.
Opciones no faltaban en Carabanchel: terrazas donde apretarse un cochinillo y restaurantes apetecibles como Los Minutejos. Pero igual que hay quien confunde Malasaña con Salamanca, los paletos del centro nos hacemos un lío entre Usera y Carabanchel. Tiro de piedra no significa a patita.
Uno de nosotros llegó con esa oquedad de estómago que solo produce la resaca.
"Creo que voy a pedir todos los dim sum de la carta".
Empezamos con baos de char siu (cerdo asado a la barbacoa); xiao long bao de cerdo ibérico con caldo; canelones tres delicias... y unas cuantas Tsingtao, seguramente la cerveza china más conocida fuera de China. Ligera y fresquísima, perfecta para combatir esa boca estropajosa que dejan algunas resacas.
En la carta había también patitas de pollo al vapor y callos chinos, pero no nos atrevimos, pese a la obsesión contemporánea con el colágeno. Sí pedimos una ensalada de oreja de madera, que no tiene nada de casquería sino que es un hongo, la Auricularia auricula-judae, y estaba estupenda.
Seguimos con más dim sum y más Tsingtaos: siu mai de cerdo ibérico con setas, dumplings de gambas con envoltura cristalina... También probamos los clásicos rollitos, que me dejaron de gustar porque una vez me comí uno en un chino pésimo que debía de ser de pangolín 2020 porque me sentó fatal.
Como hacía un poco de frío, pedí una sopa wonton con salsa picante, ligera y reconfortante. Y entonces empecé a echar de menos una copa de vino.
La carta era corta: Montecillo, Protos, Museum, Pureza. Agotamos enseguida el Protos (25,50 euros) y nos dijeron que solo quedaba Pureza (23,90). No estaba muy allá pese al precio. Una pena que se me hubiera acabado el picante, que siempre ayuda con los malos tragos.
Volvimos a las Tsingtao mientras terminábamos unos noodles hechos en el restaurante, muy buenos; algo de pato asado y una lubina al vapor estupenda. Para entonces ya habíamos perdido la cuenta de las cervezas y regresamos resignados al Pureza, al que con cierto racismo habíamos rebautizado como Puleza.
No pedimos postre ni café y nos quedamos de charleta. Salimos a 40 euros por persona.



























