El matemático, geofísico y figura clave de la oceanografía recibe hoy en Bilbao el XVIII Premio Fronteras del
Conocimiento de la Fundación BBVA en Cambio Climático por entender el papel decisivo de los océanos en el clima terrestre

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Cuando se habla de cambio climático solemos pensar en humo, fábricas, olas de calor o glaciares derritiéndose. Carl Wunsch lleva más de 60 años recordando que falta un protagonista fundamental en esa historia: el océano. Bajo una superficie aparentemente tranquila circula una maquinaria gigantesca que almacena calor, redistribuye energía por todo el planeta y ayuda a determinar el clima de la Tierra.
Desde el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde desarrolló la mayor parte de su carrera, Wunsch impulsó una revolución científica que transformó la forma de observar los océanos mediante una combinación de matemáticas, física y tecnología espacial. Nacido en Brooklyn en 1941, Wunsch está considerado uno de los padres de la oceanografía física moderna. Sus investigaciones han contribuido a demostrar que los océanos son el gran regulador térmico del planeta y una pieza imprescindible para comprender el cambio climático. Por ello recibe hoy en Bilbao el XVIII Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en la categoría de Cambio Climático.
- Si vamos a hablar de cambio climático ya nos podemos preparar para recibir un montón de insultos en redes sociales.
- El problema es que muchas personas lo ven como una amenaza a su estilo de vida. Por ejemplo, si estás en el sector petrolífero. Otra dificultad más reciente en EEUU es la falta de confianza en la ciencia. La ciencia convive con la posibilidad de equivocarse, y algunas personas lo utilizan como excusa para decirte que no sabes de lo que hablas. La perspectiva histórica es que la ciencia se autocorrige y, a veces, se convierte en amenaza. El ejemplo clásico es el del sol que no gira alrededor de la Tierra. Para muchos esto fue idea terrible que contradecía todas sus creencias. A pequeña escala, esto es lo que está pasando ahora. Es más un problema de psicología y sociología que de ciencia. Tengo un colega que solía decir que, para los científicos, hacer las preguntas correctas es mucho más importante que obtener las respuestas correctas. La ciencia tiene que plantear preguntas y, desde luego, siempre habrá personas a las que no gusten las respuestas.
- ¿Cómo está afectando a la investigación que la ciencia, especialmente la climática, se haya convertido en un campo de batalla ideológico?
- En EEUU es un desastre. Estamos perdiendo una generación de científicos y tardaremos varias generaciones en recuperarnos de esto. Hay personas que están haciendo cosas interesantes y han perdido financiación. Y no es fácil ahora animar a los jóvenes hacia la ciencia del clima. La Administración Trump está socavando la ciencia en casi en todos los ámbitos. Por ejemplo, está desmantelando el sistema de observación oceánica que nos ha llevado décadas construir. Una de las prioridades en la ciencia del clima es tener registros mundiales que sobrevivan a nuestra vida humana. Cuando destruyes estos registros es casi imposible saber qué ha pasado. Se produce mucha incertidumbre. Mis sucesores van a tener que reconstruir los sistemas y encontrar cierto sentido sin las observaciones que van a faltar.
- Usted ha dedicado toda una vida a estudiar algo que la mayoría de las personas no vemos: corrientes profundas, circulación oceánica, calor almacenado bajo la superficie. ¿Cree que la sociedad comprende realmente la magnitud de lo que está pasando con el clima del planeta?
- Hablar de sociedad no es tan fácil. La mayor parte de la superficie de la Tierra es agua y los humanos no tienen una comprensión intuitiva sobre ello. Personas como yo hemos pasado décadas intentando desarrollar esta intuición y, en parte, es contraintuitivo. Por ejemplo, el flujo de los océanos a gran escala está controlado por la rotación de la Tierra y casi nadie tiene una comprensión automática o instintiva de eso.
- Si dejáramos de emitir ahora mismo gases de efecto invernadero, ¿qué cambios seguirían produciéndose igualmente?
- Es una pregunta muy profunda. Una predicción sobre el clima es extremadamente difícil porque hay partes del sistema que responden muy lentamente. Así que voy a hablar de cosas generales. Puedo decir que hay tanto exceso de CO2 que habrá cambios graves incluso si las emisiones pararan ahora mismo. ¿Cuáles van a ser exactamente estos cambios? ¿Habrá sequía en México? Pues no sé si podemos predecir eso en concreto, pero sí que efectos como sequía en México van a ser más probables, pero también puede haber muchísima pluviosidad. El sistema tardará cientos de años en volver a lo que llamamos equilibrio. Y en el proceso se producirán muchísimas cosas. Probablemente, la Tierra seguirá calentándose, y habrá más deshielo, y esto puede durar 30, 100 o 150 años. No estamos seguros. El problema es que tenemos que estar preparados para todo tipo de cambios sin tener muy claro exactamente cuáles van a ser. Los océanos reaccionan muy lentamente. Muchísimo más despacio que la atmósfera. Algunas masas de agua profunda tardan siglos en renovarse, de modo que todavía pueden estar respondiendo a cambios climáticos ocurridos hace cientos de años. Hay partes del océano que, según nuestra interpretación, se siguen enfriando porque hay algo que se llamó Pequeña Edad de Hielo que llegó hasta el siglo XIX, y estamos ahora pagando el precio.
- ¿Qué consejo daría al estudiante que hoy tiene la misma edad que usted tenía cuando llegó al MIT?
- Me preocupan dos cuestiones. Por un lado están quienes desarrollan los grandes modelos climáticos y, por otro, quienes se dedican a realizar mediciones y observaciones. El problema es que ambas comunidades no siempre se entienden bien. Los modelizadores suelen conocer poco la complejidad de los datos reales, mientras que quienes trabajan con observaciones a menudo tienen dificultades para comprender las fortalezas, limitaciones e incertidumbres de los modelos. Por eso, si tuviera que aconsejar a un estudiante brillante, le diría: ponte en medio. Aprende de ambos mundos. Entiende qué nos dicen realmente las observaciones y qué nos están diciendo los modelos. Hay muy pocos científicos que se sientan cómodos en los dos campos a la vez. Mirando atrás, creo que eso refleja una cierta carencia de nuestro sistema educativo. No hemos formado suficientes investigadores capaces de moverse entre ambas disciplinas. Aunque también debo decir en nuestra defensa que las dos son extraordinariamente complejas. Se puede dedicar una carrera entera a comprender en profundidad cómo funcionan los instrumentos de observación y qué significan sus datos desde un punto de vista físico. Y, al mismo tiempo, hace falta otra carrera para entender modelos climáticos compuestos por millones de líneas de código capaces de simular la evolución futura del planeta.
- ¿Qué pregunta sobre el océano sigue quitándole el sueño?
- Yo no pensaba que acabaría estudiando los océanos. Yo estudiaba geofísica, sismología, geomagnetismos, pero conocí a un individuo muy carismático, un oceanógrafo que hacía sus propias mediciones con papel y lápiz, y encontré fascinante el trabajo en el mar. Mi fortaleza científica estaba en el campo matemático con lo que tomaba mediciones en el mar y volvía a mi oficina para confirmar lo que había en mis modelos. Después, en los años 70 u 80, quedó claro que el cambio climático global era algo muy grave, y que las cosas en el océano cambian día a día, y año a año, y pusimos en marcha un sistema de observación, que de eso van estos premios. Lo que me preocupa es que hay partes del océano que todavía no han sido lo suficientemente observadas, especialmente en el hemisferio sur. Y en el norte, el océano tiene de media 4.000 metros de profundidad, y en la superficie también hay problemas porque es turbulenta, y cambia todo el tiempo de formas aleatorias. Mi preocupación es que nuestros sucesores vayan a decir, ¿y por qué no medisteis esto? Porque una vez pasó el fenómeno, pasó, y la mayoría de los sistemas de observación miden cada diez días. ¿Es suficiente? Pues no lo sé, y soy muy consciente de lo que no estamos midiendo.

























