Tras casi 30 años en nuestras teles, afronta su primer gran protagonista en cine ya en paz con la fama: "Veo a la gente trabajar y sólo a los actores nos dan las gracias. No vale quejarse"

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Alejo Sauras (Madrid, 1979) lleva toda la vida metido en nuestras casas. Entró con ‘Al salir de clase’, se instaló con ‘Los Serrano’ y ya nunca ha salido de las televisiones. Sin embargo, los protagonistas en cine se le han resistido… hasta ahora. Interpreta al hombre del título en ‘Kraken. El libro negro de las horas’, la película basada en el best seller de Eva García Sáenz de Urturi, que, si todo va como se espera, será la primera de una trilogía. "Un proyecto tan ambicioso tiene sus riesgos. Partes con la ventaja de que es algo que mucha gente conoce, pero no siempre es fácil agradar a los fans. En cualquier caso, es una gran oportunidad para mí", reflexiona el actor.
- Te ha costado tenerla, tras casi 30 años de carrera más que sólida.
- Está claro que todo cuesta más en cine. No sé si es porque se hacen más series o porque les caigo mejor a los que las hacen, pero es verdad que he tardado. En los últimos años llevo bastantes películas, pero esta es en la que voy a tener grande mi cara en las paradas de autobús [risas]. Me hace mucha ilusión y aún más porque es un thriller y he podido trabajar un personaje dramático. Me encanta hacer comedia y supongo que se me da bien porque me ofrecen muchas, pero quiero tocar todos los palos y esta es una oportunidad muy buena.
- Hay una trama aparentemente paranormal en la película. ¿Crees en ese tipo de cosas?
- No creo mucho en cosas extrañas. En lo que sí creo es en la naturaleza y en que tiene muchos caminos y algunos no los conocemos como creemos conocerlos. Por lo demás, bastante miga tiene la vida real como para buscar cosas más allá. No las niego, adelante a quién le interese, pero no es algo que me apasione. Supongo que todo el mundo busca explicaciones a las cosas donde puede y quiere. Yo las encuentro en el aquí y el ahora, la ciencia y la naturaleza
- No pretendo hundirte, pero el año que viene se cumplen 30 años del inicio de ‘Al salir de clase’, tu presentación en sociedad.
- Parece que el tiempo no pasa, pero hostia si pasa. Yo tengo la sensación de que todo ocurrió antes de ayer, pero de repente te ves con una edad y dices: "¿Pero qué ha pasado? ¿Cómo he llegado aquí tan rápido?". Pienso bastante en el pasado y en aquella época porque soy nostálgico. Tengo la suerte de haber disfrutado de mis trabajos, de que me haya ido bien y he tenido una vida muy bonita. La sigo teniendo, ojo, pero es inevitable pensar en aquellos días felices.
- Pocos de los que salisteis de allí seguís vigentes.
- Sí, tengo esa suerte y, por lo tanto, mi recuerdo es excelente. Hay compañeros que viven más atormentados en ese sentido, pero yo disfruté una barbaridad de ‘Al salir de clase’. Todo lo que ocurrió ahí para mí fue maravilloso como actor y como persona, me llevo bien con todos mis compañeros y les echo mucho de menos. Y me pasa lo mismo con ‘Los Serrano’. Siempre me ha preocupado mucho llevarme bien con la gente y en los rodajes tengo una máxima que es encargarme de crear buen ambiente. Hay una regla no escrita por la que parece que a los actores conocidos se nos permiten ciertas cosas que al resto del equipo no y que vamos un poco de divos, pero yo funciono al revés. Utilizo esa pequeña licencia que nos dan a los actores para intentar establecer buen rollo. Es un poco lo de Spiderman de que tener cierto poder conlleva una responsabilidad.
- ¿Has conocido muchos actores que van de guays en los rodajes?
- Los hay, pero no tantos como se cree y a la larga no funciona. Cuando llego a los rodajes, intento que todo el equipo se ría. Hago una broma a uno, tiro una pulla a otro, me río de mí mismo... Disfruto mucho de hacer equipo. También creo que es una manera de superar esa vergüenza delante del resto que casi todos los actores tenemos porque somos una profesión de tímidos, aunque no lo parezca.
- En tus 20, enlazas dos fenómenos como ‘Al salir de clase’ y ‘Los Serrano’. Entre tus compañeros, hay bastantes casos, de Víctor Elías a Mariano Alameda pasando por Fran Perea, a los que les apabulló la fama. ¿Cuál fue tu caso?
- A la larga, lo he llevado bien, pero hubo una época en la que me costaba salir de casa. Para mí, la fama fue la noche y el día. Soy una persona de barrio, iba a manifestaciones, iba los domingos al Rastro y salía a tomar cervezas en plazas llenas de gente. Entonces, convertirme de repente en un foco de atención me incomodaba mucho. Sobre todo, me rallaba llegar a un sitio lleno de gente y que se me acercaran desconocidos a hablarme de cosas de mi vida privada que habían salido publicadas. Todo el mundo te mira y tú no sabes lo que cada uno sabe de ti. Hubo un momento en que me produjo cierto vértigo porque todas mis relaciones sociales eran en desigualdad.
- ¿En qué sentido?
- Todos sabéis de mí y yo no sé nada de vosotros. En esa situación la timidez se multiplica y de puro tímido puedes parecer borde. Con las dos series tuve un momento de no querer salir de casa que se me pasó marchándome un tiempo fuera de España. He tenido que hacer un trabajo personal de aceptación, me ha costado un tiempo, pero ahora lo llevo bien porque la gente casi siempre se acerca con una sonrisa y con agradecimiento. En muy pocos oficios te dan las gracias por hacer tu trabajo. Eso es algo que hay que valorar. Voy por la calle, veo que la gente trabaja y a nadie le dan las gracias ni le aplauden. Así que, aunque sientas ese vértigo y esas ganas de pasar desapercibido, hay que ser justo y agradecido. Tú te has metido a ser actor, asumes lo que esto puede significar y apechugas con ello. No pasa nada. Y cuando lo ves así se va diluyendo un poquito lo heavy y lo duro que llega a ser el fenómeno fan.

Alejo Sauras posa en el centro de Madrid.Javier Barbancho
- ¿Se idealiza lo que es ser un ídolo juvenil?
- Bastante. El fenómeno fan es muy duro y, aunque lo expliques, es muy difícil de entender para los demás. La gente, lógicamente, piensa que a quién no le mola ir a una discoteca a tomar una copa y que todas las chicas quieran ligar contigo. ¿Sabes qué pasa? Que cuando todas las chicas quieren ligar contigo, no ligas con ninguna porque todas están delante de ti en todo momento, es inabarcable. O te las llevas a todas o te vas solo. Y lo que suele pasar es que te vas solo. También está el tema de la desconfianza. ¿Quieren conmigo porque les gusto o porque soy famoso? Y, además, los seres humanos somos selectivos por naturaleza pero cuando todas las personas vienen a ti, ya no puedes hacer ese filtro de elegir a quienes mejor te caen porque es imposible profundizar con nadie. Hablas un minuto con todos y una hora con nadie. Es como cuando quieres ver una película en Netflix y al final no ves ninguna porque tienes tantas delante que no sabes cuál elegir.
- Eso es un clásico.
- Pues aquí pasa un poco lo mismo. Cuando todas las personas vienen a ti, tú no puedes profundizar con ninguna para saber si te interesa realmente y te apetece conocerla mejor y eso te lleva a la soledad. Yo tuve la suerte de que mantenía a mis amigos del barrio, de Cuatro Vientos, y me refugié en ellos.
- ¿Sigues yendo al barrio?
- Voy poco, pero los amigos los conservo y no he perdido esa conciencia de barrio de clase trabajadora. Mis padres me inculcaron que eso era lo más importante, que si perdías esa conciencia, perdías la esencia. Me he esforzado mucho toda mi vida en no darle al dinero más importancia de la que tiene y en no creerte más que nadie por tener cierto éxito laboral o social.
- ¿Y lo has logrado?
- Sinceramente, creo que sí y es algo que me hace muy feliz. Las personas que vienen habitualmente a mi casa lo llevan haciendo más de 25 años y a los que llamo por teléfono para hablar son los mismos que cuando había teléfonos fijos. Hay ciertas cosas que me gustan desde niño; básicamente, viajar y divertirme con mis amigos. Eso es algo que puede costar dinero si lo tienes, pero que puedes hacer más o menos igual si no lo tienes. Mis mayores placeres no cuestan mucho dinero. No soy de grandes coches ni de objetos caros, no porque me obligue a mí mismo a mantener una humildad sino porque tengo la suerte de que las cosas que de verdad me gustan son otras.
- No eres un actor que hable de política. ¿Te molesta que siempre se os pida que os posicionéis?
- No lo llevo bien porque no tengo una postura tomada. Si la tuviera, no tendría problema en decirla, pero es que no hablo de política porque no me gusta la política. Creo que la política debería ser algo que pasase desapercibido en una sociedad como sucede con la gestión de una gran empresa. Nadie discute sobre un CEO, pero, sin embargo, estamos todo el día hablando de lo que dice un político y lo que le responde el otro. Se están peleando todo el rato y la gente, más pendiente de eso y de tomar partido que de valorar su gestión. Sinceramente, creo que son personas que no hacen bien su trabajo, pero nos hemos obsesionado con la política de un modo insano. No debería ser tan importante y no habría todo este enfrentamiento si las personas encargadas de llevarla a cabo lo hicieran mejor. Si los de izquierdas hicieran las cosas mejor, los de derechas serían menos de ultraderecha. Y si los de derechas, donde gobiernan, lo hicieran mejor, los de izquierda no serían tan de izquierdas. Al final los dos extremos nacen de la frustración y a mí eso no me representa. Entonces, opinar sobre política es formar parte de un circo que considero un engaño.
- Pero la política es la base de todo.
- Sí, pero no el circo que es ahora. Creo que no sería necesario prestar tanto atención a lo que se dicen, lo que se insultan y lo que se echan en cara. Eso no es importante. Lo importante son las leyes y la gestión y creo que no es tan difícil ponerse de acuerdo. Yo tengo amigos de izquierdas, de extrema izquierda, de derechas, de extrema derecha… Y quedamos a cenar y hablamos. A veces, alguno levanta un poco el tono porque la crispación social ya afecta a todos, pero en general llegamos a puntos de acuerdo sobre lo básico. En campaña, todos los partidos hablan de mejorar el mundo, ¿o no? Mejorar la educación, la sanidad, las infraestructuras, la vida de la gente, en definitiva. Pero cada vez que termina una legislatura muy pocas de esas cosas han mejorado. Me parece inútil hablar de ello.
- Esa politización ha saltado incluso a las películas, con esa batalla que se ha querido crear entre los estrenos de Almodóvar y Segura.
- Aún no he tenido ocasión de ver ‘Torrente’, pero hay una cosa que me hace mucha gracia cuando se meten con el cine de Santiago Segura. El discurso oficial es que el cine es una pérdida de dinero y que aquí no da un duro ninguna película, pero llega uno que hace industria y todos le critican por lo que cuenta en sus películas. ¿Pero habéis visto las películas americanas, que son las que más dinero dan y por las que realmente todo el mundo paga su cuota de las plataformas? Hay algunas interesantes, pero hay otras que están para hacer dinero y sostener el negocio. Una industria consiste en tener cine de todos los tipos y eso es lo que se ha creado en España, en parte gracias a tipos como Segura. No olvidemos que España es uno de los principales exportadores mundiales de ficción. Algo estaremos haciendo bien.























