La confederación CNAE denuncia que Tráfico ha utilizado datos incompletos y sesgados sobre los exámenes del carné de conducir para desprestigiar al sector. Navarro ya ha perdido otros apoyos que antes no le faltaron.

Pere Navarro, a la derecha, junto a su 'jefe', el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska
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Segundas partes nunca fueron buenas, se dice. Y el caso de Pere Navarro, el director de la DGT, bien lo puede ilustrar. En su primera etapa al frente de la DGT, entre 2004 y 2012, España registró el mayor descenso histórico en el número de muertos en accidente: de 4.741 fallecidos, se pasó a 1.903, un 60% menos.
El carné por puntos, del que este julio se cumplen 10 años, la implantación masiva de radares y el endurecimiento del Código Penal en asuntos de tráfico fueron medidas que se implantaron bajo su mandato y resultaron claves en aquellos resultados.
Regreso en 2018
Navarro volvió al cargo en 2018 y aquel prestigio se ha ido erosionando a marchas forzadas. Por un lado, la siniestralidad total se ha estancado desde entonces, con 1.785 víctimas mortales en 2024 (ultimo año con cifras definitivas de carretera y ciudad a 30 días), por los 1.806 de aquel año.
Además, frente al consenso general que despertaron las iniciativas de su primer mandato, muchas de este segundo están envueltas en la polémica. Por ejemplo, la supresión de los 20 km/h extras para adelantar en carretera secundaria y, sobre todo, la introducción desde este año de la baliza V-16 en lugar de los triángulos de emergencia. Digamos que ya no tiene el favor del gran público.
10 radares valen por todos los guardias civiles
También el director de la DGT vive enfrentado con los agentes de la Agrupación de Tráfico, a los que hace unas semanas dedicó una de sus frases más desafortunadas, al asegurar que "10 radares hacían el mismo trabajo que todos ellos". No era nueva: la pronunció por primera vez... en marzo de 2005.
Y a finales de enero, fueron los transportistas los que pidieron su dimisión después de que la DGT dejase parados a miles de camiones por la llegada de un temporal de nieve y antes el riesgo de que bloqueasen las carreteras. Entendible, la medida pecó de un exceso de celo.
Traspasar una línea roja
La crisis es mucho más profunda con las autoescuelas, otro colectivo del que Navarro ha perdido el favor. En el pasado, incluso se acusó a la DGT de favorecerles, por ejemplo, con los jugosos cursos de recuperación de puntos del carné. Pero ayer, la confederación que las agrupa, la CNAE, ha pedido también su dimisión acusando al organismo de "utilizar datos incompletos y sesgados sobre el Plan PRO (de refuerzos de los examenes para el carné de conducir) para desprestigiar al sector de las autoescuelas y eludir su responsabilidad ante el colapso del sistema".
En su opinión, la DGT ha traspasado una línea roja implantando una medida en condiciones restrictivas, como ya le habían avisado desde la CNAE, con el fin de ocultar la falta de examinadores en numerosas provincias, especialmente en un periodo de alta demanda por parte de los estudiantes. Mientras, Tráfico argumenta que los datos del plan de refuerzo de exámenes demuestran que la lista de espera de aspirantes al carné que denuncian los centros está inflada, y por mucho.




















