























A mediados de mayo del a�o pasado, poco antes de que se cumpliese un mes del apag�n que dej� sin luz a toda la pen�nsula ib�rica, Clodoaldo Rodr�guez, jefe de la central hidroel�ctrica Aldead�vila, reconoc�a que el 28 de abril sintieron "un poco de tensi�n". Aldead�vila fue una de las centrales que arrancaron de forma autom�tica tras el cero, una maniobra "que se ensaya y todo el mundo conoce", pero que en este caso era real. Aunque a las 12.33 todo fall�, a partir de ese momento la respuesta fue envidiable.
De nuevo en conversaci�n con EL MUNDO, Rodr�guez es ahora m�s lac�nico. "Una vez se produjo el apag�n, que en la central produjo el disparo de los grupos que estaban generando en ese momento, se sigui� el protocolo establecido en el Plan de Reposici�n del Servicio", rememora. As�, "inmediatamente se organiz� al personal de la central para atender las distintas necesidades y arrancar los grupos generadores de Aldead�vila II".
Aldead�vila II es una de las centrales hidroel�ctricas con capacidad de arranque aut�nomo, que son las que inician la reposici�n del sistema el�ctrico tras un incidente como el del 28 de abril. Simplemente tienen que empezar a soltar agua para arrancar y a partir de ah� quedan a disposici�n del operador, Red El�ctrica, que comenz� una recuperaci�n gradual. En la central se hacen simulacros de arranque de emergencia cada tres a�os y el �ltimo se hab�a realizado apenas unos meses antes, en noviembre de 2024. "Gracias a la preparaci�n del personal y a los simulacros de arranque de emergencia que se realizan en la central todo funcion� seg�n lo previsto", celebra Rodr�guez.
De este modo, se fueron estabilizando peque�as 'islas energ�ticas' que, a su vez, transmit�an tensi�n a las celdas contiguas. Al mismo tiempo, Francia comenz� tambi�n a transmitir electricidad a trav�s de su conexi�n con Espa�a. Poco a poco, estas islas fueron formando un archipi�lago que a las 23.00 ya comenzaba a parecer una pen�nsula: a esa hora se hab�a recuperado el 51% de la demanda. A las 06.00 del d�a siguiente el porcentaje superaba el 99%.
El apag�n pill� a Enrique Ropero en un ascensor. Fue casualidad, aunque tampoco demasiado: es t�cnico de Fain Ascensores y estaba de faena con un compa�ero. "No me qued� encerrado por medio metro, porque ten�a que trabajar en la parte alta del hueco y subiendo con el ascensor se fue la luz", cuenta. Como muchos ese d�a, lo primero que pens� fue que se trataba de un problema localizado, pero al salir a la calle vieron que el alcance era bastante mayor, aunque no conoc�an la magnitud porque tampoco pod�an comunicarse. "Por la radio de la furgoneta escuchamos que era un apag�n generalizado en toda Espa�a", explica Ropero.
Ropero y sus compa�eros comenzaron a organizarse en las pocas ventanas de comunicaci�n que consegu�an: "Dec�amos que hab�a que pasarse por todos los portales de nuestras zonas, todos los ascensores, y, sobre todo, priorizando hospitales, residencias de mayores o viviendas unifamiliares para ver si hab�a gente dentro".
El d�a, recuerda, fue ca�tico y el tr�fico -varias arterias colapsaron al caer la se�alizaci�n en las carreteras- no ayudaba, as� que muchos fueron andando "entrando portal a portal". "Yo s� que puede ir con la furgoneta y me par� en un hombre en el atasco: 'Por favor, por favor, tengo una persona que lleva aqu� m�s de dos horas y media encerrada, �puedes ayudarnos?'", rememora Ropero. Adem�s de este rescate, calcula que entr� "en 14 o 15 viviendas por lo menos". Como no funcionaban los telefonillos, trataban de avisar a alg�n vecino para entrar y revisar el ascensor.
Ropero no fue el �nico. Varios trabajadores de provincias en las que ese lunes era festivo "se pusieron el mono y bajaron a ayudar". Uno de sus compa�eros, de hecho, se subi� a un coche de la polic�a en Pamplona y fue haciendo rescates con ellos, que s� pod�an recibir los avisos de personas atrapadas. "Le han dado una medalla al m�rito civil", dice tan orgulloso como si la llevase �l en el pecho.
"Dentro del caos, hicimos todo lo posible porque no hubiera nadie encerrado", cuenta. Tambi�n abrieron puertas mec�nicas -la empresa tiene una divisi�n dedicada a este sector- e incluso liberaron a personas atrapadas en ascensores de la competencia. La idea era sencilla: "Ayudar a todo el que hiciera falta". Tanto, que tuvo que pedir a alguien que recogiese a sus hijos del colegio -"yo no pod�a irme"- y al terminar, dej� la furgoneta aparcada "en un punto de Madrid" y tard� dos horas en llegar andando a casa. "Fue largo", r�e, aunque le quita importancia: "Una cosa as� es excepcional y, hombre, simplemente por humanidad tienes que colaborar en lo que puedas; aunque se haga largo hab�a que arrimar el hombro".
Para Pedro Gonz�lez, director general de la Asociaci�n de Empresas con Gran Consumo de Energ�a, "lo principal y fundamental es que no hubo ning�n accidente laboral". El d�a 29, recuerda, ten�a una charla y fue lo primero de lo que presumi�: Todo este proceso de parada y arranque no hab�a conllevado peligro f�sico para las personas". "Eso es lo fundamental, lo primero que valoras y lo que m�s tranquilo te deja", incide.
A nivel m�s sectorial, tambi�n saca pecho por la respuesta de la industria a las paradas, que "en general funcion� bien. "Aqu� todos est�n preparados con sus equipos electr�genos, con su combustible", explica, que les permite mantener el funcionamiento sin que los equipos sufran demasiado. Al ser un sector que da servicio de respuesta activa de la demanda -es decir, que pueden reducir su consumo si hay un pico de demanda para que el sistema no se desestabilice-, tienen cierta experiencia en lo que supone paralizar la actividad.
El �nico pero, explica Gonz�lez, fue que, al ser industrias delicadas, la recuperaci�n fue compleja. En un horno, por ejemplo, parar la actividad interrumpe el proceso a la mitad, por lo que se solidifican materiales que todav�a no est�n preparados y se pueden atascar piezas o romperse equipos el�ctricos. "El arranque es m�s complicado", reconoce el directivo, porque debe limpiarse toda la cadena y la actividad se recupera "de forma secuencial, vas pasito a pasito". "Siendo un proceso autom�tico, es bastante manual, en el sentido de que hay que ir haciendo prueba y error hasta que est� plenamente acoplado", ilustra. As�, hubo casos en los que hasta 48 horas despu�s no se pudo recuperar la actividad y el plazo fue mayor si se rompieron piezas para las que no hab�a repuesto. El resumen de Gonz�lez de ese 28 de abril es el de muchos: "Ese d�a pas� de todo".
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