
De la Fuente da instrucciones a sus jugadores.AP Photo/Mike Stewart
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El esperado baño de goles fue un baño de realidad para España, que conserva los nombres pero no las piernas. Las más importantes, las de Lamine Yamal y Nico Williams, los futbolistas diferencias en la Eurocopa conquistada hace dos años como mascarón de proa de una España vertical, mortal en las transiciones. La que se enfrentó a Cabo Verde era otra, la que resucita a los fantasmas del pasado, la que cayó en Rusia contra los locales o en Qatar frente a Marruecos, la España del parabrisas, como decían quienes denostaban el juego de posesión. Hoy tienen toda la razón, porque la posesión llevada al absurdo es un parabrisas. La salida de Lamine y de Nico, que no estaba en la hoja de ruta, no fue únicamente una urgencia, fue un síntoma de debilidad.
Las piernas de otros que jugaron tampoco son las mismas. Las de Rodri, por ejemplo, lento, con más pérdidas de las habituales. Tampoco las de Laporte, ni las de Gavi, inoperante en la banda izquierda, aunque de eso también hay que pedir explicaciones al entrenador. No es extraño después del regreso de lesiones o de temporadas irregulares.
Luis de la Fuente ha mantenido al grupo ganador, a los suyos, porque tiene un colectivo cohesionado, pero ha arriesgado con los estados de forma. En un torneo corto y exigente como el Mundial son capitales. El razonamiento del técnico es que había tiempo para recuperar a los futbolistas, dado que el arranque era asequible. El primer partido ha hecho con la teoría lo mismo que De la Fuente con su corbata: al suelo.
El empate compromete a la selección y va a obligar a De la Fuente a tomar decisiones, porque Arabia, el siguiente rival, no es Cabo Verde. Que se lo pregunten a Messi. También va a obligar al seleccionador a convivir con una presión que hasta ahora no ha conocido, prácticamente siempre con el viento a favor en el campo, salvo por los aplausos a Rubiales en el inicio de su etapa.
Cabo Verde no es Suiza, ante la que España perdió en Sudáfrica, ni Rusia o Marruecos. Ni siquiera la Honduras del 82. En el puesto 67 del ránking FIFA, Cabo Verde pertenece a ese Tercer Mundo del fútbol al que Gianni Infantino ha dado entrada en este Mundial de los mil partidos. Una decisión muy criticada, pero a la que España, con la boca de favoritismo, ha dado sentido. Gane o no el Mundial, suya es la primera sorpresa del torneo.




























