Ciudad abierta

El 'president' Salvador Illa junto a Jordi Pujol en una reuni�n que mantuvieron en septiembre de 2024Araba Press
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Hace diez a�os a�n pod�amos creer que la regeneraci�n progresaba adecuadamente. El 3 de mayo de 2016 se disolv�an las Cortes despu�s de que las primeras elecciones del cambio dieran pie a una legislatura inoperante. El multipartidismo ya era una realidad en el Congreso -Iglesias y Rivera lideraban nutridos grupos parlamentarios-, pero esto solo se hab�a traducido en par�lisis y en vetos cruzados. Sin embargo, a�n se pod�a ser optimista. Las grandes transformaciones no cristalizan de un d�a para otro, y el panorama seguramente se aclarar�a tras unos nuevos comicios. Lo que estaba claro era que la ciudadan�a exig�a cambios profundos, y que muchos vicios de la vieja pol�tica ten�an los d�as contados.
Roberto Benito escrib�a ayer sobre la cruel refutaci�n de aquellas ilusiones que est� suponiendo el juicio del caso Mascarillas. Diez a�os despu�s, los rostros de �balos y Koldo en el Supremo recuerdan hasta qu� punto los peores aspectos del sistema sobrevivieron a la apoteosis regeneracionista. El contrapunto con el juicio de la Kitchen tambi�n es deprimente: si bien las acusaciones que se dirimen en �l son muy graves, los hechos investigados forman parte de todo aquello contra lo que se reaccionaba en 2015 y 2016. �balos, en cambio, perteneci� a un Gobierno que alcanz� el poder prometiendo limpieza. Ahora entendemos que aquello no fue un nuevo hito del impulso regenerador; m�s bien supuso su acta de defunci�n.
Por desgracia, este no es el �nico recordatorio amargo que arroja la actualidad judicial. La exclusi�n de Jordi Pujol del juicio por la fortuna oculta de su familia -la Audiencia Nacional ha considerado que el ex presidente de la Generalitat, de 95 a�os, debe quedar fuera del procedimiento por su �deterioro cognitivo�- expone algunas de las disfunciones que el impulso regenerador no corrigi�. En primer lugar, por la incomprensible demora en que el caso llegara a juicio -la instrucci�n qued� cerrada en julio de 2020-. En segundo lugar, porque este se produce cuando ya ha habido una notable rehabilitaci�n de la figura de Pujol, mediante un discurso que sostiene que los graves indicios de corrupci�n institucional no deber�an opacar sus presuntos logros pol�ticos. Un marco que, como ha venido se�alando I�aki Ellakur�a, no ha partido �nicamente de sus herederos dentro del nacionalismo, sino que tambi�n ha contado con la colaboraci�n de Illa y el PSC.
Pero el simbolismo del caso Pujol va m�s all� de mostrar la resistencia del marco nacionalista, o la superlativa elasticidad moral de este PSOE. Recordemos que la primera confesi�n de Pujol sobre la fortuna en Andorra se produjo en 2014, y que reafirm� la impresi�n de que todo un sistema de miserias, silencios y complicidades llegaba a su fin. Un sistema que implicaba a los dos grandes partidos, pero tambi�n a otros actores fundamentales de las primeras d�cadas de la democracia. El pujolismo formaba parte de esa vieja pol�tica cuyos vicios se buscaba desterrar. Y sin embargo. Diez a�os despu�s, lo �nico que parece definitivamente desterrado es el regeneracionismo.
























