






















Un chivatazo de Clipper prendi� la mecha y, en menos de 24 horas, una unidad de la Guardia Civil se present� en un local del pol�gono Cobo Calleja. All� encontraron encendedores de la citada marca, pilas Panasonic, librillos OCB, juguetes de Marvel, cartas de Pok�mon con los bl�steres abiertos y merchandising de Nike y Adidas. Un bodeg�n digno de la habitaci�n de un adolescente, de no ser porque, seg�n la Benem�rita, inventariaron m�s de 300.000 de estos art�culos, presuntamente falsificados.
Unos hechos juzgados esta semana por la Audiencia Provincial de Madrid y por los que un hombre de origen chino se enfrenta a dos a�os de prisi�n y a tener que pagar m�s de 310.000 euros en concepto de sanciones y compensaci�n a las marcas afectadas. Mientras tanto, la defensa sostiene que, cuando se produjo la entrada del Instituto Armado en el establecimiento, este se encontraba arrendado por una compatriota del acusado; que �l ni siquiera hab�a tomado posesi�n y que su empresa se hab�a constituido ese mismo d�a.
El origen de estos hechos se remonta a hace casi cuatro a�os, concretamente al 14 de septiembre de 2022. Ese d�a, la marca Flamagas –titular de los mecheros Clipper– remite un correo alertando de la comercializaci�n de mecheros falsos en el establecimiento del citado pol�gono. Cuando los agentes irrumpieron el d�a 15 se encontraron el establecimiento abierto al p�blico en el que �nicamente hab�a dos mujeres que dec�an no tener nada que ver con el negocio y estar all�, literalmente, �de prestado� (llegando a emplear la palabra inglesa borrowed) porque �un amigo� les hab�a dejado.
As� lo contaron ante las preguntas de la Fiscal�a y de los abogados de las marcas personadas durante un proceso en el que la barrera del idioma jug� un papel notable: el presidente de la sala pidi� a los letrados usar un lenguaje sencillo al interrogar a las testigos para que pudieran entenderles y el acusado, que precis� de int�rprete, lleg� a ser eventualmente interpelado como se�or �Xiaomi�, a causa de la similitud de parte de su nombre con la marca de tecnolog�a.
La escena que describen los agentes es la de un local de dos plantas con un aparente uso mixto: el piso superior parec�a funcionar como almac�n y rudimentario taller manufacturero, mientras que la planta inferior operaba como tienda de venta al p�blico �al por menor y al por mayor�. Esta deducci�n se apoya en la presencia de estanter�as met�licas negras, productos ordenados, pegatinas con precios de venta al p�blico y un mostrador. �Seg�n entrabas (en la planta baja) las estanter�as estaban muy bien ordenadas�, relat� uno de los guardias civiles. Sin embargo, reconoce que no hab�a clientes (solo las dos mujeres que estaban en mesas con ordenadores y lo atribuye a que, en ese momento, eran alrededor de las diez de la ma�ana.
Lo que empieza como una inspecci�n puntual sobre la venta de mecheros falsos deriva as� en una actuaci�n m�s amplia. Los agentes localizan pal�s de pilas que �daban much�sima sospecha de que no eran reales�, bl�steres abiertos de cartas Pok�mon, embalajes sin referencias legales y productos desmontados, entre otros indicios. En una mesa, describen adem�s que hab�a una impresora y etiquetas adhesivas con las siglas de precio de venta al p�blico.
Mientras tanto, la planta superior operaba como un almac�n di�fano donde parte del material aparece separado: por un lado, las cartas Pok�mon; por otro, los envoltorios y bl�steres. �Para conformar el paquete o el producto�, explic� otro agente durante el juicio. Es decir, que en la planta de arriba el acusado habr�a estado elaborando sus propios lotes de cartas Pok�mon falsas, combinando sobres y cromos. Asimismo, los agentes sostienen que hac�a lo mismo con las pilas, que supuestamente compraba sin marca y a las que posteriormente a�ad�a �l mismo las etiquetas.
La intervenci�n alcanza cifras abultadas: m�s de 55.000 encendedores Clipper (cuyos representantes legales ped�an al acusado 80.000 euros), alrededor de 230.000 librillos de papel de fumar OCB (que le reclamaban algo m�s de 200.000 euros), casi 3.000 peque�os art�culos de Nike y Adidas, juguetes de Patrulla Canina y Marvel y cartas Pok�mon, propiedad de Nintendo, que, pese a reclamar al imputado tan solo 1.005 euros, jug� uno de los papeles m�s activos en el proceso.
Sin embargo, la presencia del gigante japon�s del entretenimiento se enmarca dentro de una celosa estrategia de defensa de su propiedad intelectual, que le ha llevado a acudir a tribunales en distintas jurisdicciones de todo el mundo, incluso contra proyectos sin �nimo de lucro promovidos por fans de sus consolas y universos narrativos.
Mientras tanto, la defensa del acusado lleg� a dejar entrever que se hab�a producido alg�n tipo de encerrona (o un desagradable malentendido, en el mejor de los casos).Esta versi�n se apoya en recibos de que el alquiler del local lo estaba pagando otra persona –una ciudadana china que, seg�n la Guardia Civil, llevaba dos a�os en su pa�s–; que los productos ya se encontraban all� y eran del anterior poseedor; y que la empresa vinculada a la actividad comercial del acusado se constituy� en el Registro Mercantil el mismo d�a en que la Guardia Civil allan� el establecimiento.
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