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De la distopía a la realidad cotidiana. Reeditada en 2020 con prólogo de Laura Fernández con motivo del centenario de su autor, en su día, esta novela escrita por Ray Bradbury en 1953 entraba dentro de la categoría de las distopías. Esos futuros lejanos en los que la sociedad se ha convertido en un lugar hostil y alienado. Les recomiendo encarecidamente leer esta novela y echarse a temblar, porque lo que en los años 50 se consideraba distopía hoy, en 2026, es una realidad completamente normalizada...
Bradbury nos presenta un mundo bajo la constante amenaza de un peligro mudo, impronunciable, una posible guerra que jamás acaba de estallar. Un futuro donde nuestra mayor compañía son personajes virtuales a los que llamamos familia, donde la única forma de soportar el día a día es a través de pastillas, donde la memoria deja de existir, donde nos aislamos a través de auriculares inalámbricos (por ahora les suena ¿verdad?) y donde el trabajo de los bomberos es quemar libros... Esto último podría parecernos diferente a lo que pasa hoy en día, pero si lo pensamos un poco... ¿es tan diferente?
Tal vez no quememos los libros, pero, al igual que en la novela, los estamos extinguiendo, convirtiéndolos en objetos de decoración... El conocimiento, como en la novela, ya no reside en los libros sino que lo buscamos en internet, o en el peor de los casos, dejamos que nos lo suministre una inteligencia artificial. Fahrenheit 451, que es la temperatura a la que arde el papel, nos invita a acompañar a uno de esos bomberos dedicados a quemar libros pero que un día decide leer uno de ellos... y su vida, y su percepción del mundo, cambiará para siempre.

Un mundo injusto con ecos en nuestro presente. Por alusiones, no puedo sino recordar la gigantesca Los santos inocentes, probablemente una de las mejores novelas españolas del siglo XX. Y me quedo corto al situarlo geográficamente en España, porque Miguel Delibes es uno de los grandes. Cuando te encuentras con una novela tan perfecta y que además dentro del imaginario colectivo tiene tanta presencia, por la película también, te tiemblan las piernas al adaptarla al teatro, pero tuve, como decía, la impagable ayuda de Fernando Marías.
Además, Delibes es un gran aliado siempre, porque es un gran compositor de personajes y al final las obras de teatro tienen que ver con los personajes y los conflictos de los personajes. Los santos inocentes tiene aspectos mucho más terroríficos que cualquier novela de terror, pues es el terror de la vida cotidiana, de un mundo gobernado por la injusticia y por la opresión. Un mundo en el que todavía vivimos, igual no de una forma tan visible como lo muestra Delibes en este libro de 1981, pero ahí siguen la desigualdad social y la diferencia entre el que tiene y el que no tiene, y el que somete y el sometido, están a la orden del día. En definitiva, nos habla de una sociedad que debería asustarnos y sobre la que debería reflexionar.

Un viaje al infierno de las adicciones.Arde este libro es la última novela del fallecido escritor bilbaíno Fernando Marías, en la que nos relata su gran historia de amor, o mejor dicho su gran tragedia de amor. «Te incineraron con una novela mía entre las manos, por eso escribo este libro». Esas son las palabras con las que comienza un libro que es un viaje al infierno de las adicciones y de los problemas de salud mental.
Marías nos abre las puertas de su vida y de su alma, para desde su voz honesta y profunda, ajustar cuentas consigo mismo y con la vida. Nos permite acompañarle en un último intento de redención y expiación y lo hace con toda la belleza de lo real. Para mí es un libro imprescindible, no sólo por la inmensa calidad literaria que atesora, sino por la generosidad y la valentía con la que el autor se nos descubre para que, a través de sus errores y demonios, podamos descubrir los nuestros.
Conocí a Fernando cuando hicimos juntos la versión teatral de Los santos inocentes que no pudo ver estrenada, y jamás olvidaré lo que me dijo la última vez que nos vimos. Ante mi pregunta de cómo iba la publicación del libro, él me contestó: «Cuando abres la puerta a los fantasmas, los fantasmas entran». Si ustedes me hacen caso y leen este último libro de Fernando, comprenderán de lo que me hablaba. Arde este libro no será una lectura cómoda, pero les aseguro de que los acompañará toda la vida.
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