




























La mentira tiene muy mala prensa. Ya antes de que nadie mencionara la muy satanizada palabra "bulo", la mism�sima y agustiniana teolog�a moral carg� contra ella por considerarla, adem�s de pecado, una forma de expresi�n contraria al propio pensamiento con la voluntad de enga�ar. Y, sin embargo, y como mantiene ufano Pierre Salvadori, de profesi�n director de cine, merced a su variante m�s celebrada, la iron�a dram�tica, el espectador acaba por enterarse de cosas que los propios protagonistas de una historia o pel�cula ignoran. Hecho �ste que aporta ritmo y algo de misterio a cualquier trama. Adem�s, un mentiroso en su desesperaci�n es capaz de cualquier cosa, de cualquier excusa y de sabe dios qu� suicidio. Es decir, un mentiroso, salvados los primeros escr�pulos morales, resulta fascinante.
Fiel a la tradici�n, el Festival de Cannessin embargo, no minti� y dio por inaugurada la edici�n n�mero 79 con una pel�cula que esta misma semana se ver� en los cines de Francia. Esta antigua concesi�n a los exhibidores y productores franceses --justificada por aquello de hacer part�cipe al p�blico general de un acontecimiento como �ste-- ha terminado por reducir la n�mina de pel�culas susceptibles de tan alto honor de manera casi dram�tica. Y un poco c�mica incluso. Y as� a�o tras a�o, una producci�n francesa, que no de ning�n otro lugar, se encarga de abrir el certamen. Las consecuencias sin ser tr�gicas, tampoco acostumbran a ser agradables. La peor pel�cula, justo al principio. Pues bien, sorpresa, no es el caso de La V�nus �lectrique y su reivindicaci�n entusiasmada de, en efecto, el embuste. Al fin y al cabo, no todo es bulo. Hay mentiras piadosas, dobles sentidos con gracia, iron�as liberadoras y hasta algo sarcasmo en la defensa de los males menores como remedio a la, demasiadas veces, crueldad de la verdad. Y Salvadori, con una filmograf�a entera pendiente de las patra�as que sanan, tiene en este su �ltimo trabajo su mejor y m�s brillante comedia mentirosa.
Se cuenta la historia de un pintor all� en el Par�s de los a�os 20 desesperado e incapaz de pintar como antes. Su mujer, que m�s que musa fue maestra, muri� y �l se culpa porque la enga�� como solo enga�an los franceses de las pel�culas. Se acost� con otra. Decidido a cumplir penitencia, se pone en contacto con una vidente por aquello de establecer contacto con el esp�ritu de la amada y solicitar perd�n. Lo que ocurre es que la m�dium, de por s� un trabajo poco sospechoso de honestidad, ni siquiera es tal; es una feriante que, a su vez, enga�a a los ingenuos con lo que llama un beso el�ctrico. Tal cual. Pero como sea que la mentira es rentable para todos, embuste sobre embuste, aqu� nada es ni remotamente lo que parece. Es m�s, ni siquiera parece lo que es. Gracias al enga�o, el artista recupera la inspiraci�n, su marchante se hace rico, la falsa-m�dium descubre algo parecido a la pasi�n... �Y si la mentira acabara por ser lo �nico verdaderamente interesante? Y as�, manipulaci�n por manipulaci�n, lo que en principio se antoja el m�s disparatado de los enga�os acaba por ser una comedia con ritmo, libre de prejuicios, lo contrario a sofisticada y tan boba que no queda otra que dejarse llevar.
Sobre una idea con el pedigr� de dos cineastas consumados como Robin Campillo y Rebecca Zlotowski, Salvadori construye una farsa tan calculada como ligera; tan efectiva como directa y en�rgica. No es, para entendernos, lo que se dice una pel�cula propia de un festival, pero una excepci�n de tanto en tanto no molesta a nadie. La cinta est� toda ella construida en dos tiempos. De un lado, lo que le suced�a a nuestro artista cuando conoci� a su amada ya difunta. Aqu� la carga de la prueba recae en los actores Pio Marma� y Vimala Pons. Sabemos de este pasado porque la mentirosa vidente encuentra el diario donde la finada dej� constancia de todo. Del otro, ya en el presente de 1928, se encontrar�an los enredos que las sesiones de espiritismo provocan en las vidas de los personajes del citado Marma�, del omnipresente Gilles Lellouche y de, la m�s brillante de todos y todas, Ana�s Demoustier, la m�dium que no lo es.
El director tropieza sin rubor en la complicada estructura que plantea con una puesta en escena esencialmente tosca, pero poco importa. La idea original, secundada por una direcci�n de arte muy del gusto del Par�s m�tico inventado por Jean-Pierre Jeunet, es tan potente, graciosa, rid�cula y, en efecto, embustera que cualquier cr�tica es r�pidamente lapidada. Se dir�a incluso que La V�nus �lectrique es ella misma una gran mentira, que parece una buena pel�cula sin ser nada m�s que otra inauguraci�n de Cannes que olvidar cuanto antes. Pero tampoco conviene hacer sangre. Hay mentiras que, de puro piadosas, son hasta preferibles a la siempre imp�a verdad. No es bulo, es comedia.
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