
























El primer ministro brit�nico, el laborista Keir Starmer, segu�a resistiendo este martes la creciente rebeli�n de su partido con la ayuda de su tenacidad ("el pa�s espera que gobernemos", dijo, en respuesta a quienes piden su dimisi�n), de buena parte de sus correligionarios (incluyendo a m�s de 100 parlamentarios, que firmaron una carta apoyando su continuidad en el Gobierno) y de los mercados financieros.
Porque la City, que es el centro financiero de Londres, estaba muy nerviosa ante la posibilidad de una salida del poder de Starmer, que tambi�n le costar�a el cargo de ministra de finanzas a Rachel Reeves, responsable de un dr�stico ajuste fiscal que ha salvado las finanzas p�blicas brit�nicas, que son m�s vulnerables que las francesas porque el pa�s est� fuera de la UE.
As�, la deuda p�blica brit�nica, que ya ha roto los niveles de tensi�n de la primera ministra conservadora Liz Truss -apodada "la lechuga" porque dur� menos que esa verdura fuera del congelador-, sigui� subiendo y el bono a 30 a�os alcanz� los niveles de mayo de 1998, cuando el ministro de Sanidad y, por el momento, uno de los principales candidatos a suceder a Starmer ten�a 15 a�os. Como explicaba esta tarde a EL MUNDO Reinout De Bock, director de Tipos de Inter�s para Europa del gigante de la banca suiza UBS, "llev�bamos dici�ndoles meses a los clientes que no entraran en deuda brit�nica a 10 a�os porque [el mercado] estaba infravalorando el riesgo pol�tico". Ahora, el riesgo y la crisis pol�tica han estallado.
Los mercados financieros no quieren que Starmer se vaya. Ni siquiera el presidente del mayor banco de Estados Unidos, JP Morgan, Jamie Dimon, que este martes calific� al primer ministro de "un tipo muy listo". El mayor problema para el jefe del Gobierno, sin embargo, es que todo parece sugerir que los votantes s� quieren que se vaya. Y contra eso su margen de acci�n es m�s limitado que el de Reeves con la renta fija.
A lo largo de toda la jornada de hoy martes, el Partido Laborista se iba dividiendo en dos facciones: pro y anti Starmer. A falta de cifras precisas, a �ltima hora de la tarde se daba por hecho que el n�mero de parlamentarios que hab�an pedido la dimisi�n del primer ministro exced�a el n�mero m�gico de 81, el m�nimo necesario para presentar un candidato alternativo a la jefatura del Gobierno.
Pero no hab�an ofrecido una alternativa al primer ministro. Eso indica que quieren una retirada pactada de Starmer, posiblemente para evitar una guerra civil. Porque, aparte, hay m�s de 100 diputados que han firmado una carta pidiendo al primer ministro que se quede. Con lo cual, la soluci�n de la crisis no parece nada clara. As� que, al menos en teor�a, Downing Street, donde est� la residencia del jefe del Gobierno, no ten�a de qu� preocuparse. Como remarc� un portavoz de Starmer: "El partido Laborista tiene un mecanismo para desafiar al l�der que no se ha activado todav�a".
Cuatro ministros hab�an dimitido, aunque eso, en s� mismo, no es tan relevante en un pa�s en el Gobierno est� formado por m�s de 120 personas y se extiende mucho m�s all� de los jefes de departamentos ministeriales. Y una serie de pesos pesados hab�an filtrado que estaban a favor de que Starmer, m�s que dimitir inmediatamente, anuncie una fecha para su dimisi�n. Entre ellos estaban la ministra de Asuntos Exteriores, Yvette Cooper, y la del Interior, Shabana Mahmood. Esta �ltima, parad�jicamente, hab�a sido puesta en esa posici�n por Starmer en septiembre debido a su dura pol�tica en relaci�n a la inmigraci�n, con la que el primer ministro esperaba contrarrestar las cr�ticas de Reform UK, el partido ultranacionalista y populista cuyo auge imparable ha puesto a Starmer con un pie en la dimisi�n.
Nada de eso afect� a Starmer, que declar� en la apertura de la reuni�n del gabinete de este martes por la ma�ana que "como indiqu� ayer [lunes], acepto la responsabilidad de los resultados electorales y asumo la responsabilidad de conseguir el cambio que prometimos". El primer ministro convoca todos los martes a los miembros de su gabinete, pero en la reuni�n de esta ma�ana estaba en juego su propio futuro como l�der del Partido Laborista y del Gobierno.
Desde su trinchera de Downing Street, Starmer ret� a ministros y al resto del grupo parlamentario a activar el mecanismo oficial de cambio de liderazgo, mientras alertaba de las consecuencias econ�micas del golpe interno y de una prolongada desestabilizaci�n del Gobierno, las mismas que preocupan a los inversores en bonos de la City y a Jamie Dimon.
Seg�n el diario Financial Times, ninguno de sus colaboradores alz� la voz para pedir la salida del primer ministro despu�s del desaf�o que este lanz� al inicio de la reuni�n del gabinete, que pas� a continuaci�n a centrarse en el impacto econ�mico de la guerra de Ir�n, ante la que el Reino Unido es muy vulnerable, ya que es importador neto de energ�a y, adem�s, no est� integrado en el euro, que act�a como colch�n en este tipo de crisis.
Ninguno de los ministros presentes en la reuni�n se plantea dimitir. Ni siquiera Mahmood, posiblemente quien m�s ha maquinado contra Starmer, ni Streeting, quien m�s abiertamente aspira a sucederle. As�, la crisis contin�a sin un desenlace claro. Starmer est� metido en un laberinto. Pero parece que ni �l sabe salir de �l ni nadie se atreve a entrar a sacarlo. Por el momento, ninguna de las dos facciones est� preparada para dar un golpe sobre la mesa. La cautela de Starmer se ha extendido a todo el Partido Laborista.
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