De Guindos sale de Fráncfort el viernes y no habrá españoles en la selecta ejecutiva del Banco Central Europeo. El presidente está políticamente débil en la UE para recobrar la plaza

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el gobernador del Banco de España, José Luis Escrivá
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El vicepresidente del Banco Central Europeo, Luis de Guindos, cierra este viernes ocho años de mandato. Mudanza y fin de etapa en Fráncfort sin intención de regresar a la política, aunque mantiene buena relación con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo. Lo sustituye Boris Vuji en un éxito negociador del Gobierno croata, que se estrena en el comité ejecutivo del BCE y ya no hay posibilidad de que un español vuelva a sentarse en el selecto comité ejecutivo de la principal institución económica de la Eurozona hasta el próximo año en el mejor escenario.
Hay que tener mucha influencia en la UE para conseguir que a un vicepresidente le sustituya otro de la misma nacionalidad, pero el Gobierno de Pedro Sánchez no se ha asegurado, a cambio, alguna garantía de que obtendrá silla futura. En 2027 quedan vacantes tres plazas: la de la presidenta, Christine Lagarde, la del economista jefe, el irlandés Philip Lane y la de la consejera alemana Isabel Schnabel. El canciller alemán, Friedrich Merz, y el presidente francés, Emmanuel Macron, cerrarán probablemente un acuerdo para asegurarse dos sillas de las tres en el Consejo Europeo de este mes de diciembre, a más tardar. La perspectiva es que Francia, que ha ostentado la presidencia, la ceda a Alemania, que nunca la ha logrado. A cambio, Berlín cedería el cargo de economista jefe a la persona que designe París. Lo previsible es que el reparto de los tres puestos se cierre a la vez este mismo año y quedaría para el resto de países sólo la plaza de Schnabel, porque otros consejeros, el italiano Piero Cipollone y el holandés Frank Elderson aún no rotarán en 2027. Por tanto, solo una silla para una lluvia de peticiones de países nórdicos y del Este que nunca han logrado un puesto en la ejecutiva a los que tendría que hacer frente un Gobierno español muy debilitado, si, por los tiempos, corresponde la negociación al actual.
Pedro Sánchez ocupa actualmente una posición muy débil en un Consejo Europeo con mayoría de dirigentes del Partido Popular Europeo hostiles a su forma de gestionar las provocaciones de Donald Trump. Sí ha tenido la suerte de que medios como Financial Times dan bazas a un español, el presidente del BIS, Pablo Hernández de Cos, como incluso futuro presidente del BCE. Eso le ha permitido generar expectativa de que un español volverá pronto al selecto comité ejecutivo del banco, compuesto por solo seis personas, pero fuentes gubernamentales admiten que no hay garantía por ahora. Sánchez carece además de peso actualmente como para lograr para España el cargo de Lagarde.
El líder del PSOE ha mostrado además que no suele apoyar para ningún cargo a quien no sea de su cuerda -de hecho intentó boicotear a De Guindos desde la oposición en 2018- y Hernández de Cos no es de los suyos. Éste fue desautorizado repetidas veces en su etapa de gobernador del Banco de España por Nadia Calviño y José Luis Escrivá cuando eran ministros. Sin embargo, el ministro de Presidencia, Félix Bolaños, es partidario de jugar su baza, y el vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, lo ha incluido públicamente entre los nombres que podría respaldar el actual Gobierno, sin ocultar que baraja otras. Una de ellas es el actual gobernador, José Luis Escrivá, al que le ha venido mal que el auto sobre la trama de Zapatero le salpique por supuesto trato de favor de la Seguridad Social a Plus Ultra, aunque en su entorno niegan irregularidades.
Mientras, el hecho es que a partir del 1 de junio, arranca la segunda exclusión de España de la ejecutiva en los 28 años de historia del BCE. Bajo el mandato de José María Aznar en el gobierno siempre hubo un español. Arrancó con el euro, Eugenio Domingo Solans y fue sustituido en 2004 por José Manuel González Páramo. Se decía entonces que había una regla no escrita por la cual, de los seis puestos, siempre habría cuatro nacionales de las cuatro grandes economías de la Eurozona: Alemania, Francia, Italia y España. El Gobierno español contaba además con la indudable baza de un sector bancario más potente que el resto. Sin embargo, en 2012 no hubo español, sino el luxemburgués Yves Mersch, y el Gobierno de Rajoy y el PSOE se culparon mutuamente del vacío. Los socialistas acusaron al entonces líder del PP de pérdida de influencia y éste, de que su antecesor Zapatero no había hecho a tiempo los deberes. Rajoy tuvo que esperar seis años para poder colocar a De Guindos, aunque logró el trofeo de la vicepresidencia. El salvavidas lanzado por el BCE a países como España en la pandemia, comprando toda su emisión de deuda, mostró cómo es de vital tener peso en esta institución ¿Cuántos años habrá que esperar ahora? Gran desafío para el actual Gobierno... o para el siguiente.


























