La Pen�ltima
Una de las cosas m�s estimulantes en el cine espa�ol contempor�neo es esta nueva hornada de directoras que, aunque les pese a ciertos se�ores, est� encontrando lenguajes y miradas nuevas para narrar las violencias de siempre.

Kiara Arancibia en un momento de La buena hija.
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Hay pel�culas de las que se sale removida, como si en vez de ir al cine hubieras estado dentro de un programa de centrifugado y ahora tuvieras que secarte. Suerte cuando eso pasa. Suerte con lo de intentar secarse, porque es posible que te quedes un tiempo empapada de emoci�n. Es lo que me ha pasado a m� con La buena hija, dirigida y coescrita por J�lia de Paz Solvas y N�ria Dunj�, una pel�cula que pone en el centro la violencia machista y vicaria, pero con la particularidad de hacerlo desde los ojos de una adolescente. La vi hace una semana y todav�a no he conseguido salir de la energ�a poderos�sima de la cinta.
La violencia mirada desde los ojos de una adolescente es un terreno de claroscuros. Un lugar terrible y a la vez fascinante para explorar, porque todo lo que se aprende cuando somos adultas, en la adolescencia todav�a no tiene lenguaje. �Qu� significa que tu padre sea un maltratador? �c�mo ser la hija de un monstruo que contigo tambi�n tiene ternura? Y, quiz� la pregunta m�s dif�cil, �es posible seguir queriendo a alguien as�?
J�lia de Paz Solvas explora todas estas aristas en una pel�cula que tambi�n es hermana de la serie Querer (y esto no sorprende en absoluto, porque Paz Solvas coescribi� Querer). Pero si una de las cosas m�s interesantes de Querer, era justo la brecha en la familia y c�mo cada hijo se pon�a del lado de un progenitor, aqu� lo m�s interesante es que esa brecha habita en el interior de un �nico personaje (maravillosamente interpretado por Kiara Arancibia) que se debate todo el rato entre proteger a su madre maltratada y amar a su padre maltratador.
La pel�cula te lleva a todos los extremos posibles. Ansiedad, llanto, ternura, derrota. Aparte del acierto de acercar la c�mara al personaje de la adolescente, est� tambi�n el acierto de mostrar la violencia de una manera sutil, nada expl�cita, para que el espectador imagine al monstruo que tambi�n tiene que imaginar la hija.
A m� me parece que todas las ficciones sobre el maltrato son pocas hasta que no logremos reconocer todas sus formas y sus expresiones, hasta que no consigamos erradicar los gestos de violencia aprendidos y hasta que no tengamos la reflexi�n que nos toca como sociedad. Mientras tanto, quiz� una de las cosas m�s estimulantes en el cine espa�ol contempor�neo sea esta nueva hornada de directoras que, aunque les pese a ciertos se�ores, est� encontrando lenguajes y miradas nuevas para narrar las violencias de siempre. Para narrarnos a nosotras y, sobre todo, para narrar nuestra salvaci�n.




























