



























El crucero MV Hondiuis afectado por el brote de hantavirus desembarcará en las Islas Canarias esta semana, en tres o cuatro días. El Ministerio de Sanidad, tras reunirse con la Organización Mundial de la Salud (OMS), comunicó ayer que acataban la decisión de acoger a la embarcación en cumplimiento del Derecho Internacional y el espíritu humanitario.
La OMS ha explicado que Cabo Verde no puede realizar esta operación y las Islas Canarias son el lugar más próximo con las capacidades necesarias. «España tiene una obligación moral y legal de auxiliar a estas personas, entre las que se encuentran además varios ciudadanos españoles», dijo el Gobierno en un comunicado. Lo harán en coordinación con la Unión Europea. El Gobierno dará a conocer los detalles de este protocolo tan pronto como sean definidos por OMS y el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC). Además, informará puntualmente sobre su implementación.
El Gobierno también ha aceptado la petición del Gobierno de Países Bajos para acoger al médico del MV Hondius, que se encuentra en situación grave, y que fue trasportado a Canarias en un avión hospitalizado ayer por la noche.
Durante toda la jornada se especuló con la llegada del barco a suelo español, pero a mediodía se despejó la incógnita: se tomaría la decisión «en función de los datos epidemiológicos». El buque, al cierre de esta edición, continúa fondeado en Cabo Verde. Allí recibió ayer por la tarde a un equipo de epidemiólogos de la OMS para evaluar y determinar las acciones a seguir.
El ECDC está realizando un examen exhaustivo del barco para determinar qué personas deben ser evacuadas de urgencia en la propia Cabo Verde. El resto seguirán rumbo Canarias, donde esperan arribar en el plazo de tres o cuatro días. El puerto del archipiélago en el concreto aún no ha sido definido, ha informado Sanidad. Una vez allí, tripulación y pasajeros serán convenientemente examinados, atendidos y trasladados a sus correspondientes países.
El proceso será articulado mediante un protocolo común de manejo de casos y contactos elaborado por la OMS y el ECDC, y contará con todas las garantías de seguridad necesarias. Tanto la atención médica como los traslados se realizarán en espacios y transportes especiales habilitados ad hoc para esta situación, evitando todo contacto con la población local y velando en todo momento por la seguridad del personal sanitario.
Antes, se procederá a la evacuación de los casos sospechosos que permanecen a bordo en aviones medicalizados a unidades de alto aislamiento para su tratamiento. Los dos casos sintomáticos serán evacuados a los Países Bajos desde Cabo Verde. El contacto de alto riesgo será puesto en cuarentena en Alemania, informó el departamento de Mónica García.
La Consejería de Sanidad de Canarias ha confirmado que, desde el lunes, el Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) y la propia Consejería contemplaban la posibilidad de que el barco se dirigiese a Canarias. Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES) del Ministerio de Sanidad destacó ayer que «afortunadamente, en Canarias existe una unidad de tratamiento de alto nivel para pacientes infecciosos de riesgo».
Hasta el momento, el parte de afectados en el brote asciende a ocho: tres fallecidos, dos casos trasladados con síntomas a Sudáfrica, dos contagios sospechosos y un contacto de alto riesgo que van a trasladar. Mar Faraco, jefa del Servicio de Sanidad Exterior en Huelva, incide en que «hay que aplicar unos protocolos de control de los casos y de los posibles contactos». Esto es crucial por la singularidad del brote originado por esta cepa de hantavirus que, por lo general, «se trata de una infección que es muy difícil que se contagie de persona a persona. Hay muy pocos casos documentados», cuenta la también secretaria de la Asociación de Médicos de Sanidad Exterior (AMSE).
"Lo ideal sería desembarcar con precaución, con aislamiento, con ambulancias especialmente preparadas y equipos de protección"
Mar Faraco, jefa del Servicio de Sanidad Exterior en Huelva
Faraco detalla cómo debería hacerse este trabajo: «Lo ideal sería desembarcar con precaución, con aislamiento, con ambulancias especialmente preparadas y equipos de protección, a los enfermos o sospechosos porque tengan síntomas, aunque sea simplemente un poco de tos o un poco de fiebre».
Después, habría que observar al resto del pasaje y tripulantes que podrían ser considerados contactos. «Hay que estudiar si han permanecido muy cercanos o no a los casos más graves y se debe valorar si alguno ha tenido un contacto muy estrecho, como compartir el mismo camarote o pasar mucho tiempo juntos; podría evaluarse también una cierta cuarentena».
Para el resto, si han sido contactos más bien casuales y no tienen síntomas, «lo que hay que hacer es que cada uno se vaya a su casa en un medio de transporte normal y vigile los síntomas. Si surge un poco de fiebre -se evaluaría la toma de temperatura por la mañana y por la noche- y si aparece algún síntoma, se debería acudir a su hospital o centro de referencia, decir que viene de este caso y ahí se valoraría», comenta la jefa de Sanidad Exterior de Huelva, al tiempo que sugiere el «uso de mascarillas de forma preventiva».
La vigilancia de los síntomas debe hacerse al menos durante 15 días después del desembarco, porque la infección tiene un periodo de incubación largo; «hasta seis semanas está descrito», destaca Faraco. Los 14 españoles a bordo -13 pasajeros y un tripulante- deberán seguir estos protocolos una vez bajen. Cinco catalanes, tres madrileños, una valenciana y un gallego están entre los confirmados por las respectivas consejerías de Sanidad.
Como ha señalado la jefa del Servicio de Sanidad Exterior en Huelva, lo más importante es hacer un buen estudio de cada caso. Benjamin Brennan, jefe de grupo y profesor titular del Centro de Investigación Virológica MRC-Universidad de Glasgow, sugiere que conocer el historial de viajes por Sudamérica de los que subieron a bordo «es crucial». Este experto señala que una pista clave es que los primeros casos viajaron por Sudamérica, incluida Argentina, antes de embarcar en el crucero.
«Se trata de una información epidemiológica crucial, ya que sugiere que la infección se contrajo en una región endémica de hantavirus y se llevó a bordo, en lugar de originarse en el barco. En Argentina circula el virus Andes, por lo que «identificar qué cepa del virus es la responsable es esencial para evaluar los riesgos actuales asociados al brote», comenta el experto a Science Media Centre en Reino Unido.
"Se debe dar la prioridad adecuada al aislamiento rápido, la evacuación médica y el rastreo de contactos"
Benjamin Brennan, jefe de grupo y profesor titular del Centro de Investigación Virológica MRC-Universidad de Glasgow
Brennan recalca que «en la actualidad, se debe dar la prioridad adecuada al aislamiento rápido, la evacuación médica y el rastreo de contactos, para que los pacientes afectados reciban el tratamiento médico completo y exhaustivo que necesitan».
En este sentido, Salvador Peiró, epidemiólogo e investigador en el Área de Investigación en Servicios de Salud y Farmacoepidemiología de la Fundación para el Fomento de la Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (Fisabio), resalta que «el brote en el crucero es llamativo por el contexto (un barco con varios casos) y por la gravedad. Tantos pasajeros hacen pensar en una fuente de exposición común: bien antes de subir al barco (el hantavirus tarda 2-4 semanas entre contagio y síntomas) o bien en algún espacio del barco contaminado por excrementos de ratones». Mientras se dirime el origen y el paciente cero, Peiró recuerda que «no es un virus de transmisión comunitaria, nada que ver con el covid, y no se transmite entre personas».
Para Liam Brierley, investigador del Centro de Investigación Viral del MRC-Universidad de Glasgow, el culpable sería el hantavirus llamado virus de los Andes, que se transmite «en situaciones de contacto muy estrecho e intensivo». Cabe recordar que uno de los contagiados es el médico del barco, que podría haberse contagiado en la atención a los enfermos. Por lo tanto, «es muy probable que estos casos se deban a un único punto de exposición a roedores. El largo periodo de incubación significa que será difícil determinar cuándo y dónde ocurrió esto», concluye Brierley.
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