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Cuentan las cr�nicas de la �poca que la que era secretaria general de Infraestructuras del Ministerio de Fomento, la socialista Inmaculada Rodr�guez-Pi�ero, dijo un 19 de junio de 2009: �Lo importante no es el tiempo que se tarda en construir una infraestructura, sino la huella que deja�. El alto cargo del Gobierno de Jos� Luis Rodr�guez Zapatero pronunciaba estas palabras en la inauguraci�n del que estaba llamado a ser un hito arquitect�nico: la torre Miramar de Valencia. Y vaya si ha dejado huella. Lo que en realidad muchos describen como mamotreto triunfa entre youtubers y tiktokers, pues el emblema que deb�a ser imagen de la entrada norte de Valencia es conocida popularmente como �la rotonda m�s cara de Espa�a�. Euro arriba, euro abajo, bien podr�a serlo.
La torre Miramar es hoy s�mbolo de la degradaci�n y el abandono, a pesar de que sus 45 metros se alzan sobre una rotonda de 7.000 metros cuadrados y un t�nel de 300 metros de longitud. Ubicada en la entrada a la capital valenciana por la V-21, a las puertas de la Universidad Polit�cnica de Valencia, la infraestructura es uno de esos ejemplos de la era del pelotazo y los sobrecostes.
Los responsables de la obra ya justificaron en su d�a un incremento presupuestario del 43%, es decir, de los 16 a los 23,4 millones de euros, por las modificaciones sobre el proyecto original para adaptarse a la normativa de seguridad europea. �Pero no es un sobrecoste, es una mejora de la calidad y de los elementos de seguridad del t�nel�, razonaba el ingeniero al mando. Al fin y al cabo, la obra —que se licit� en 2004 pero tard� cinco a�os en inaugurarse—, inclu�a paneles de se�alizaci�n, cableado de detecci�n de incendios, circuito cerrado de c�maras, salidas de emergencia con un cerramiento ign�fugo durante 30 minutos y hasta indicadores de mon�xido de carbono y de opacidad para convertir al t�nel de enlace de la V-21 con la Ronda Norte de Valencia en el �m�s moderno y seguro de toda la ciudad�.
17 a�os despu�s, la realidad de la torre de hormig�n se resume en un mirador cerrado y un ascensor averiado que apenas pudo funcionar durante unos meses. El elevador sigue hoy varado en las alturas, a pesar de que deb�a servir para subir a la gente hasta una plataforma panor�mica —de 13,5 metros por 3,80 metros cuadrados de superficie— desde la que divisar la huerta y el mar de Valencia.
Y si el ascensor cuelga en lo alto de la torre Miramar como un vestigio oxidado del pasado, una enorme lona se despliega a�n hoy en uno de los laterales de la torre. No para anunciar un evento futuro, sino para recordar que un d�a Valencia fue Capital Verde Europea. Sucedi� en 2024 y, desde entonces, nadie parece haberse preocupado por retirar el cartel conmemorativo.
El panorama no es mejor a ras de suelo, donde los grafitis ocultan las piezas de trencad�s —una t�cnica de mosaico— que a duras penas sobreviven al paso del tiempo. Sus dibujos del mar y la huerta apenas se intuyen bajo las pintadas y el deterioro que todo lo invaden. Sin que, por cierto, nadie parezca tampoco sentirse interpelado. De hecho, la bronca pol�tica entre el Gobierno central y el Ayuntamiento de Valencia ha marcado desde el primer d�a el devenir de esta particular infraestructura.

Vista panor�mica de la rotonda con la torre Miramar.DAVID GONZ�LEZARABA PRESS
No solo la tensi�n entre la entonces alcaldesa Rita Barber� (PP) y los representantes del Ministerio ya fue patente el d�a de la inauguraci�n de la rotonda en 2009. El consistorio valenciano se neg� a recepcionar una obra que llegaba con retraso y cuyo costoso mantenimiento no quer�a asumir, con lo que la titularidad de la torre siempre fue del Estado.
Quien sucedi� en el cargo a Barber�, Joan Rib� (Comprom�s), tambi�n justific� a�os despu�s -en 2020- que el Ayuntamiento no pod�a hacerse cargo de la infraestructura precisamente por todos los desperfectos que arrastraba. Ahora bien, en 2021 se le ocurri� una idea para dar una nueva vida a la rotonda: convertirla en un �espacio de cultura urbana�. Esto es, para practicar parkour, skate, danza urbana... y pintar grafitis.
Hace ahora cinco a�os el Ayuntamiento de Valencia asumi� la gesti�n municipal del complejo, tras llegar a un acuerdo con la Demarcaci�n de Carreteras del Estado para hacerse cargo de la conservaci�n de la rotonda, as� como de la �dinamizaci�n� del espacio. Se prometi� incluso la colocaci�n de p�rgolas y el aprovechamiento de las instalaciones para la �captaci�n solar y producci�n de energ�a el�ctrica�. Pero la torre sigue esperando.
V�ctima del olvido, el mirador de la torre dif�cilmente podr� reabrirse en el futuro. Todav�a hay quien lo reclama. En el portal de participaci�n ciudadana de Valencia se col� el a�o pasado una petici�n ciudadana: �Volver a abrir al p�blico el acceso al mirador (...). Est� cerrado desde hace varios a�os y es una pena que los vecinos del barrio y todos los habitantes y visitantes de la ciudad no lo podamos disfrutar�. La respuesta del consistorio valenciano fue: �Esta propuesta no pasa a la siguiente fase por no contar con los apoyos m�nimos�.
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*La serie 'Cr�nica... de las grandes chapuzas' se publica cada domingo en el suplemento CR�NICA de la edici�n impresa de EL MUNDO.
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