Alberto Velasco estrena el primer ballet para cuerpos no normativos: "Llevo toda mi vida buscando referentes plus size en danza, pero nunca los he encontrado"

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Vaca, nutria, foca, cerdo. Preciosa colección de mamíferos y no tan preciosa colección de insultos. Insultos que Alberto Velasco ha recibido a lo largo de su vida. «¡Pero son animales preciosos! ¡Las hipopótamas son hermosas!», dice el bailarín y coreógrafo. Con eso de quien ríe el último ríe mejor -más a gusto y con una buena dosis de regocijo-, Velasco convierte esos insultos, que caen como obuses sobre las personas con sobrepeso, en la fuente de inspiración de Sacresize.
El espectáculo -en Teatros del Canal hasta el 7 de junio- pone sobre el escenario nueve cuerpos «refrescantemente gordos, a propósito». Cada uno es distinto: «Porque cada uno tiene un sonido distinto, una vibración distinta, una forma de moverse que no tiene nada que ver con la del otro». A partir de ahí, la obra despliega dos actos y una coreografía que investiga la «gorditud» y celebra «la tranquilidad y la libertad absoluta» que llega cuando uno entiende que no tiene por qué responder al canon de belleza.
A la imposición de ese canon -tantas veces agresivo, incómodo, testarudo e invasivo- Velasco la llama «violencia estética» y «terrorismo corporal»: «Nuestros cuerpos están toda la vida sometidos a un examen constante, a una presión inmensa y atados a vergüenza perpetua».
En esa clave reivindicativa y profundamente política arranca el show, que Velasco abraza como ecléctico y algo errático, con un orgullo desbordante y emoción latente. Una pantalla con una película de 20 minutos abre el espectáculo. Frente a esas imágenes -«que representan la violencia estética del sistema»- comienzan a desenvolverse los bailarines. La pantalla se convierte así en el «villano» al que este batallón de artistas plus size planta cara. Aunque Sacresize tiene el ballet como espina dorsal, Velasco defiende que más es, por lo general, muchísimo mejor. Dancehall, twerking y danza africana encuentran así un punto de encuentro. «¿Cómo vamos a mostrar toda la capacidad de un cuerpo gordo si no es incluyendo todas estas prácticas?», se pregunta el coreógrafo.
Su proyecto tiene una inevitable parte íntima y personal: «Llevo toda mi vida buscando un referente gordo en danza y no lo he encontrado». Aparece entonces un núcleo mucho más íntimo y esencial en el proyecto del bailarín: «es duro físicamente. Al final, somos atletas. Pero emocionalmente también puede ser intenso por todo lo que representa».
En Size -el segundo acto- parte de la obra discurre sobre la partitura de Igor Stravinsky, cuya potencia rítmica y densidad sonora dialogan de manera natural con los cuerpos gordos. Como señala Velasco, la tensión, la multiplicidad de texturas y los motivos musicales obstinados presentes en La Consagración de la Primavera encuentran un eco directo en la corporalidad y en la forma de moverse de los cuerpos grandes. «Sacresize es tranquilidad y libertad», dice el artista. Esa libertad se materializa en una intención clara: todos los cuerpos se muestran desnudos. «Cuando durante toda la historia se ha impuesto una forma de ser y de existir en el mundo, y cuando se nos ha castigado por tener el cuerpo que tenemos, mostrarnos desnudos sobre el escenario es necesario y también liberador».
Que el espectáculo destila herida y aflicción es indudable. Pero, para Alberto Velasco, la otra cara de la moneda pesa todavía más. Los cuerpos gordos son bonitos; los cuerpos gordos también bailan ballet, dancehall, folk y lo que quieran. Y lo bailan bien: «Es, fundamentalmente, una celebración del cuerpo que tenemos».
Teatros del Canal, del 28 de mayo al 7 de junio. A partir de 20¤.























