

















Irreverente con convicciones y disidente con br�jula propia -su Galiza "abajo y a la izquierda, donde el coraz�n"-, Xos� Manuel Beiras (Santiago de Compostela, 1936) alcanz� los 90 a�os el 7 de abril. Sigue a ser uno de los rostros m�s reconocibles e ind�mitos del nacionalismo gallego contempor�neo y figura clave de dos de sus mayores cauces: el BNG, del que se apart� en 2012 y Anova, d�nde a�n milita. No resulta sencillo apresar del todo su figura como tampoco lo era, como advert�a el escritor �lvaro Cunqueiro, contarle los pies al gato galaico siempre escurridizo, porque cada intento por fijar a Beiras lo desmiente o lo desplaza.
Para la memoria quedaron los dos zapatazos jrushchovianos -en 1993 y 2013- frente a los populares Fraga y Feij�o, como para sus detractores su figura de radical reconocible y car�cter volc�nico. Pero incluso ellos habr�n de admitir que, a pesar de su lengua de bistur�, nunca renunci� del todo al di�logo, acaso por una disciplina pol�tica a la antigua y que le llev� a una tregua con Fraga. "Aquello se dio porque comprend�a que hab�a uno enfrente al que escuchar, aunque no se compartieran las mismas ideas", se�ala Marti�o Noriega a Cr�nica, hijo pol�tico y compa�ero de viaje en Anova. "Y hay algo en �l, en su manera de hacer pol�tica que es c�mo si leyera una partitura".
Con Fraga se enfrent� hasta el l�mite, en un pulso bronco y constante que solo en sus �ltimos compases afloj�. Hubo entonces una escena ins�lita cuando, tras las 40 propuestas del BNG en 2001, el veterano dirigente del PP cruz� el hemiciclo del Parlamento gallego para acercarse al esca�o de Beiras y tantear una serie de reuniones con la intenci�n de incorporar parte de ese programa al rumbo de la Xunta. "Fraga quer�a que yo fuera su sucesor en la Xunta porque sab�a qui�n le rodeaba dentro del partido", manifest� en m�s de una ocasi�n Beiras.
Antes de que el tiempo le cincelara ese aire de druida celta, de ojos azules y melena plateada, Beiras fue ni�o en la calle del Vilar, a la sombra de la Catedral de Santiago. Su infancia atravesada por la posguerra, como el reconoci� sin aspavientos a O Ferrado en 2025, tuvo algo de intemperie contenida por la red de complicidades que su padre (militante del Partido Galeguista) teji� con los �ltimos faros de la Generaci�n N�s y las Irmandades da Fala. "Mis recuerdos con Otero Pedrayo son tan antiguos como mi memoria, as� como con Carvalho Calero o Paco Del Riego", se�alaba. En esa "burbuja" de clandestinidad luminosa -"fuera estaba el fascismo", resum�a- se educ� en un "privilegio" de escuela-cooperativa levantada a contracorriente donde un profesor republicano de la Instituci�n Libre de Ense�anza aleccionaba a unos pocos rapaces.
Aunque se asom� a un Par�s en ebullici�n mientras se formaba en Derecho, Ciencias Econ�micas y Lengua y Literatura Francesa en La Sorbona, y pis� despu�s un Londres que ya afinaba los acordes de su inminente revoluci�n cultural, ampliando estudios en la London School of Economics, regres� a Galicia para repensar la estructura econ�mica de la regi�n y evidenciar que lo suyo no era un nacionalismo de verborrea. Vi� en el atraso una herencia de dependencia -"la emigraci�n como renuncia a volver", la fuga del ahorro- y diagnostic�, influenciado por Rob�rt Lafont, a una "colonia interior" a la que le extraen la savia (trabajo, energ�a y futuro) debido, en parte, a una peque�a burgues�a convertida en "soporte local" del poder central.

La l�der del BNG, Ana Pont�n, saluda a Beiras en el mitin de cierre de campa�a en febrero de 2024 en el Multiusos do Sar (Santiago de Compostela)Rosa Gonzalez
Para �l, como se�ala Noriega, "la radicalidad es un bien genuino, no acomodado" por eso, como tantos otros, en la noche larga del franquismo milit� en la clandestinidad. Se midi� con distintas corrientes hasta aprender, sobre todo, lo que no aceptar�a: una izquierda que olvidase la "alienaci�n" porque estar�an, dec�a, "perdidos". Fund� su primer embri�n pol�tico, el Partido Socialista Galeguista (PSG), pero no dej� de interpelar al socialismo de Estado con la misma punter�a inc�moda. "En el PSOE, �alguien se atrever�a a decir que una mujer oprimida no tiene derecho a divorciarse?", se�alaba, "entonces, �por qu� un pueblo machacado, que no puede respirar, no tiene derecho a divorciarse?".
Para Beiras, la pol�tica solo tiene sentido si nace abajo. "Se hace primero en la sociedad y luego se proyecta, si no es as� nace en el aire y le falta conexi�n". En su esquema, los partidos cumplen una funci�n instrumental, "el puente entre la sociedad y las instituciones para vehiculizar las din�micas que se dan en la sociedad"; cuando ese v�nculo se rompe, advierte, queda "suspendido en el aire como le pas� a Podemos". De ah� su cr�tica a los giros t�cticos y p�rdida de anclaje social. "Podemos asumi� la plurinacionalidad por oportunidad pol�tica", se�al�, "ya renunci� a mucho de lo que era, a su ideario y dise�o program�tico iniciales, los del 15-M, las plazas, etc. No estamos ante el Podemos que hablaba de una alternativa de gran coalici�n de izquierdas en las elecciones de diciembre de 2015".
"Este no es un Gobierno de izquierdas. De hecho, Pablo Iglesias habla de Gobierno progresista. El progresismo es una cosa y la izquierda otra. El objetivo de la izquierda es transformar a fondo el sistema, ir a la ra�z de los problemas y para ello est� la v�a revolucionaria o la v�a de la socialdemocracia de, por ejemplo, Olof Palme", apuntaba en enero de 2020 sobre el Gobierno de coalici�n.
Su "particular cosmovisi�n" de su mundo lo convirti� en un insurrecto constante ya sea en la calle -donde fue detenido en 1982 siendo decano de la Facultad de Ciencias Econ�micas, durante una protesta en favor de los presos independentistas- como en el propio Parlamento de Galicia. Precisamente, en la sede de la soberan�a gallega conoci� de cerca las porosidades del entonces presidente gallego y "macarra", como lo describi�, Feij�o. La escena m�s elocuente de esa tensi�n la protagoniz� en 2013 el propio Beiras, encaramado al estrado y con la voz quebrada, exigiendo la dimisi�n de Feij�o por su supuesta relaci�n con el contrabandista Marcial Dorado y reclamando respeto para las familias golpeadas por "esa peste [el narcotr�fico]" que dej� una generaci�n en blanco con m�s de 600 muertes por sobredosis. Aquella intensidad no cay� en saco roto ya que, en sesiones posteriores, Feij�o ironiz� sobre el episodio, provocando un nuevo cara a cara con Beiras en el que, frente a frente, el de Os Peares no mostr� la misma bravura. "Si Fraga resucitara le dar�a una hostia a Feij�o", apunt� Beiras hace tiempo.
En todos estos a�os, Beiras camin� entre pieles dispares, del "esquirol" Felipe Gonz�lez al "jacobino" Errej�n, pasando por Yolanda D�az que le abandon� en medio de un proyecto pol�tico de izquierdas para irse a Madrid a hacer carrera. Siempre ha defendido que dejar� de ser nacionalista, "cuando Galicia tenga y ejerza su propia soberan�a y tenga un Estado con la configuraci�n que desea lagente, sino ser�a puro chovinismo". En ese empe�o ha roto con los suyos, abandonado el BNG tras tres d�cadas, levantado siglas nuevas -AGE, Anova- y transitado alianzas fallidas, como aquella con Izquierda Unida y En Marea con la que consigui� desplazar al BNG a la cuarta posici�n pol�tica en 2012. Y a�n as� volvi� de manera simb�lica, en 2024, a pedir el voto para Ana Pont�n e intentar lograr un Gobierno gallego a los "intereses nacionales y de clase" .
Una de las �ltimas estampas de Beiras lo muestra al piano en su casa de Bri�n. Dentro de ella, un reloj suena ruidosamente a las y media y en punto, y un druida del galleguismo sigue pensando. Afuera, un mundo vol�til -"con el crecimiento de la ultraderecha", apunta Noriega- que devuelve ecos de tiempos ya vividos. Y �l, todav�a, como un "enfant terrible", "de esp�ritu y de cabeza", "con exceso de lucidez" consciente de "sus melancol�as". Nueve d�cadas de amor a una tierra (la de Breog�n), de p�rdidas (tambi�n la de su compa�era de vida), "de traiciones", pero "sin rencor". Noventa a�os de Beiras, lucero de generaciones gallegas que a�n buscan un norte.
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