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En los albores de 1907, la crónica madrileña se hacía eco de la apertura en la calle Visitación 7 (renombrada Manuel Fernández y González) de un negocio que iba a paliar el hambre. Con marmitas de gas, el local (que ocupa hoy Viva Madrid) despachaba ragú, judías con chorizo y cocido a céntimos de peseta. Comida popular de gran formato y takeaway. Los garbanzos en jerga cañí eran gabrieles y así se bautizó al lugar. Su dueño, el periodista Rafael Jimeno Vizarra, había inventado el Lhardy de los proletarios.
Casi 120 años después, Los Gabrieles reabre 50 metros más allá, en el edificio de la calle del Lobo (luego Echegaray), a donde se mudó en 1909-1910. De innovadora fonda a bar, restaurante y colmado andaluz. Fue en los años 20, ya siendo referente noctámbulo de flamencos y taurinos con Adrián Quijano al mando, cuando se le adhirió el alicatado en azulejo con escenas patrocinadas por bodegas jerezanas. El conjunto, de impactante belleza con obras a color firmadas por los mejores artistas del momento, hizo que se lo bautizara como la "Capilla Sixtina de la azulejería madrileña".
El barrio de Las Letras asiste a este acontecimiento social que, tras años de arduo trabajo en la gestión de licencias y negociación con Patrimonio, ve por fin la luz. Antes de que la renovada triple oferta de taberna, restaurante y tablao se hiciera realidad, hubo que sudar. Los Gabrieles cerró en 2004, cuando solo estaba abierto el bar a pie de calle y el resto del edificio se hallaba clausurado por posible colapso. Los azulejos peligraron en un primer desescombrado hasta que interviene ECRA, empresa certificada, restaurando azulejo por azulejo. "De repente hay un impasse en el que nadie se quiere ocupar porque es costosísimo y una responsabilidad", cuenta Coke Riera, fotógrafo y director del proyecto. Mientras hace el tour museístico, se le nota orgulloso ante el momento Stendhal.

La Puerta de Alcalá y referencias a las bodegas de Jerez copan las paredes en forma de brillantes azulejos desde 1907.
Cuando se retomaron los trabajos, ya con la actual propiedad, regresó la empresa rehabilitadora: "Chicas con una linternita y un pincel de tres pelos para que no hubiera un solo desconchón. Ha estado 22 años cerrado, venían los empresarios, hacían números y decían: 'vámonos'", explica Riera sobre el carácter de la inversión y el proceso a fuego lento de estos últimos seis años. "Es un regalo que hace el propietario a Madrid", remata sin dar opción a conocer su identidad.
Además de la primorosa restauración de los azulejos, para que Los Gabrieles vuelva a ser considerado "el bar más bonito de Madrid" hubo que adaptarse a las exigencias estructurales del edificio protegido. Barandillas y muebles a medida. Altavoces ocultos y artesonados acústicos con material PET. Ventilación por el suelo. Imposibilidad de mover una pared o de hacer una roza. El rompecabezas faraónico se ha completado con el arquitecto Miguel Ángel Santa y el diseño del estudio Súnico, entre otros actores. Además de contratar a un historiador, Justin Byrne, quien ha plasmado todo en Si estas paredes hablaran..., libro ilustrado con fotos antiguas y del propio Riera.
Querer reconstruir la fachada de 1910, con el azulejo ya perdido, ayudó a la viabilidad del proyecto. Entrar a la taberna, espacio que está en la memoria más reciente de los madrileños, invita a contemplar los murales dedicados a Pedro Domecq o a Sánchez Romero, junto al que se instalará sobre la barra de mármol, un cortador de jamón. Al fondo, luce la escena central con Sancho Panza y las desaparecidas galletas Olibet. En una sala previa, Los borrachos de Velázquez para Sánchez Romate, un Quijote entre barricas y el sobrecogedor dibujo de Carlos González Ragel.

La fachada de la taberna, en los años 40.
Este artista maldito pintaba esqueletomaquias y, en la única en azulejo accesible al público, incluye a Pastora Imperio y a sí mismo surgiendo de su tumba con un fino Clarita. Maestros históricos del arte cerámico como Enrique Guijo o Alfonso Romero conviven con referentes contemporáneos como Miki Leal o Xavier Montsalvatge, integrados en Los Gabrieles. Sin dejar la taberna, el Cuarto de la Lidia se vuelve a llenar de carteles taurinos para recordar la colección perdida de Quijano. "Son antiguos de verdad", aclara Riera. "Quisimos devolver el alma a esta sala, todo tiene valor histórico y nada se ha hecho al azar". Como llenar el pasillo de fotos con sus personajes ilustres: del torero Juan Belmonte al cantaor Antonio Chacón, de Ava Gardner al camarero Javier Bardem.
Lorca, Hemingway, Valle-Inclán... O Alfonso XIII, cliente habitual de la planta baja donde el mantel y la cubería fina borran hoy el pasado sicalíptico de estas salas cuyos espesos muros vieron de todo. "Era como el after de los famosos", compara Coke, quien destaca la integración de la bodega decorada por Ana Nance con motivos alusivos a su tiempo como prostíbulo. En el privado donde Manolete ·toreaba señoritas", una mesa para seis comensales reserva ahora veladas diferentes entre los azulejos de Enrique Orce.

Renovada barra principal de Los Gabrieles, con sus vistosos taburetes rojos.
El esfuerzo previo no estaría justificado si la oferta gastronómica no acompañara. "El local pide tradición", confirma su director. Por lo que se han volcado en una propuesta castiza y andaluza que en cocina lidera el chef Ander Galdeano, ex TriCiClo, y en bodega la sumiller Rebeca Bellido, directa de Ugo Chan. En la barra se podrá acceder a una docena de vinos de Jerez por copas y volarán las banderillas y la trilogía en pan de cristal de minutejos, calamares y pepito. Además de las cazuelitas con distintos guisos de garbanzos, incluido el de callos. "Será nuestro menudo gitano madrileño", fusión de las dos almas.
Abajo estos gabrieles se servirán con gamo de El Pardo y el flan será de queso de La Cabezuela (El Escorial). Entre los platos clásicos renovados, un lenguado que se limpia frente al cliente y un rabo de toro para dos, cocinado al oloroso durante horas "en un jacuzzi", estilo jarrete. Se auguran jornadas de cocido los domingos, y largas sobremesas. A la apertura de la taberna le sucederá pronto el restaurante y el tablao de arriba, con programación musical que no se ceñirá al flamenco puro.

La subida, entre murales de Garvey o La Gitana, conduce hasta el espectáculo presidido por la Puerta de Alcalá del pintor Cristóbal Quintero. Ya solo queda esperar a que el acontecimiento sea disfrutado por todos y no solo por el turista empoderado. Si Madrid vive en la encrucijada de recuperar o perder su memoria, la apertura de Los Gabrieles es la mejor de las noticias.
Los Gabrieles: Echegaray, 17. Apertura el 20 de abril.
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