




















Ángel, de 83 años, se perdió el 22 de mayo en Écija (Sevilla). Vestía una camisa de rayas azules claras y blancas y un vaquero oscuro. En la fotografía difundida por su familia para tratar de encontrarlo destaca su cabello canoso. Llevaba una pulsera con localizador GPS que fue hallada en las inmediaciones del municipio sin ir sujeta a su mano. Pese a que ha sido buscado por la Policía Nacional, la Local, la Guardia Civil y decenas de voluntarios, su paradero sigue siendo desconocido. Es el último caso reportado de un mayor desaparecido en España.
No es el único. Juan Ramón, de 72 años, desapareció en marzo de 2026. Josefa tenía 79 años y Crispín 85 cuando se les perdió la pista en 2024. Juan Luis desapareció en 2023 a los 78 años; José y Vicente, en 2022, con 74 y 76 años; y María Josefa, en 2019, a los 76. Al desaparecer, todos tenían algo en común: una patología neurodegenerativa.
La lista es todavía más larga. Aunque los datos no están actualizados con las desapariciones y casos resueltos en lo que va de 2026, hasta el 31 de diciembre de 2025 el Centro Nacional de Personas Desaparecidas (CNDES), dependiente del Ministerio del Interior, contabilizaba 6.874 denuncias activas, sobre las que existe una investigación policial en curso y una búsqueda por parte de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
De esa cifra, el 6,9% corresponde a personas mayores de 65 años. En total, son 479 desaparecidos y 479 familias que viven con la pesada incertidumbre de no saber qué fue de ellos. Es el colectivo más vulnerable —junto al de los menores de edad— y en el que el CNDES tiene puesto el foco. «Nosotros les llamamos, cariñosamente, "nuestros abuelitos", porque cualquiera de nuestros abuelos podría ser esa persona que desaparece», empatiza Marcial Bravo, jefe de servicio del CNDES.
El Sistema de Personas Desaparecidas y Restos Humanos sin identificar (PDyRH) del CNDES no precisa cuántos de esos afectados tiene una enfermedad neurodegenerativa. No obstante, según la experiencia de asociaciones de desaparecidos, y del propio centro nacional, la mayoría de los ancianos en paradero desconocido tiene asociada una enfermedad como el alzhéimer u otras demencias.
En este grupo humano es el único en el que cabe, y es imperativa, la prevención... Lo importante es generar una red social, es decir, no dejarlo sólo a expensas del trabajo policial
Paco Lobatón, presidente de QSD Global.
Según advierte la Alzheimer’s Association, cualquier persona con demencia y la capacidad de caminar corre el riesgo de desorientarse o perderse, incluso en las fases iniciales de la enfermedad. La Confederación Española de Alzheimer y otras demencias (CEAFA) explica que «la desorientación es un síntoma psicológico-conductual que aparece desde la primera fase de la demencia con desorientación temporal y espacial». A medida que la patología avanza, la situación se agrava.
El jefe de servicio del CNDES resalta que «los primeros estadios de las enfermedades, donde ni la propia persona ni la familia son conscientes de ese deterioro cognitivo, son los más peligrosos». En la misma línea, el periodista Paco Lobatón, presidente de la fundación europea QSD Global, señala que «una circunstancia que suele repetirse es que las desapariciones se dan en el estado inicial de la enfermedad, cuando la persona aún conserva un grado de autonomía».
Al ser tan propensos a perderse, los expertos destacan la importancia de anticiparse a esas situaciones riesgosas. «En este grupo humano es el único en el que cabe, y es imperativa, la prevención», asevera Lobatón, quien agrega que los familiares deben ser conscientes de que la demencia «conlleva el riesgo de una desorientación momentánea, que a su vez provoca una deambulación errante que puede sobrevenir en un accidente, que puede comportar su desaparición o su fallecimiento». Así, Bravo recalca que «el primer círculo de protección es la familia».
Para el cuidado, los geolocalizadores son una herramienta esencial. El abanico tecnológico es amplio. El Centro de Referencia Estatal de Atención a Personas con Enfermedad de Alzheimer y otras Demencias (CREA) del Imserso ha realizado una comparación entre los principales artefactos disponibles en el mercado español: si cuentan con GPS, perímetro de seguridad, reloj, botón de SOS, comunicación por voz, envío de alertas y detector de caídas. Con información orientativa recuerdan que «es el familiar o cuidador quien mejor conoce a su familiar enfermo, y quien debe considerar los recursos más adecuados a la situación clínica y sociofamiliar».
Keruve es una de esas marcas que cuenta con más de 20 años de experiencia. Presume de haber contribuido a localizar a personas con alzhéimer desaparecidas «en más de 13.000 casos». Su director, el ingeniero Abilio Caetano, explica que para que un dispositivo sirva para proteger a un paciente con demencia, debe cumplir unos requisitos mínimos: «Eficacia probada en personas con alzhéimer, que sea discreto, que cuente con un cierre de seguridad con el que no se pueda quitar o perder, autonomía de mínimo dos días y medio para localizarlo, que sea de fácil uso para los cuidadores, que tenga múltiples sistemas de localización y varias vías de transmisión de datos».
Caetano alerta de que «existe el riesgo de delegar la seguridad en dispositivos genéricos GPS que no son seguros... Muchas familias caen en el error de utilizar electrónica de consumo masivo (como relojes GPS para niños o llaveros Airtag) para tener localizada a la persona con alzhéimer». Por eso recomienda adquirir dispositivos pensados para este colectivo. «Desgraciadamente, muchas familias están siendo engañadas por vendedores sin escrúpulos. Cada vez hay más tiendas online que prometen una solución para personas con alzhéimer utilizando relojes GPS que han sido desarrollados de una manera muy superficial, sin pruebas exhaustivas y teniendo errores graves de seguridad».
Muchas familias caen en el error de utilizar electrónica de consumo masivo (como relojes GPS para niños o llaveros Airtag) para tener localizada a la persona con alzhéimer
Abilio Caetano, director de Keruve, empresa de dispositivos de geolocalización.
Ángel, la última persona mayor desaparecida en España, tenía consigo un dispositivo de geolocalización. Pero eso no permitió hallarlo. Aunque se desconocen los detalles del fallo, Joaquín Amills, presidente de la asociación SOS Desaparecidos que está al día de estas circunstancias, cuenta que la persona enferma suele quitarse el dispositivo e incluso desprenderse de su ropa. «Desgraciadamente no es infalible», reconoce Bravo. Aun así, los buenos dispositivos de geolocalización han permitido evitar miles y miles de tragedias. Tantos que ni siquiera llegan al CNDES.
El presidente de SOS Desaparecidos comenta que los aparatos de calidad suelen ser costosos. Además del precio del dispositivo en sí, muchos precisan de una suscripción mensual para tener acceso a todas sus funcionalidades. Por ello, señala que el Estado y las comunidades autónomas «deberían tener una implicación específica para facilitar estos dispositivos a los mayores, ya que muchos no pueden permitírselo». Asegura que es algo que su asociación está exigiendo desde 2018.
Para responder a esta y otras demandas de mejora, a finales del año pasado el Ministerio del Interior publicó el II Plan Estratégico en materia de Personas Desaparecidas (2026-2029), centrado en la prevención de personas y enfocado en los colectivos más vulnerables (mayores con enfermedades neurodegenerativas y menores de edad). Una de las líneas de acción está dirigida a tomar medidas tecnológicas para la investigación y resolución de casos. Así, se ha plasmado la idea de dotar a los mayores con deterioro cognitivo de dispositivos de geolocalización durante el 2027. «Es un objetivo ambicioso, difícil de ejecutar, pero se trata de buscar las posibilidades», arroja Bravo, mientras que el presidente de SOS Desaparecidos tiene dudas de que sea convierta en realidad: «Para mí es una declaración de intereses y ya está. Veremos cómo queda plasmada».
Más de 1.000 personas mayores de 65 años siguen desapareciendo cada año. En 2025 se reportaron 1.126 casos (746 hombres y 380 mujeres). Casi el 95% de las denuncias fueron resueltas (hallando a la persona con o sin vida). La mayoría contaba con patologías neurodegenerativas, alzhéimer principalmente. «El problema está en que cada vez estamos más abocados a sufrir esta enfermedad», recuerda el jefe del CNDES. El aumento de la esperanza de vida, aunado al envejecimiento de la población española, trae consigo un aumento de la prevalencia de algunas enfermedades, como las demencias.
El plan estratégico impulsado por el Ministerio del Interior contempla también una actualización de los protocolos. «Se basa en que la actuación debe ser inmediata, en que las primeras horas no son sólo "las importantes", sino "las únicas", porque marcan la diferencia entre localizar a una persona viva o muerta», ahonda Bravo. En el marco de esa «revisión 360», se optó por mejorar la rapidez de los procedimientos de búsqueda para tener más probabilidad de éxito en las primeras horas en las que se sabe de una desaparición. «Ahora primero se empieza a buscar y después ya se formaliza la denuncia, los trámites burocráticos, con lo cual creemos que se van a salvar muchas vidas», detalla el responsable del CNDES. Bravo incide en que las desapariciones deben reportarse de inmediato. «Es una falacia que hay que esperar 24 horas para denunciar una desaparición».
La actuación debe ser inmediata. Las primeras horas no son sólo "las importantes", sino "las únicas", porque marcan la diferencia entre localizar a una persona viva o muerta
Marcial Bravo, jefe de servicio del CNDES.
Los conocedores de la tragedia de las desapariciones indican que la responsabilidad para hallar a las personas no recae sólo en las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. La sociedad tiene un papel fundamental tanto en la prevención como en la búsqueda. «El tiempo no corre a favor, con lo cual hay que poner el máximo de dotaciones de recursos que tengamos, no solamente recursos del Estado, sino también de voluntariado», en palabras de Joaquín Amills.
En este sentido, Lobatón trae a colación el término japonés mimamoru —vigilar con cuidado—. «Lo importante es generar una red social, es decir, no dejarlo sólo a expensas del trabajo policial». Asimismo, se recomienda no ignorar a personas que estén visiblemente desorientadas en la calle, pues cualquier ciudadano puede convertirse en héroe tan sólo con detectar, acompañar y avisar a las autoridades.
De hecho, el nuevo plan estratégico del CNDES contempla trabajar con el Consejo General de Colegios Farmacéuticos en esa labor de prevención. «Prácticamente en todos los territorios hay una farmacia. Ellos conocen perfectamente a sus clientes, saben cuando no han ido a recoger una medicación, pueden visualizar de primera mano cuando empieza a cambiar y a degenerar una persona, por falta de higiene, por la vestimenta. Son quienes van a detectar primero esos primeros grados de la enfermedad», desarrolla Bravo.
El objetivo está en que la cifra de desaparecidos no vaya en aumento, que no haya más familias que tengan que vivir la zozobra de no saber dónde está un ser querido o qué trágico final haya podido tener a la intemperie. Entretanto, desde el CNDES aseguran que los casos no se olvidan. «Los estamos revisando permanentemente y compartiendo información para dar la respuesta que se merece la familia». El plan pasa por dos vertientes: búsqueda para que 479 familias puedan recuperar a su ser querido o iniciar el duelo, y prevención para que otras familias nunca tengan que vivir ese dolor.
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