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La vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda D�az, ha protagonizado este mi�rcoles una jornada marcada por el simbolismo personal y un duro enfrentamiento dial�ctico durante su visita a Vilagarc�a de Arousa (Pontevedra). D�az, que acud�a a la clausura de un congreso sobre relevo generacional organizado por la Uni�n de Profesionales y Trabajadores Aut�nomos (UPTA), ha sido sorprendida con un obsequio que captura un momento ic�nico de su gesti�n en tierras gallegas.
El fot�grafo I�aki Abella le ha entregado una instant�nea en la que se ve a la ministra mariscando en la playa de Compostela. La imagen data de octubre de 2022, cuando D�az se calz� las botas de agua para experimentar de primera mano la dureza del trabajo de las mariscadoras durante un foro anterior. La fotograf�a formaba parte de una exposici�n ya clausurada, y el autor decidi� regal�rsela aprovechando su presencia en la localidad. "Va para mi despacho", ha asegurado la vicepresidenta mientras descubr�a el envoltorio ante los medios y posaba junto al delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco.
Sin embargo, el tono amable del encuentro ha dado paso a una severa cr�tica pol�tica dirigida al l�der del Partido Popular, Alberto N��ez Feij�o. D�az ha tildado de "indignidad" y "verg�enza" las recientes declaraciones del popular, quien acus� al Gobierno de realizar una regularizaci�n de inmigrantes "a granel", mencionando incluso a personas con antecedentes. La ministra ha sido tajante al calificar a Feij�o como un "vasallo de Vox" y de Santiago Abascal, asegurando que su actual deriva representa "la peor pol�tica p�blica" conocida.
D�az ha pedido a Feij�o "cordura y humanidad", record�ndole que incluso la Iglesia cat�lica apoya la regularizaci�n por razones de "decencia". Seg�n la vicepresidenta, el l�der del PP est� "criminalizando a las personas migrantes" con una "brutalidad" verbal impropia de alguien que aspira a gobernar Espa�a. Asimismo, ha defendido la medida como una pol�tica ejemplar para otorgar derechos a trabajadores que ya conviven en el pa�s, avanzando adem�s que trabajar� internamente para incluir a los saharauis ap�tridas en el proceso, pese a las objeciones del Consejo de Estado que ella no comparte "en absoluto".






















