























El pasado d�a 1, Hussein Ahmad Sultan deb�a celebrar su cumplea�os. Esa jornada fue cuando le enterraron. La fosa com�n, situada junto al cuartel del ej�rcito en Tiro, es un reflejo de los vaivenes del incierto alto el fuego que entr� en vigor en el L�bano, el 17 de abril.
Durante las primeras jornadas, los familiares de los que hab�an fallecido antes de esa fecha se apresuraron a desenterrar los cuerpos para sepultarlos en las aldeas sure�as, inaccesibles hasta entonces por los combates.
La precaria calma es historia y el improvisado camposanto -una simple zanja horadada por las excavadoras- ha retomado la pr�ctica de acoger los despojos humanos de quienes no pueden ser enterrados en sus villorrios.
Colocan los f�retros en el hueco, los cubren de tierra y les adjudican una cifra. El soldado Hussein Ahmad y su hermano son los �ltimos. Hussein ser� el n�mero 35 de los sepultados en este lugar.
El ata�d ha sido transportado a hombros por un grupo de uniformados. Es el �nico de la jornada que va cubierto con la bandera nacional.
Seg�n su primo, Jamil Sultan, el militar iba de uniforme cuando montaba en la motocicleta. "Hab�a llegado media hora antes del cuartel para llevar a su hermano y ayudarle a recoger sus ovejas", relata.
Su viuda, embarazada y madre de otra peque�a de dos a�os, se derrumba sobre el suelo arenoso, incapaz de soportar el dolor.
"�Por qu� asesinan a soldados? Nos est�n matando a todos. Da igual si eres civil, militar o de la 'resistencia' (as� se refiere a los militantes de Hizbul�)", agrega Sultan, que tambi�n forma parte de las fuerzas armadas locales.

Un edificio derruido en L�bano.GETTY
Hussein Ahmad Sultan se suma al largo listado de v�ctimas mortales de militares libaneses a manos del ej�rcito israel� en un reflejo de la enrevesada coyuntura en la que se encuentra atrapada esta instituci�n.
Las Fuerzas Armadas de este pa�s no participan en la confrontaci�n entre Hizbul� y Tel Aviv, lo cual no las exime en ocasiones de ser objetivo de estos �ltimos.
Al mismo tiempo, y desde hace varios meses, las autoridades locales y pa�ses occidentales como EEUU han intensificado sus reclamos para que esta instituci�n desarme a los paramilitares liderados por Naim Qassem.
El pasado mes de abril varios significados pol�ticos del Partido Republicano de EEUU se mostraron a favor de cesar las ayudas de ese pa�s a las fuerzas armadas libanesas a menos que acometan la tarea de despojar a los militantes chi�es de su armamento.
"El congreso no deber�a apoyar a las FA libanesas a menos que act�en de inmediato", escribi� el presidente del comit� senatorial que tutela la acci�n del estamento militar de su pa�s.
"La era de la complacencia y los rescates incondicionales debe llegar a su fin", le secund� su colega Jim Risch, que dirige el comit� de Asuntos Exteriores de la misma c�mara.
Otro conocido pol�tico cercano al presidente Donald Trump y a los intereses de Israel, Lindsey Graham, pidi� p�blicamente el cese del jefe de los militares, el general Rodolphe Haykal.
Washington se ha significado desde hace d�cadas como uno de los principales donantes del ej�rcito liban�s, al que ha suministrado cerca de 3.000 millones de d�lares desde el a�o 2006. En octubre del 2025, la actual Administraci�n aprob� el env�o de otros 230 millones en fondos para las fuerzas armadas y de seguridad.
Apoyado por el sentir de una amplia mayor�a de los libaneses, que sostienen que el ej�rcito deber�a ser la �nica formaci�n armada del pa�s -cuatro de cada cinco, seg�n una encuesta de Gallup de diciembre del 2025-, en marzo el Gobierno de Nawaf Salam declar� "ilegal" el brazo armado de Hizbul� y poco despu�s, en abril, dio �rdenes de confiscar todos los pertrechos b�licos al margen de la autoridad central en la principal ciudad del estado, Beirut.
Al inicio de esta semana, los soldados detuvieron a ocho personas en los barrios del sur de Beirut y Baalbeck -dos enclaves donde Hizbul� goza de un apoyo mayoritario-, despu�s de que estos individuos se presentaran en uno de los funerales de los milicianos abatidos en el conflicto con Israel, armados y disparando al aire.
La acci�n -una de las primeras en las que los uniformados intentan poner coto a la acci�n de paramilitares- ha sido interpretada como un "fortalecimiento de la posici�n" de los militares "frente a las actividades militares ilegales de la milicia chi�", en palabras del diario local L'Orient Le Jour.
Tras esta iniciativa, el propio presidente, Joseph Aoun, dijo el martes que era "hora de que el ej�rcito cumpla con sus responsabilidades y sea el �nico responsable de la seguridad en el sur del L�bano".
Sin embargo, las recientes exigencias de Washington y, sobre todo, de Tel Aviv, plantean la inc�gnita sobre la capacidad militar del estamento militar frente a una hip�tesis, la confrontaci�n directa con Hizbul�.
Seg�n L'Orient Le Jour, que citaba a fuentes militares, el ej�rcito liban�s cuenta actualmente con unos 83.000 miembros frente a los cerca de 30.000 militantes adscritos a la formaci�n chi�.
"Hizbul� no tiene artiller�a, no tiene aviaci�n y no tienen los aliados del ej�rcito. EEUU no se quedar�a con los brazos cruzados en caso de una confrontaci�n", argumenta el ex general Khalil Helou, que pas� 28 a�os en el seno de la instituci�n.
Pero la opini�n de Helou -que comparten otros antiguos militares consultados- choca con un dato irrefutable: ni siquiera Israel ha conseguido desarmar a Hizbul�.
Adem�s, los propios ex miembros de las Fuerzas Armadas admiten que la asistencia que han recibido por parte de EEUU y de otros pa�ses de Occidente ha mantenido "l�neas rojas", en palabras del citado Helou.
"Occidente est� presionando al ej�rcito para que desarme a Hizbul� pero no nos permiten tener el armamento y las capacidades necesarias. S�lo se nos suministran armas que no supongan una amenaza para Israel", explica el ex general Chamel Roukoz.
Desde hace a�os, representantes diplom�ticos reconocen que Occidente sostiene una especie de "embargo" a la hora de suministrar log�stica b�lica avanzada al L�bano.
Las entregas que ha recibido el pa�s se limitan a todoterrenos, veh�culos Bradley, tanques M60 -los Patton, que lucharon en la Segunda Guerra Mundial-, artiller�a de 155 mil�metros, algunos aviones Super Tucano, helic�pteros ligeros y unos pocos aeroplanos Cessna equipados con misiles.
Otra fuente, refiri�ndose en este caso a las naciones europeas, se muestra todav�a m�s ir�nica: "Nos han dado calzoncillos y calcetines".
Las reticencias de las naciones occidentales llegaron a tal punto que, en 2008, L�bano se vio forzado a rechazar un regalo ruso de 10 cazas MIG-29.
Chamel Roukoz se alist� en las fuerzas armadas libanesas en plena guerra civil, en 1980, justo como rechazo a la pl�tora de milicias como Hizbul� que en esas fechas dominaban el escenario de su pa�s, sumido en un terrible conflicto fratricida.
"Una de ellas, las Fuerzas Libanesas, me llegaron a envenenar por medio de un soldado que ten�an infiltrado en mi unidad. Tard� cuatro meses en recuperarme en Francia", recuerda en su despacho.
Despu�s de servir durante 34 a�os en el estamento militar, liderar una de las unidades de �lite de los uniformados -los Rangers-, alcanzar el grado de Brigadier General y recibir un largo listado de medallas entre las que figura la Real Orden de Isabel la Cat�lica de Espa�a, Roukoz pas� al retiro en 2015.
Tras desempe�arse como parlamentario, ahora dirige la Asociaci�n de personal retirado de las Fuerzas Armadas libanesas, un puesto desde el que no ha cesado de se�alar las carencias que enfrentan sus antiguos compa�eros de armas.
"Durante la crisis econ�mica (en 2019), los soldados pasaron de cobrar cerca de 1.000 euros a poco menos de 65, en los momentos m�s cr�ticos", recuerda.
Fueron momentos en los que los uniformados se desempe�aban tambi�n como aparcacoches, mec�nicos o camareros para poder mantener a su familia. La carne se suprimi� del men� de los cuarteles y la fuerza a�rea lleg� a alquilar sus helic�pteros para sobrevolar el pa�s, buscando cualquier fuente de ingreso.
Aunque la situaci�n ha mejorado, ahora los soldados no cobran m�s all� de 250 d�lares y un general no supera los 1.000, seg�n la estimaci�n del diario L'Orient Le Jour.
Durante el siglo pasado, el ej�rcito liban�s, al igual que el propio Estado, comenz� a ceder prerrogativas a los grupos armados conforme el pa�s avanzaba hacia la cat�strofe de la guerra civil (1975-1990).
En 1969, los pa�ses �rabes forzaron a Beirut a otorgar el absoluto control de los campos palestinos a los paramilitares de esa comunidad. Desde esa fecha, los enclaves de los refugiados son como islotes independientes al margen de la autoridad central.
Los soldados s�lo comenzaron a confiscar una m�nima parte del ingente arsenal que se guarda en esos reductos el a�o pasado.
Pese a su debilidad -la publicaci�n Global Firepower estima que el ej�rcito liban�s ocupa el puesto 116 de los 145 pa�ses que ha estudiado, frente a la posici�n n�mero 15 de Israel-, los militares doblegaron en 2007 una revuelta de fuerzas islamistas en el campo palestino de Nahar al Bared, y derrotaron a los ac�litos de Estado Isl�mico en sendas ofensivas en 2014 y 2017, en la frontera con Siria.
"Tenemos un buen ej�rcito pero el Gobierno no puede decirle, venga, vayan a desarmar a Hizbul� mientras que Israel est� ocupando nuestro territorio", agrega Roukoz.
De hecho, los simpatizantes de Hizbul� han criticado abiertamente que los militares libaneses se hayan replegado del sur del pa�s, en lugar de hacer frente a la invasi�n israel�. "�Qu� mando va a enviar a sus soldados al suicidio?", precisa Helou.
Suleiman Fakif era otro de los asistentes a las exequias de los hermanos Sultan en Tiro. El se retir� del ej�rcito en el 2006. Pas� casi tres lustros en las filas de las Fuerzas Armadas y termin� como sargento. Durante la guerra tuvo que pelear contra los milicianos de las Fuerzas Libanesas cristiana, cerca de Sid�n.
Pero cuando sus mandos le dieron la orden de actuar en el sur de Beirut para poner coto a los paramilitares de Amal -otro movimiento ch�a-, en 1983, "se march� a casa". "No pod�a combatir contra los m�os", admite.
Fakif se refiere a otro episodio hist�rico que guarda una cierta similitud con el proceso al que asiste ahora mismo el pa�s �rabe. Tras la invasi�n israel� de 1982, L�bano eligi� al cristiano Amin Gemayel como presidente con el apoyo de Washington, las fuerzas multinacionales desplegadas en la capital y el refrendo t�cito de Israel. El jefe de Estado hab�a firmado un tratado de paz con Tel Aviv, el 17 de mayo de 1983, que fue acogido como si se tratara de una "traici�n" por los grupos armados musulmanes.
Agrupaciones como Amal -en esas fechas Hizbul� s�lo era algo incipiente- comenzaron a enfrentarse con las fuerzas armadas hasta alcanzar el cl�max de lo que se llam� "La Intifada (revuelta) del 6 de febrero" de 1984.
Ese d�a, los milicianos derrotaron al ej�rcito en el oeste de Beirut, aprovechando la deserci�n de varias unidades de mayor�a chi� y drusa, y sentenciaron el futuro del pacto con Israel, que a�os despu�s fue anulado.
La decisi�n del actual presidente liban�s, Joseph Aoun, de reactivar las negociaciones con Israel, ha recuperado aquel funesto periodo y las voces de alarma sobre el futuro de las Fuerzas Armadas.
Durante la sangrienta confrontaci�n fratricida del siglo pasado, el ej�rcito liban�s se desintegr� al menos en dos ocasiones. Al inicio de la guerra, totalmente. Y en menor medida en 1984.
Nabil (no quiere dar su apellido) tambi�n fue soldado, pero su uniforme no era el reglamentario del pa�s, sino el que proporcionaba Israel al llamado Ej�rcito del Sur del L�bano (ESL). Aquella formaci�n fue creada en 1976 por un oficial cristiano sure�o, Saad Haddad, que desert� junto a significativo n�mero de uniformados de su propia confesi�n para establecer un territorio ajeno al control de Beirut en la frontera con Israel, asistido por los militares de Tel Aviv.
Nabil no es cristiano sino chi�. "Los mandos eran cristianos pero la mayor�a de los soldados �ramos chi�es. En el sur del L�bano, la mayor�a somos chi�es y era obligatorio que cada familia aportase a un var�n, que deb�a enrolarse en el ESL", comenta en su residencia al norte de Beirut.
La existencia del ESL es un recuerdo del caos que tuvo que afrontar L�bano durante 15 a�os, dividido en cantones, con decenas de milicias y un ej�rcito fraccionado en m�ltiples unidades independientes.
El ex miliciano liban�s, que no esconde su animadversi�n hacia Hizbul�, se suma -por el contrario- a los que opinan que el ej�rcito no puede desarmar a esa facci�n.
"Es imposible. Hizbul� tiene a mucha gente dentro del ej�rcito. Si lo intentan, volver� a dividirse", proclama.
El parecer de Nabil es desestimado por todos los ex militares consultados. Seg�n el antiguo general Khalil Helou, "tras la guerra civil" L�bano hizo "muchos esfuerzos para que las unidades del ej�rcito no fueran mayoritariamente de una u otra secta. Esa cultura qued� atr�s. Puede que haya soldados con simpat�as hacia una u otra fuerza pol�tica, pero hay mucha distancia entre la simpat�a y la deserci�n", concluye.
"Ese es el objetivo de Israel, que se divida el ej�rcito. No pasar�", le secunda Chamel Roukoz.
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