





























Bonito es un adjetivo sospechoso. No queda claro si est� ah� como sustituto avergonzado del mucho m�s rotundo e infranqueable bello o si existe simplemente a modo de reemplazo curativo del casi despectivo mono. Y pese a ello, somos muchos los que preferimos bonito a, por ejemplo, at�n. Pero eso es otro asunto. Ven a volar conmigo, el debut como director del gran y siempre extra�o John Travolta a sus 72 a�os de edad y con m�s de 100 t�tulos en su haber es esencialmente una pel�cula bonita. Algo inexplicable, extremadamente sencilla, nost�lgica tirando a rancia, narrada enteramente con el siempre sospechoso recurso de la voz en off, pero, en efecto, bonita.
Basada en un libro infantil del propio Danny Zuko, Tony Manero o Vincent Vega, como se quiera, la pel�cula recrea el tiempo dorado de aquella Arcadia rooseveltiana que se supone fueron los Estados Unidos cuando sobraba la gasolina, la gente disparaba contra los presidentes y la clase media convirti� el suburbio en fortaleza.
Lo hace, eso s�, desde el aire y en ese instante de la historia de la aviaci�n comercial -calculamos que entre los 50 y los 60- en el que los viejos y ruidosos motores de h�lices empezaban a dejar sitio a los otros, los de reacci�n. De sobra es conocida la afici�n del cineasta por todo lo que vuela. De hecho, adem�s de su proclividad, fe o lo que sea hacia la Cienciolog�a extraterrestre de L. Ron Hubbard, no hay biograf�a o perfil de Travolta que no destaque su condici�n de piloto volador.
La pel�cula cuenta el viaje equinoccial de un ni�o (Clark Shotwell) como alter ego del propio director a trav�s de una noche cualquiera de un tiempo cualquiera de un pa�s cualquier cosa menos cualquiera como Estados Unidos. De escala en escala y de costa a costa, desde la industriosa Nueva York al so�ador Hollywood, el chaval acompa�ado de su madre (Kelly Eviston-Quinnett) y con la inestimable ayuda de varias azafatas convertidas en hadas madrinas (una de ellas es la propia hija del director, Ella Bleu Travolta) dar� con hallazgos tan maravillosos como la primera clase, el pollo cordon bleu y, ya de paso, asuntos algo m�s graves como el gusto de los mayores por mentir, fumar o volverse algo locos. Ah, y el amor, tambi�n se dar� de bruces en ca�da en picado con el primer amor. Es decir, y por resumirlo mucho, lo contrario de todo lo que uno experimenta en Ryanair.
Festival de Cannes
En su libro El cine o el hombre imaginario, Edgar Morin coloca a dos inventos uno al lado del otro: el avi�n y el cine. Los dos definieron el siglo XX y los dos, adem�s de transformar el mundo, cumplieron por fin dos de las m�s viejas aspiraciones del hombre: volar, hacia arriba y hacia fuera, y volar tambi�n, pero hacia lo m�s profundo de s� en una sala oscura. Fueron, dice el pensador, dos grandes conquistas que ampliaron el sentido mismo de la realidad. Y Travolta, como no puede ser menos, le da la raz�n. Se la da en poco m�s de una hora de duraci�n (eso es lo que dura Ven a volar conmigo, una pel�cula inestrenable en una sala de cine) y se la da en primicia en Cannes momentos antes de su aterrizaje en Apple TV.
Cabe preguntarse qu� habr�a sido de esta pel�cula, tan bonita, ella, si el festival franc�s no estuviera tan desasistido como est� este a�o de estrellas de Hollywood. Cabe preguntarse eso y qu� triste destino no tendr�a un mediometraje tan caprichoso y tan bonito, �l, si no lo firmara el que lo firma. Pero tampoco hay que exagerar. Si nos diera por hacernos preguntas, no coger�amos un avi�n jam�s.

Clark Shotwell y Kelly Eviston-Quinnett, en una escena de Ven a volar conmigo, de John Travolta.APPLE TV
As� las cosas, Travolta ya puede presumir de ser quien es y de ser, adem�s de piloto, director de cine. Su debut que, la verdad, no tiene atisbos de ir m�s all�, es una f�bula narrada en un susurro tan provocadoramente na�f, as�ptica y hasta inane que si nos diera por pensar mal (que no es el caso) podr�a tildarse de reaccionaria. Ya est� bien de esa cargante glorificaci�n de un pasado que, nos pongamos como nos pongamos, solo existe en la imaginaci�n de algunos que, por cierto, no son los mejores.
Sin el virtuosismo c�nico y muy �cido de Atr�pame si puedes, de Spielberg; muy lejos del delirio de Aterriza como puedas, a a�os luz del catastrofismo de cada uno de los excesos de la saga setentera Aeropuerto, y sin el ardor sentimental y guerrero de Hotel Internacional, de Anthony Asquith (es incre�ble la cantidad de pel�culas que ha dado la aviaci�n comercial), Ven a volar conmigo es, se mire como se mire, una pel�cula bonita. Quiz� hasta mona. Nunca bella.
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