

























Lo complicado siempre es empezar. Y no lo decimos tanto nosotros, que tambi�n, como la primera ley de Newton, la de la inercia que todo lo arrastra y que no hay manera de parar. Uno se sienta a oscuras en el cine y todo lo que no sea un travelling que arranque con un primer plano de un hombre con una bomba en las manos, o con una persecuci�n policial sobre los tejados de San Francisco, o con, simplemente, una puerta que se abre al horizonte a contraluz, se antoja, como poco, perezoso.
Uno de los pioneros de este invento manten�a que una pel�cula ten�a que empezar con un terremoto y de ah�, hacia arriba. Y Rodrigo Sorogoyen hace tiempo que milita en esta creencia con fe ciega. Cada uno de sus trabajos est� bendecido por una primera secuencia electrificada.As bestas, por ejemplo, empezaba con la pelea desigual de un hombre y un caballo, y en la tensi�n puramente animal de las pieles entrelazadas se resum�a perfectamente la brutalidad callada y explosiva que vendr�a despu�s.
Lo que hace en El ser querido, la primera de las tres pel�culas espa�olas que figuran en la lista de honor de la competici�n de Cannes, roza el milagro. Cara a cara, un padre y una hija se vuelven a ver despu�s de 17 a�os. El encuentro es en un restaurante. Tienen mucho que contarse, pero les faltan las palabras. Tienen a�n m�s que reprocharse, pero les fallan las fuerzas. Les gustar�a abrazarse, pero el resentimiento es demasiado profundo y hasta evidente. Podr�an incluso pegarse, pero ser�a demasiado humillante. Y triste. Cada uno guarda una memoria muy diferente, e incompatible entre s�, de lo que llegaron a ser juntos el poco tiempo que eso ocurri�. Quiz� lo sensato deber�a ser perdonarse. Pero para entender el perd�n hace falta antes desmontar y volver a montar mil universos. Todo est� ah�. Y lo est� con un sentido de la precisi�n, de la violencia y del mismo silencio que abruman.
Cuenta el director que la escena se rod� en una sola toma, sin repeticiones y sin que los int�rpretes la preparan juntos. Cuenta eso y que se trataba de dar vida a 10 p�ginas de guion que, en verdad, no eran m�s que indicaciones de un deseo. Quer�amos un terremoto y lo tenemos. Ahora, si se hace caso a Cecil B. DeMille, solo queda tirar para arriba.
Y eso ocurre.
Festival de Cannes
El ser querido cuenta la historia de un director de cine y una actriz. �l es Javier Bardem en una de sus m�s logradas (y ya son unas cuantas) exhibici�n de s� mismo y ella, Victoria Luengo en el papel de la parte de su carrera que llega hasta hoy. Es solo el inicio. Son, ya se ha dicho, padre e hija. �l da vida a un cineasta de fama mundial que regresa a su pa�s para reconciliarse con los suyos y, lo m�s importante, consigo mismo. Quiere que la hija que tiempo atr�s abandon� sea la protagonista de su pr�xima pel�cula. Quiere algo parecido al perd�n, pero no solo eso. A ella, por su parte, le bastar�a con entender algo de lo que pas� para llegar a comprender lo que le pasa.
Lo que sigue es la historia de un rodaje de cine. Cine dentro del cine. Ficci�n contra ficci�n. Se trata de un tema cl�sico en la historia del cine que, de repente, vive ahora su momento de gloria. Como m�nimo, cuatro pel�culas notables (la de Farhadi, la de Almod�var, la de Schoenbrun y �sta) se ocupan del mismo argumento en un intento, quiz�, de huir de una realidad tan en horas bajas como la que vivimos o, mejor, de reivindicaci�n de la fabulaci�n como la �nica manera de salvarnos. Nos quedamos con la segunda opci�n. Sea como sea, el ejercicio de cine que firma Sorogoyen quiere y aspira a m�s.

Javier Bardem y Victoria Luengo en un momento del rodaje de 'El ser querido', de Rodrigo Sorogoyen.MOVISTAR PLUS+
Sobre la superficie de la pantalla, el relato del padre se da de bruces con el de ella de la misma manera que el drama familiar se sobrepone sobre el drama hist�rico que se filma dentro (dentro de dentro, se podr�a decir). La pel�cula en el interior de la pel�cula habla de un lugar del mundo desamparado por sus colonizadores. Habla de un S�hara dejado a su suerte por un pa�s, Espa�a, que simplemente se despreocup� de sus responsabilidades y deberes, los dos morales, adem�s de pol�ticos. Y lo mismo vale para una mujer que fue abandonada cuando apenas era una ni�a por un hombre que aspiraba a ser el gran cineasta que, por fin y a la vuelta de los a�os, ha conseguido ser. De la misma manera, el conflicto moral e �ntimo acaba por ser pol�tico y, por tanto, de todos.
En un depurado y magn�tico juego de espejos, el director mezcla elementos, sublima formatos y enreda mecanismos en un intento de quebrar el hilo que teje el sentido mismo de lo real. Y as�, hasta construir un laberinto formal que tambi�n lo es emocional. Si cataclismo es la escena apertura, hecatombe es el momento del rodaje rodado (todo es duplicaci�n) en el que hasta lo m�s elemental se rompe, en el que el padre que no fue se lanza en su papel de director-dictador a su �ltima y frustrada oportunidad. Se trata de un instante de inquietud y agon�a que lo es en la misma medida de simple y brutal incomodidad. La pel�cula, en sentido riguroso, no avanza, no quiere hacerlo, no estamos hablando ni de redenci�n ni del perd�n de antes. Todo obedece a un ritual repetido de incomprensi�n, dolor y renuncia. Y as�, hasta un momento final, espejo del terremoto del principio, en el que la emoci�n sencillamente se desborda. Brillante.
Lo que queda es la confirmaci�n de un director (cineasta antes que realizador) que, tras un largo viaje a trav�s de cinco pel�culas y unas cuantas series entre la desconstrucci�n del g�nero m�s cl�sico y el virtuosismo, ha encontrado su sitio. Hacia arriba. Qu� inolvidables arranques, por cierto, los de Sed de mal, V�rtigo y Centauros del desierto. Y el de El ser querido.
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