
























El 4 de abril de 2023, EL MUNDO publicó en su portada una imagen en la que se veía a Pablo Iglesias y a Yolanda Díaz sonrientemente juntos. No era una fotografía real, como este diario advertía hasta en dos elementos tipográficos para que no hubiera ninguna duda. El reencuentro cordial entre la líder de Sumar y el ex vicepresidente del Gobierno -quien la había nombrado su sucesora en Unidas Podemos para luego renegar de ella- fue posible gracias a la inteligencia artificial. El colectivo United Unknownhabía generado un deepfake de la pareja de políticos empleando varios programas. El montaje sirvió para alertar de la irrupción de esta tecnología en la vida diaria y, en consecuencia, para impulsar el debate sobre su regulación.
Justo dos años después, el 4 de abril de 2025, la revista italiana L’Espresso reveló en su cubierta que el filósofo hongkonés residente en Berlín Jianwei Xun no era una persona real. Xun se había convertido en un autor casi de culto tras la publicación de su ensayo-debut Hipnocracia. En él analizaba cómo las élites económicas y políticas emplean las nuevas tecnologías para inducir a las masas a un estado equivalente a la hipnosis y exponía los efectos de la subyugación a "un régimen que no censura ni reprime, sino que induce un trance funcional permanente mediante la modulación algorítmica de la conciencia colectiva". De paso, retrataba a Donald Trump y a Elon Musk como principales promotores de lo que denominaba "imperialismo perceptivo".
El libro había sido aplaudido por la crítica de varios países y citado en círculos académicos hasta que Sabina Minardi, redactora jefe de L’Espresso, destapó el caso. Tras acumular intentos fallidos para entrevistar al pensador asiático, descubrió que en realidad era un avatar. O, mejor dicho, una entidad filosófica híbrida nacida de la interacción entre algunos agentes de inteligencia artificial generativa -Claude (Anthropic) y ChatGPT (OpenAI)- y varias mentes humanas. Una de ellas, la del filósofo y editor Andrea Colamedici, que se presentaba como traductor de Xun.
El desenmascaramiento provocó incendios en universidades, foros digitales y medios de comunicación. Algunas voces tildaron al supuesto gurú y a su obra de estafa; otras lo consideraron una maniobra de marketing; y las menos reconocieron su talento discursivo con independencia de su naturaleza. Fue el caso de la revista tecnológica Wired, que lo definió como "una de las provocaciones intelectuales más audaces de nuestro tiempo". Colamedici (Roma, 39 años) defendió en todo momento la condición experimental del proyecto.
"Surgió gracias a una beca de investigación en la Universidad de Foggia cuyo propósito era, precisamente, evidenciar que la Filosofía necesita otras herramientas para construirse. Como reclamaba Deleuze, necesitamos inventar nuevos conceptos, pero también nuevas formas de pensar", contextualiza por videollamada desde Roma. "Después de la revelación sobre su identidad, cuando lo expliqué todo, a muchos les costó seguir creyendo en las tesis de Hipnocracia. Una de las cosas que más me fascinó fue que una persona que había dicho que las ideas expuestas eran interesantes luego alegó que eran equivocadas porque habían sido escritas por una IA", añade entre el desengaño y cierta sorpresa.
El alegato de Colamedici, no obstante, se situaba en una zona gris tanto en el plano ético como en el legal. De hecho, contravenía el Reglamento Europeo de Inteligencia Artificial (IA Act), que considera infracción grave no etiquetar de forma clara textos, vídeos o audios generados con herramientas automatizadas. Hipnocracia omitió dicha información deliberadamente.
Pues bien, a pesar del revuelo, o precisamente por él, Jianwei Xun está de vuelta. "Nunca se concibió como una performance aislada", aclara su principal ideólogo. El nuevo ensayo del colega postizo de Byung-Chul Han y Yuk Hui se titula Pensar con prompts. Una crítica de la razón generativa (Ed. Rosamerón, igual que el título anterior) y anima a reflexionar sobre la transformación cognitiva que estamos viviendo. Una reconfiguración en la que el prompting -la habilidad de hablar el mismo idioma que los chatbots de IA y de obtener de ellos información o resultados de calidad a partir de una consulta precisa y no de una pregunta vaga- está dejando de equivaler a un googleo alternativo o a una ayuda adicional para planificar las vacaciones. Está convirtiéndose en un acto de renuncia intelectual con tintes de ofrenda ritual, con los agentes conversacionales transfigurados en oráculos contemporáneos.
Colamedici se aparta en el regreso de Xun de la percepción reduccionista de la inteligencia artificial generativa. "La idea es atraer a un lector que se plantea preguntas adicionales y no se conforma con escuchar la misma cantinela sobre lo que es feo y malo o sobre lo que es bello y extraordinario. Que piensa en establecer una relación diferente con esta tecnología porque sabe que tendrá que lidiar con ella en los próximos años. Y que detecta los riesgos que implica una constante delegación del ejercicio del pensamiento", explica.
Pensar con prompts se divide en dos partes. La primera es de carácter teórico y pasa revista a las implicaciones de la confrontación humana con la inteligencia algorítmica. Sostiene Jianwei Xun que el resultado de dicho encuentro no es una transformación técnica, sino una mutación antropológica. La entidad filosófica se hace eco de un fenómeno que otros investigadores llaman "atrofia cognitiva inducida por la IA" y enfatiza cómo la aceptación pasiva de las respuestas facilitadas por los chatbots está mermando el pensamiento crítico: hasta el 40% de sus usuarios asume que todo lo que le presentan es incuestionablemente cierto.
Esto supone un punto de inflexión en la relación humana con la tecnología. Lo dijo el poeta Paul Valéry: "Lo que miramos con más frecuencia, lo pensamos menos". Las generaciones anteriores podían relacionarse con los avances de su tiempo sin entender en qué consistían: cualquiera puede conducir un coche sin tener la más remota idea de mecánica. Con la IA, en cambio, la ignorancia tiene repercusiones directas en la capacidad de evaluación. Quien no entienda mínimamente cómo un modelo genera respuestas no podrá detectar cuándo el prompting está satisfaciendo sus intereses... o cuándo está satisfaciendo intereses ajenos.
"Vivimos en un mundo cada vez más dependiente de plataformas privadas para las que el otro es un competidor"
La segunda parte del ensayo es más interesante si cabe, ya que permite ver la trastienda -o las tripas- del experimento a través del diálogo de Colamedici con ChatGPT, DeepSeek y Claude. Son intercambios cosquilleantes en relación a cuestiones como la autoconciencia, la explotación comercial, la hipervigilancia o la soberanía tecnológica que buscan animar al lector a manejar esta tecnología como trampolín para pensar más hondo.
El cocreador de Jianwei Xun afirma que en la actualidad ya no se puede hablar de herramientas, sino de atmósferas cognitivas o infraestructuras que dan forma a nuestro pensamiento y lo modifican. "La hipnocracia nos obliga a vivir en una época en la que nuestras ideas nacen preconfiguradas por el entorno. Esta dinámica nos obliga a afrontar algo terrible: la desaparición de la realidad. Cada vez resulta más difícil reconocer lo que es real. Los deepfakes nos abocan a perder lo que Vilém Flusser llamó 'lo dado'. Es decir, el reconocimiento de que los objetos producen nuestra identidad. En un mundo donde el porcentaje de textos, imágenes, sonidos y vídeos falsos es creciente, perdemos la capacidad de producir identidad y de generar intensidad en nuestra existencia. Todo se nos escapa de las manos como si fuera una pastilla de jabón", compara. Insiste en que cuando nos sometemos a una infraestructura cognitiva, lo hacemos a una forma de imperialismo que determina nuestro corpus de valores. "Nos dice no sólo qué pensar, sino cómo hacerlo y, por lo tanto, nos imbuye de valores que muy a menudo son populistas, de derechas o de izquierdas, pero que en cualquier caso son una forma de no-pensamiento".
Como contraveneno, Colamedici insta a practicar la razón generativa. "Y eso implica intentar seguir pensando, usar la IA como un sparring para el debate filosófico, no conformarse con el mundo tal como se nos presenta y desarrollar estrategias de supervivencia digital, dado que pasamos tanto tiempo en un mundo cada vez más difícil de controlar. Un poco como el que describió Borges en su relato Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Debemos ser capaces de distinguir el objeto real del hronir, como el escritor argentino llamó al objeto que lo reemplaza. Para ello, debemos desarrollar nuevas capacidades cognitivas que tienen que ver, sobre todo, con el reconocimiento de la realidad, una cualidad que muchos dan por sentada pero que no es innata. También necesitamos formación para usar estas herramientas y así evitar que nos usen a nosotros. Sé que suena a cliché, pero es crucial. Quien crea que puede salir ileso de esta época porque posee una cultura basada en el conocimiento y, por lo tanto, no necesita actualizarse, está perdido".
"Un profesor que manda deberes ya no puede evaluar sólo lo que le entregue el alumno. Además, los exámenes deben ser orales"
Colamedici es una bienhumorada avalancha con barba. Un tipo para el que los días tienen 25 horas y que aboga por una perspectiva y una metodología que se ha ganado la admiración de Derrick de Kerckhove, antiguo colaborador y actual albacea del legado de Marshall McLuhan. El italiano acaba de crear una herramienta (LinkedIA) que detecta y analiza las publicaciones escritas sobre IA en la plataforma de networking. Comenta que apenas días tres días de la entrevista publicará -esta vez con su nombre real- el ensayo Arcipelago delle realtà (Alfabeto). Y avisa de que, nada más apagar el portátil, saldrá zumbando para la Academia de las Artes y las Nuevas Tecnologías de Roma (AANT) para participar en la conferencia Defensa frente a las artes oscuras, programada en el curso anual que imparte el colectivo creador de Jianwei Xun. En él figura la también filósofa y pedagoga Maura Gancitano, corresponsable tanto del entrenamiento de Xun como de la fundación de la editorial Tlon, además de su esposa.
Las reflexiones de ambos se entremezclan en la segunda parte de Pensar con prompts. Sobre todo, en el capítulo que transcribe el toma y daca dialéctico con ChatGPT, donde se expone una de las denuncias más contundentes del ensayo: la estratificación del acceso a la IA. Por un lado están los modelos al alcance del público general -gratis, aunque cada vez con más limitaciones, o mediante suscripción- y, por otro, los modelos sólo disponibles para el conglomerado industrial-militar. Un trasvase de lo tecnológico a lo político que, alerta Colamedici, favorece la desigualdad social y la concentración de poder.
De momento, Pensar con prompts se ha publicado en inglés y en castellano. Colamedici especifica que le gustaba la idea de su ensayo que viajara primero por los mundos anglo e hispano parlantes antes de que lo hiciera en su lengua vernácula. Tal vez el escándalo de Hipnocracia tenga que ver. O tal vez no. El autor confiesa que algunos lectores le envían sus conversaciones con ChatGPT o Claude en las que se desafían mutuamente.
"Es hermoso descubrir que se puedan emplear estas herramientas para algo tan vital como la producción de significado", enfatiza. "El filósofo y el teórico de la conspiración empiezan planteándose los límites del mundo. La diferencia es que el primero, como el científico, emprende un viaje de descubrimiento y el segundo se conforma con la posibilidad de una realidad alternativa y compra cualquier narrativa que no sea la oficial. El problema es que en el mundo actual hemos dejado de dudar. La sociedad debería proteger a quienes la cuestionan para evitar que proliferen los charlatanes, los hechiceros y demás seres esotéricos a los que les han dicho que el mundo es demasiado complejo como para comprenderlo. Necesitamos que alguien diga que la complejidad es hermosa. Que estudiar es agotador, pero que ese esfuerzo es lo que nos mantiene vivos. Es como la sensación de recompensa que te invade cuando acabas un libro o terminas una carrera de larga distancia. Paradójicamente, si se usan adecuadamente, unas herramientas que pueden ser letales para el pensamiento, puede hacer que nos sintamos más vivos.
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