

























Daniel Luque dio una brillante lecci�n de bienhacer, de solidez, cabeza y t�cnica, y marc� la diferencia, frente a las bonitas cosas de Juan Ortega y Pablo Aguado, que supieron a demasiado poco, finalmente tan inconsistentes. La est�tica como fin en s� misma es est�ril. A la lujosa corrida de Juan Pedro le faltar�an notas de bravura y poder -y la atacar�n por esto-, pero no le falt� la nota de la clase. De hecho, fue la corrida de m�s clase de la feria. Luque cort� una oreja a un toro al que puso donde no llegaba, y Ortega y Aguado dibujaron momentos so�ados, �ay!, ante dos juampedros precisos para ellos, �en Sevilla!.
Hab�a abierto la corrida uno de los dos toros cinque�os de Juan Pedro, con una seriedad apretada, as� acodado, cuajado, algo atacado de kilos, con buen aire ya de salida, cuando Daniel Luque, despu�s de una tijerilla y otra fallida, traz� el saludo capotero m�s frondoso de toda la feria. Una senda de ver�nicas hasta la misma boca de riego, crecientes en su expresi�n y en su ritmo. El juampedro sali� de aquellos doce templados lances pidiendo una botella de ox�geno. Ese temple de la embestida auguraba poquito fondo para tan buen estilo. Luque lo sab�a y lo cuid� en el caballo, s�lo marcados los puyazos. La faena —brindada a Ortega y Aguado— se resumi� en el mimo, la media altura, los tiempos entre series, los pasos perdidos en ellas. Todas esas cosas de buen torero para el toro no animaron su esp�ritu, cada vez a menos. Una estocada contundente y fin.
Desde el contraste del cuajo del primero, todo lo dem�s se vio liviano, muy bonito, alguno por dem�s. Como fue el caso del colorado cuarto, tan lavado, un cuello magn�fico. Lo que le faltaba a su clase de empuje y entereza lo puso Daniel Luque con la elecci�n exacta de los terrenos, con paciencia, a golpe de su prodigiosa mu�eca. Para darle el celo, el ritmo y el son, jugando los vuelos. Se trabaj� la brillantez, el talento, en laboriosa faena. Una larga y sabia pieza creciente, de ir haciendo, de alcanzar cotas al natural extraordinarias, ese final luminoso, pero antes tambi�n por la mano derecha. Y al final por las dos manos, sin la ayuda, en las luquecinas y m�s. A veces Luque va tan sobrado que no se da importancia, teni�ndola toda. Un aviso cay� antes de coger la espada. Revent� al toro con una estocada pasada y se alz� con una oreja ganada a pulso. Nunca mejor dicho.
La esmerada selecci�n de juampedros dio calidad. A Juan Ortega no le vali� el lindo segundo, escaso de poder pero con su estilo afinado. Le falt� embroque a todo lo que sac� Ortega para hacer —de las chicuelinas con la mano alta, por Chicuelo de verdad, lo mejor fueron las cordobinas—; de la faena al toro tr�mulo, con su chispa, s�lo qued� en pie una tanda en redondo. Otra historia fue el quinto, un toro notable, tan de soltarse; el sevillano interpret� un principio de faena original, en los mismos medios, no s� si conviente: un molinete de apertura, otro, hasta que lo recogi� o cogi� la cara rodilla en tierra, genuflexo, extraordinariamente torero. Pero la faena sigui� ca�tica de terrenos, donde fuese, toreando para �l, pero no para el toro, en aquellas tandas de redondos tan est�ticas. No hubo orden, el toro quiz� se acabase antes de hora y todo cay� a plomo. Como suele, no hay una bajada amortiguada. Lo bonito supo a demasiado poco.
Aquel tercero, de nombre Rugidor —impropio nombre para sus finos mimbres—, descolgaba primores, especialmente por su pit�n izquierdo. Pablo Aguado lo sinti� pronto con el capote, bellamente volado hasta la media. �Qu� feria ha echado Espartaco a caballo! Maravill� el principio de faena de Pablo: los ayudados de rodillas, tan arrebatados y sabrosos, y sobre todo cuando solt� la izquierda. �Oh, qu� dos muletazos barriendo el albero! �Y el molinete zurdo! B�rbaro. Esa mano era para ofrecerla ya, para hacer la faena entera al natural. Pero Aguado propuso la derecha, mal, dos series sin comp�s. La hermosa trinchera le dijo otra vez por d�nde se encontraba la mina de oro. Cuando quiso la zurda, brot� el toreo: dos naturales enormes, dos. Todo lo dem�s, perlas tard�as, inconexas. Se le resbal� la mano de la empu�adura y se cort� en un pinchazo; cobr� la estocada y salud� una ovaci�n. Supo a demasiado poco tambi�n.
El sexto toro, el otro cinque�o de la corrida, tambi�n sub�a con su trap�o. Lo sangraron a modo en el caballo. A media altura tuvo su trato. Pablo Aguado anduvo alrededor de �l con el buen gusto que le caracteriza. Hasta que se ech�. Dos pinchazos. Nada.
Alcanz� la nueva empresa de Garz�n el noveno cartel de �no hay billetes�, que no es n�mero balad� por ser la misma cifra que se colg� en las taquillas de la Maestranza durante toda la temporada pasada.Promete pero debe cuajar. Quedan dos d�as, el Corpus y San Miguel.
PLAZA DE LA MAESTRANZA. Viernes, 24 de abril de 2026. 13� de feria. Lleno de "no hay billetes". Toros de Juan Pedro Domecq, dos cinque�os -1� y 6�-, los m�s serios de un hechurado y bonito conjunto; de m�s clase que bravura y poder.
DANIEL LUQUE, DE TABACO Y ORO. Estocada (silencio); estocada pasada. Aviso (oreja).
JUAN ORTEGA, DE PALO DE LILA Y ORO. Pinchazo y pinchazo hondo (silencio); pinchazo y estocada (saludos).
PABLO AGUADO, DE CALDERO Y ORO . Pinchazo y estocada (saludos); dos pinchazos y se ech� (silencio).
此内容由惯性聚合(RSS阅读器)自动聚合整理,仅供阅读参考。 原文来自 — 版权归原作者所有。