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Fátima llegó a Madrid a finales de 2023. O al menos eso decía. Contaba que venía de un pueblo de Córdoba huyendo de una relación tóxica, que vivía con su tía en Coslada y que había pasado más de un año encadenando «turnos precarios» en una pizzería. Parecía una activista más de las muchas que empezaron a aparecer entonces en las asambleas propalestinas de Lavapiés y en distintos movimientos sociales de la izquierda madrileña. Según el relato reconstruido por el Movimiento Antirrepresivo de Madrid, aquella joven aparentemente desorientada y recién llegada al activismo era en realidad una agente infiltrada de la Policía Nacional con una identidad falsa cuidadosamente construida para la misión.
La historia fue relatada durante una charla celebrada en el salón de actos de la librería Tipos Infames. Allí, un portavoz del Movimiento Antirrepresivo explicó durante más de media hora cómo conocieron a la joven, cómo logró introducirse en distintos colectivos y cómo terminó cayendo tras amenazar a una persona de su entorno real más íntimo con una frase que hizo saltar todo por los aires: «Llamo a mi superior y te meto un paquete y un marrón que flipas y no necesito pruebas ni nada».
Fátima —esa era su identidad encubierta— tuvo como puerta de entrada las movilizaciones por Palestina del otoño de 2023. «Se acerca a los movimientos políticos de la capital a través de convocatorias públicas abiertas contra el genocidio en Gaza», relató el portavoz. Primero comenzó a frecuentar asambleas y manifestaciones en Lavapiés. En una de aquellas protestas, según ha podido comprobar GRAN MADRID, llegó incluso a ser fotografiada repartiendo octavillas durante una movilización celebrada el 2 de diciembre de 2023.
Desde ahí empezó a dejarse ver en concentraciones y colectivos madrileños como el Movimiento Antirrepresivo, al que se acercó en febrero de 2024 durante una protesta de apoyo a tres jóvenes juzgados por una manifestación de 2019. «Viene diciendo que le hemos dado un panfleto», recordó el activista. Poco a poco fue entrando «muy hasta el fondo» en varias organizaciones. Llegó a participar en tareas de seguridad durante una manifestación propalestina celebrada el 25 de febrero de 2024 y también se infiltró en el Sindicato de Inquilinas de Madrid, donde volvió a aparecer durante el desahucio frustrado de Zohra, en el número 31 de la calle Zurita. En este sentido, desde el Sindicato organización precisan que Fátima actuó como infiltrada en acciones del grupo en las que se pretendían frenar desahucios pero que no asistió a reuniones organizativas internas.
El personaje estaba cuidadosamente construido. La falsa Fátima se mostraba insegura, como alguien que «no entendía mucho de política». «Como que se hace un poco la tonta», resumió el portavoz. Hablaba de su hermana, enseñaba fotografías familiares y relataba problemas sentimentales o laborales. «Tuvo problemas en la pizzería y nos lo contaba», recordó.
La clave de aquella infiltración, según quienes convivieron con ella, fue precisamente esa apariencia de normalidad. «Silvia estuvo un año poniendo pizzas», explicó el activista. «Le costaba trabajar los fines de semana, hacer comidas, los turnos...», añadió al describir la rutina laboral que sostenía aquella identidad falsa.
Según el relato expuesto durante la charla, la infiltrada llegó incluso a participar en protestas contra actuaciones policiales. Durante las acampadas palestinas en la Complutense, «recibe porrazos de sus compañeros y nos lo cuenta sorprendida: 'Estamos aquí con gente que no ha hecho nada y nos han pegado'», recordó el portavoz.
Pero con el paso de los meses comenzaron a aparecer detalles que desentonaban. «De repente controlaba el mapa militante de Madrid tremendo», explicó el activista.
Aun así, su caída no llegó por ningún protocolo interno de seguridad. Llegó por un problema personal con un amigo íntimo. Según explicó el portavoz, se trataba de una persona «muy cercana» a la agente, que conocía sus dos identidades y a la que llegó a «amenazar»: «Llamo a mi superior y te meto un paquete y un marrón que flipas y no necesito pruebas ni nada», relató el activista citando el mensaje que recibió aquel amigo, que terminó «aterrorizado» y decidió delatarla a través de Instagram. «Esta tal Fátima que tenéis ahí es Policía Nacional», les escribió.
A partir de ahí, varios activistas comenzaron a reunirse con él. Les enseñó mensajes que desmontaban la leyenda y en los que la infiltrada llegaba a referirse a las asambleas como «trabajo». Tirando del hilo en redes sociales y cruzando distintos datos, localizaron perfiles familiares y el supuesto nombre real de la agente, cuya identidad aparece vinculada a una promoción reciente de la academia de la Policía Nacional.
La confrontación definitiva llegó durante una conversación informal. Un militante cercano a ella la citó para tomar algo y, en mitad de la charla, le lanzó una pregunta directa: «Oye, [su nombre real], ¿qué tal llevas la Comisaría?». Entonces, según el relato expuesto durante la conferencia, la infiltrada reaccionó negándolo todo antes de plantear una única pregunta: «¿Tenéis pruebas?». Finalmente desapareció.
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