Abandonó Madrid y en Valencia fundó Bamba, una editorial independiente que rescata la obra de escritoras de éxito que cayeron en el olvido. Ha digitalizado la obra de Elena Quiroga y traduce premios Pulitzer inéditos al español.

La editora de Bamba, Raquel Bada.
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- Si le dan un texto sin firma, ¿puede distinguir si lo escribe un hombre o una mujer?
- Creo que sí. Por la sensibilidad, por los temas y por cómo narran los personajes femeninos. Me incomoda cuando los autores contemporáneos tienen como protagonista a una chica de 16 años que está de viaje por Italia, como uno al que conocí el otro día. ¿Qué puede él narrar sobre esa experiencia? De todo lo que puedes elegir, ¿escoges a una adolescente? Prefiero que me lo cuente una autora. En esta fase, me llena más esa manera de indagar. Las autoras que publicamos venían del futuro: arriesgaban muchísimo, tanto por los temas como por el estilo. Requería valentía. Lo tenían más difícil, desde Elena Quiroga a El Opoponax. Es una mirada que no se arredraba. Encontraban la forma de tratar sus propios temas pese a, como sucedía en España, la censura. Publicar como ellas hacían exigía maestría literaria. Conectan con la lectora de hoy con preguntas actuales.
- Hay una tendencia a la frase corta, la página en blanco con un parrafito, la emulación de mensajes de WhatsApp. ¿Se requiere un esfuerzo extra para introducirse en esta literatura?
- Debe haber una predisposición, desde luego. Nuestras ediciones lo exigen. No invitan a llevarte el libro a la playa. Pero entiendo que el mercado responde a los tiempos y hoy se conecta más con una escritura inmediata que no requiere esfuerzo mental. Se ve incluso en la adaptación cinematográfica de Cumbres borrascosas. Han prensado los tres temas básicos para que todo se entienda rápido.
- ¿Se romperá la asociación de la mirada femenina a lo íntimo?
- Tengo amigas que escriben ficción que no están viviendo un buen momento literario porque lo que quieren de ellas es que escriban sobre la maternidad o las amigas. El editorial es un mercado como cualquier otro y es lo que demanda. Ojalá también se valore la ficción pura, como la de Ursula K. Le Guin o Shirley Jackson. Sylvia Plath también era una gran estudiosa de los clásicos y en su verso Toda mujer adora a un fascista hay mucho juego literario, pero frente a la obra de Ted Hughes, su marido, su poesía se leía siempre en clave autobiográfica.
- Intimidad, tres generaciones en una familia, maternidad. Hay críticos que se burlan de los temas que eligen las mujeres. ¿Cuál es el estereotipo de la literatura masculina?
- No se les encasilla tanto. Se les deja mayor libertad creativa. Pueden manejar cualquier tema sin un cuestionamiento.
- ¿Quizá debe dejar de buscarse su validación?
- Nosotras no la ansiamos. Cuando editamos a Elena Quiroga, avisamos a la RAE. Fue la segunda novelista con una silla en la Academia. Su respuesta fue que como ya había sido publicada, ya había sido reivindicada. Pero su obra estaba descatalogada. Antes se estudiaba en el colegio. Algo me hizo clic: supe que ése no era el circuito. Sólo hay que ver quién está dentro y quién fuera. Pondremos el esfuerzo en los lugares y personas que comprendan lo que hacemos.
- Dice Irvine Welsh que los hombres han perdido empatía porque ya no leen novelas. ¿Qué hay de cierto en la asociación?
- Estoy de acuerdo. Los prejuicios se trabajan leyendo y conociendo a personas ajenas a tu círculo. La ficción te conduce allí. Si los hombres la leen menos, van a abrir menos mundos. Quizá la novela se asocia a un pasatiempo femenino, a un arte menor frente a la filosofía, el ensayo, a la optimización del tiempo.
- Pero como decía María Pombo: ¿nos hace mejores ¿Se corre el riesgo de sobresacralizar el libro?
- Siempre aporta. El momento que provoca, que te aparta de todo y obliga a concentrarte, es bastante sacro. Nosotras entendemos el libro físico como algo que merece perdurar. Veo el estado en el que se puede encontrar hoy la obra de Quiroga, premio Nadal, y se me rompe el alma. Su primera digitalización la hemos hecho nosotras. No edito autores, pero dudo que con premios masculinos suceda lo mismo. Buscamos una edición concreta para que sea un momento de placer. No queremos abaratar costes porque luego lo demás va en cascada. Aparecen muchos prejuicios. Un impresor vio la cubierta de Lo que ahora somos, de May Sarton, en la que pusimos a una mujer de pelo blanco, y dijo que no se vendería. Hoy es, junto con Cometa rojo, la biografía de Plath, uno de los más vendidos.
- Y desde 2020 solo la ha entrevistado un hombre.
- Manuel Mateo, de 'Publishers' y Tintablanca, si no me equivoco.
- Se publican más de 250 libros al día en España. ¿Qué es un éxito para una editorial pequeña e independiente?
- Primero, hacerse un hueco en las librerías. Compites con muchas novedades y con autoras vivas, que, quieras o no, es un plus. Y ver cómo de libros que se publicaron hace dos años sigue habiendo reclamo. Estas autoras tienen en común que alcanzaron en su momento el éxito literario, pero han sido olvidadas. Están avaladas, con idiomas y temas propios. Con los herederos de Elena Garro, por ejemplo, me puse en contacto en 2022 y me respondieron al correo dos años después. Una me lleva a otra, como una matrioshka. Por eso a los hombres los leo para dormir: logran que desconecte del trabajo.

























