Reino Unido
No ha conseguido el primer ministro brit�nico impulso para su mandato con las novedades de un Discurso del Rey fijado en una fecha muy pol�mica

Carlos III lee el Discurso del Rey este mi�rcoles en Westminster.AP
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Adelantaba el medio Politico una informaci�n naturalmente no confirmada ni por Downing Street ni mucho menos por Buckingham pero que resulta muy veros�mil a poco que se conozcan los usos de la Monarqu�a brit�nica. Al parecer, asesores cualificados del rey Carlos III habr�an consultado en los �ltimos d�as a altos representantes de la oficina del primer ministro, incluida la secretaria del Gabinete Antonia Romeo, si era correcto seguir con la pomposa ceremonia de apertura del Parlamento por parte del monarca, en medio de la guerra civil del laborismo. "No queremos formar parte de esta crisis, no nos involucren", habr�a sido la demanda de Palacio, siempre seg�n Politico, que obtuvo como respuesta del Gobierno que era "constitucionalmente correcto" que todo siguiera su curso seg�n lo previsto.
Lo cierto es que ni la majestuosa corona imperial ni la t�nica de Estado con bien de armi�o ni el vistoso recorrido de Sus Majestades en vetusta carroza entre los palacios de Buckingham y Westminster para pronunciar el Discurso del Rey ocultaron lo embarazoso de la situaci�n para el soberano, obligado como exige la tradici�n a presentar el programa del Gobierno al Parlamento para la nueva legislatura, a pesar de que la ciudadan�a del Reino Unido s�lo se pregunta a estas horas si Keir Starmer ser� capaz de llegar como primer ministro no ya al final del a�o sino qui�n sabe si a final de semana.
El l�der laborista recurri� a una a�agaza que ha puesto en tan comprometedor brete al rey con el objeto de intentar jugar con los tiempos, aunque a la postre nada le ha salido como pretend�a al inquilino de Downing Street. Y es que el Ejecutivo fij� la fecha de apertura del Parlamento para este 13 de mayo precisamente porque ya anticipaba un p�simo resultado en las elecciones locales de Inglaterra y regionales en Gales y Escocia, y en el equipo de Starmer se confiaba tanto en dificultar las intrigas de los diputados durante unos d�as, dado que no hay sesiones en Westminster previas al Discurso del Rey, como en poder relanzar su mandato a trav�s de las novedades presentadas en el programa le�do por el monarca.
Al final todo fue un monumental error de c�lculo de Starmer. La guerra en el grupo laborista prendi� desde el mismo fin de semana, y el lunes y el martes se vivieron momentos de extraordinaria presi�n para tumbar al premier. Y se ha llegado a tal excepcionalidad que Starmer incluso tuvo que apurar los minutos del mi�rcoles por la ma�ana mientras en Palacio abrillantaban la corona imperial para tomarse a la desesperada un caf� con su titular de Sanidad, Wes Streeting, tratando de convencerle para que no dimita, en un gesto muy criticado por la prensa brit�nica en general por suponer una aut�ntica descortes�a con la familia real mezclar pol�tica con la pompa de Estado en la jornada institucional m�s importante para el rey de cada a�o.
Lo de utilizar al jefe de Estado con intereses partidistas ocurre con demas�a en las Monarqu�as parlamentarias y desde luego no es una excepci�n el Reino Unido. Aunque la consideraci�n que all� se tiene de la Corona por parte de las formaciones pol�ticas hace que manejos como �ste de Starmer resulten especialmente mal vistos. Hasta tal punto que existen precedentes en la historia reciente como el episodio de 2015 cuando Westminster, Downing Street y Buckingham llegaron a tener sobre la mesa un plan de contingencia para la apertura del a�o parlamentario en el que se contempl� que fuera el l�der de la C�mara de los Lores y no la entonces reina Isabel II quien leyera el Discurso, dado que se celebraron en mayo de aquel a�o unas elecciones ante las que las encuestas auguraban una gran fragmentaci�n que iba a complicar mucho la formaci�n de Gobierno, y no conven�a que en un clima de incertidumbre la soberana se viera salpicada por las cuitas partidistas. Al final no fue as�, ya que David Cameron obtuvo una sorprendente mayor�a absoluta e Isabel II abri� el ciclo de sesiones con normalidad.
Tres veces s�lo en 70 a�os de reinado falt� la longeva monarca a la apertura del Parlamento: en 1959 y 1963, por estar embarazada del pr�ncipe Andr�s y del pr�ncipe Eduardo, respectivamente; y ya en primavera de 2022, por problemas de movilidad, poco tiempo antes de su muerte.
La a�agaza de Starmer recuerda, aunque con menor gravedad, al aprieto en el que puso otro primer ministro, el populista Boris Johnson, a Isabel II en 2019, tambi�n en un asunto parlamentario. El premier dio un golpe maestro entonces para evitar que la oposici�n detuviera un Brexit sin acuerdo, solicitando a la reina que suspendiera el Parlamento entre el 9 y el 12 de septiembre y hasta el 14 de octubre de aquel a�o, lo que la soberana no tuvo m�s remedio que aceptar. Aquello gener� un enorme debate de especialistas constitucionalistas y no pocas cr�ticas al dirigente conservador. Y, de hecho, la Justicia dictamin� con posterioridad que hab�a abusado de sus poderes. Pero �l ya se hab�a salido con la suya y no le import� embarrar a la Corona. A Starmer tampoco, aunque �l no parece que est� consiguiendo su prop�sito precisamente.





























