Referente internacional en salud femenina y longevidad, la doctora Shepherd forma parte del recientemente constituido Consejo Asesor Científico Internacional de SHA
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Jessica Shepherd, ginecóloga y obstetra.Sergio González Valero
Ginecóloga y obstetra estadounidense, referente internacional en salud femenina y longevidad, autora del libro 'Generation M: Living Well in Perimenopause and Menopause' y colaboradora habitual de programas de televisión de máxima audiencia como 'Good Morning America', Jessica Shepherd destaca por su enfoque integrativo basado en la evidencia científica de la salud hormonal, el bienestar sexual y la medicina preventiva.
Miembro del recientemente constituido Consejo Asesor Científico Internacional de SHA —integrado por expertos de reconocido prestigio en el ámbito de la salud, cuya misión es supervisar la base científica y la evolución innovadora de este referente mundial en longevidad, con sedes en el Mediterráneo español y el Caribe mexicano y, próximamente, en Emiratos Árabes Unidos-, la doctora Shepherd defiende que "la longevidad debe integrar plenamente la salud de la mujer en todas las etapas de su vida", un enfoque en el que, añade, "SHA se encuentra en una posición única para impulsar un cambio sostenible, integral y orientado a la verdadera optimización de la salud".
- Tradicionalmente, la menopausia se ha abordado casi exclusivamente como una transición reproductiva. ¿Por qué ha tardado tanto en cambiar esa visión desde el punto de vista médico?
- Creo que esto está profundamente relacionado con la manera en que la sociedad ha percibido históricamente a las mujeres. Durante mucho tiempo, su valor se ha asociado casi exclusivamente a sus años reproductivos. Cuando esa etapa termina, surge una pregunta implícita: «¿qué lugar ocupan ahora las mujeres?», especialmente en lo que respecta a su salud. Comprender lo que sucede después requiere investigación, datos y una mirada que tenga en cuenta cómo evoluciona fisiológicamente la vida tras el final de la etapa fértil. Sin embargo, durante décadas ha ocurrido justo lo contrario: ha habido una notable falta de atención y de conocimiento. A todo ello se suma el componente social. La menopausia ha estado rodeada de silencio y, en muchos casos, de vergüenza. No se hablaba de lo que ocurría por miedo, pudor o, simplemente, porque el entorno no facilitaba ese tipo de conversaciones. Como resultado, este tema permaneció invisibilizado durante mucho tiempo.Hoy, afortunadamente, estamos viviendo un momento de cambio. La salud de la mujer empieza a ocupar el lugar que merece, ganando protagonismo tanto en la investigación como en el debate social. Cada vez más, las mujeres sienten que pueden hablar abiertamente de esta etapa y, cuando se les da espacio, la conversación surge de forma natural. Las hormonas han dejado de ser un tema tabú y contamos con una base científica mucho más sólida sobre su impacto en la salud a largo plazo. Esto nos permite no solo ofrecer a las mujeres un espacio para comprender y vivir esta fase con naturalidad y orgullo, sino también poner a su alcance herramientas y recursos que ayuden a amortiguar o gestionar los efectos de las fluctuaciones hormonales.
- Toda esta 'revolución' era muy necesaria y está fenomenal, pero... ¿Hasta qué punto se está ayudando a la mujer o se la hace sentir como si estuviera enferma? ¿Estamos medicalizando la menopausia?
- Sí y, a veces, cuando hablamos de síntomas, puede parecer que hay algo 'mal' en nosotras. Todas las mujeres van a pasar por la menopausia y los síntomas de los que se habla son reales. Pero la clave está en cómo comunicamos esa realidad. Es cierto que, cuando algo empieza a visibilizarse, genera mucha conversación, lo cual puede ser positivo, porque muchas mujeres se identifican, piensan "eso también me pasa a mí". Sin embargo, también puede producir la sensación de que hay algo que no funciona bien dentro de ellas. Por ello, el mensaje debe afinarse. Biológicamente, la menopausia es una transición natural. Se pueden tener síntomas o no, pero forma parte de la vida. Lo importante es que ahora contamos con las herramientas para acompañar ese proceso, en lugar de transmitir que es algo negativo. Creo que en los próximos años iremos ajustando mejor este lenguaje y esta narrativa. Es cierto que todavía nos encontramos en una fase inicial, pero hay muchos profesionales comprometidos con cambiar esa percepción. El objetivo es que la mujer pueda vivir la menopausia con normalidad, sin sentirse enferma y, si experimenta síntomas, que entienda que es algo natural y que existen soluciones.
- Una de las cosas de las que menos se habla es, precisamente, tu especialidad: cómo cambia el cerebro en esta etapa...
- Durante la menopausia se producen numerosos cambios en el cerebro, principalmente como consecuencia de la disminución de hormonas como el estrógeno, la progesterona y la testosterona. Estas variaciones hormonales no solo afectan a la salud cerebral, sino también a lo que denominamos resiliencia emocional. Por ejemplo, la regulación del estado de ánimo y de la memoria -procesos vinculados al hipocampo- se ve alterada con la caída de los niveles de estrógeno. Esto ayuda a explicar el aumento de la incidencia de ansiedad y depresión en esta etapa. Asimismo, la calidad del descanso también se ve comprometida debido a trastornos del sueño, lo que repercute directamente en la capacidad de recuperación del organismo. En conjunto, todos estos cambios ponen de relieve la importancia del papel de las hormonas. Ya no se trata únicamente de síntomas aislados, sino de una experiencia global que afecta a todo el organismo. La evidencia disponible apunta cada vez con mayor claridad a que puede tener efectos beneficiosos, no solo durante la transición, sino también a largo plazo. No obstante, obviamente, la decisión de recurrir o no a la terapia hormonal sigue siendo personal.
- Justamente esa era mi siguiente pregunta: ¿puede la terapia hormonal convertirse en una herramienta de longevidad para la mujer?
- Sí. Cuando hablamos de longevidad, debemos entender que, como hemos señalado anteriormente, durante mucho se había reducido la menopausia a un tema puramente reproductivo. Sin embargo, hoy sabemos que existen receptores de estrógeno, progesterona y testosterona en todo el cuerpo: en los músculos, los huesos, el intestino, el corazón y, por supuesto, en el cerebro. Por tanto, cuando disminuyen estas hormonas, todos esos órganos se ven afectados. Actualmente, las mujeres viven más que nunca, pero hay un periodo crítico -de unos 15 a 20 años, aproximadamente entre los 50 y los 70 u 80- en el que empiezan a aparecer muchas enfermedades. Ese 'vacío' tiene mucho que ver con no tener los niveles hormonales adecuados. ¿Por qué? Porque, a consecuencia de ello, disminuye la densidad ósea, lo que puede llevar a la osteoporosis; se pierde masa muscular, lo que provoca fragilidad; y también se ve afectada la salud cerebral, con problemas de sueño y deterioro cognitivo que pueden derivar en demencia. Alcanzar el equilibrio hormonal durante la menopausia es esencial para vivir más y mejor.
- ¿Es decir, que existen fuertes vínculos entre la salud hormonal de la mujer y la evolución de ciertas enfermedades neurodegenerativas?
- Efectivamente. Las hormonas desempeñan un papel fundamental en la salud cerebral. Por eso, al llegar a la menopausia, es importante ir más allá del tratamiento de los síntomas visibles, como los sofocos, para adoptar un enfoque más amplio centrado en la educación, la prevención y el conocimiento profundo del impacto hormonal en el organismo.
- Una curiosidad. ¿Esa tendencia tan femenina de hacer varias cosas a la vez es dispersión mental o búsqueda de la eficiencia?
- El cerebro femenino presenta una gran complejidad y un funcionamiento particular, influido no solo por factores biológicos, sino también por el aprendizaje social. Tradicionalmente, a las mujeres se les ha enseñado a gestionar múltiples tareas de forma simultánea, mientras que muchos hombres tienden a centrarse en una sola tarea cada vez. Aunque estas diferencias no son absolutas y la generalización puede llevar a error, sí es verdad que reflejan patrones de comportamiento ampliamente adquiridos. Esta realidad hace que, para muchas mujeres, resulte especialmente difícil detenerse y hacer una pausa, ya que han sido educadas para hacerlo todo al mismo tiempo. Sin embargo, esta capacidad de multitarea, junto con la dificultad para centrarse en una sola actividad, puede tener implicaciones en la salud cognitiva.
- ¿Cuáles son esas 'implicaciones'?
- Tal y como señalan diversos expertos, estos factores -combinados con los cambios hormonales mencionados anteriormente- pueden contribuir a un mayor riesgo de deterioro cognitivo. En este sentido, es importante subrayar que no existe una única causa que explique enfermedades como la demencia o el Alzheimer, sino una compleja interacción de múltiples elementos. Entre ellos destacan la disminución de los niveles de estrógeno, las dificultades para mantener la atención sostenida y la tendencia a procesar simultáneamente varios estímulos. Esta combinación ayuda a comprender por qué el riesgo de desarrollar Alzheimer es mayor en mujeres, especialmente durante y después de la menopausia. Las investigaciones actuales también indican que la reducción del estrógeno afecta al metabolismo de la glucosa en el cerebro, favoreciendo alteraciones en su procesamiento y utilización. Este aspecto resulta clave, ya que el estrógeno ejerce un importante efecto neuroprotector. Cuando sus niveles disminuyen, esta protección se debilita, lo que puede acelerar procesos asociados al deterioro cognitivo.
- ¿Cuál va a ser tu aportación al nuevo comité científico de SHA?
- Como he comentado anteriormente, para mí es fundamental que en la unidad de salud de la mujer se dé importancia a la educación: explicar por qué estas terapias son importantes y cómo influyen en la forma en que vivimos. SHA ofrece un entorno único porque permite detenerse, hacer una pausa y contar con un equipo dedicado a ayudarte a construir un plan personalizado. Además, es importante cambiar ciertas ideas, como pensar que las mujeres no pueden o no deben desarrollar músculo. También hay que ajustar el enfoque en nutrición, buscando lo que mejor funcione para la salud digestiva y cerebral. Y, por supuesto, están las hormonas, que creo que seguirán siendo un tema muy relevante -y también controvertido- en los próximos años. Para avanzar, necesitamos seguir generando evidencia, compartirla con las mujeres y ofrecerles herramientas personalizadas que les permitan adaptar los tratamientos a sus necesidades para vivir lo mejor posible.

























