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Estefanía Pintado (Extremadura, 1974) conoció a Thierry Hascoet (Brest, Francia, 1974) a mediados de los noventa en Brest -la Galicia francesa-, cuando ella estudiaba con una beca Erasmus allí. Veinte años después -una boda y un divorcio incluidos-, y a más de 1.300 kilómetros de distancia de aquel lugar, esta pareja creó un local que no tiene igual en Madrid: una fábrica de cerveza artesanal, ubicada en pleno corazón de la ciudad, en el barrio de Malasaña.
En la capital aterrizaron con una idea bastante diferente. Viajaron porque él recibió la oferta de una distribuidora de discos madrileña [en Francia había trabajado durante años en la industria discográfica y había estado vinculado a grupos musicales como Gotan Project] y ella comenzó su carrera como traductora jurada.
Pero en 2011 dieron un giro a sus trayectorias para poner en pie Fábrica Excepcional. Aunque aquello no fue algo casual. Thierry ya hacía cerveza en casa y, además, tenía un amigo cuyo padre había creado la primera cerveza independiente de Bretaña a finales de los 80, una región donde en los 90 crecieron como la espuma empresas similares y donde se cocinó lo que más tarde estallaría a nivel internacional bajo la etiqueta de lo hipster.
«Bretaña es un poco como el País Vasco, tenemos un idioma, tenemos una cultura propia muy fuerte, a nosotros beber Heineken nos da igual, a nosotros beber cerveza Leffe nos da igual. Nos gusta beber cerveza bretona», comenta él.
Por eso, la suya, dice, poco o nada tiene que ver con una cerveza industrial. «No usamos los mismos ingredientes, los nuestros son de calidad y ellos siempre usan lo más barato. Esa es la gran diferencia», comenta. «El proceso de fermentación en la Fábrica es totalmente natural. Consiste en hacer que la levadura se coma los azúcares y los transforme en alcohol, y eso hace que, también, siente mejor al estómago. Las empresas industriales no hacen eso, inyectan CO2 en el mosto para acelerar el proceso. Creo que son dos productos diferentes», detalla.
En su interior, la Fábrica cuenta con grandes contenedores y tubos desde los que la cerveza se vierte directamente en los vasos que consume la clientela. Entre ellas, la IPA Flipa, una marca de la casa que gusta particularmente a los asiduos del lugar.
«Tenemos la única licencia de fabricación en el centro de Madrid», resalta Thierry en el local, que básicamente es una fábrica donde puedes tomarte la cerveza que se elabora allí mismo. Y eso no es poca cosa.
«La cerveza artesanal es un producto vivo. Es un producto sensible: no le gusta viajar, no le gusta que le toque la luz, no le gusta que cambie la temperatura... Lo más importante en este negocio consiste en mantener el producto fresco y ofrecérselo in situ al parroquiano», comenta en este sentido Estefanía.
Lo cierto es que para llegar donde hoy están ambos han recorrido un largo camino. Thierry comenzó fabricando cerveza en casa empleando cubos de plástico, para luego embotellar el contenido uno por uno, en un proceso más arduo. «Esto es más fácil», confiesa. «En el proceso cometimos muchos errores, pero ahora hago la cerveza con los ojos cerrados. Solo por el sonido de mis máquinas sé si el proceso va bien o no», añade.
Según Estefanía, Thierry es un artista: «Su madre tiene una mano impresionante con la cocina y hacer cerveza consiste en cocinar con cereal», asegura. Él, según detallan, emplea cientos de cereales diferentes más el lúpulo para crear una síntesis lo más perfecta posible. Indudablemente, los matices pueden ser saboreados al consumir el producto final.
En 2024 la Fábrica dio un paso más y firmó un acuerdo con La Sagra, una conocida empresa cervecera de Numancia de la Sagra (Toledo), para ampliar el local y trabajar para producir bebidas lager al unísono. Una colaboración que hará seguir creciendo este atípico negocio.
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