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La batalla desigual (y mortal) contra el narco en Huelva:...
Chema Rodríg · 2026-05-09 · via Portada

Junto al pantal�n donde tiene su base de operaciones el Servicio Mar�timo de la Guardia Civil en Huelva hay un pu�ado, al menos seis, narcolanchas. Mastod�nticas, con sus cuatro, cinco o seis motores fueraborda. La mayor�a, incautadas junto a sus cargamentos de droga en operaciones llevadas a cabo en el extenso litoral onubense. Pero hay una que tiene una historia muy diferente y algo m�s lejana y tambi�n mucho m�s tr�gica.

All� est�, en dique seco frente a la r�a de Huelva, la narcolancha que hace algo m�s de dos a�os, el 9 de febrero de 2024, mat� a los guardias Miguel �ngel Gonz�lez y David P�rez en Barbate tras pasar por encima de la zodiac con la que hab�an salido aquella noche.

El capit�n Jer�nimo Jim�nez y el agente Germ�n P�rez la ve�an cada d�a cuando acud�an a su puesto de trabajo. Ellos y el resto de los guardias civiles y funcionarios del Servicio de Vigilancia Aduanera que pelean en primera l�nea en la guerra abierta contra el narco en el litoral de Huelva.

Como un macabro recordatorio de lo que pod�a pasar, de lo que termin� pasando a primera hora de este viernes, a 80 millas de las costas onubenses, cuando una persecuci�n, otra m�s, de una narcolancha les termin� costando la vida al capit�n Jer�nimo Jim�nez, de 50 a�os, padre de tres hijos, y al agente Germ�n P�rez, de 56 a�os, casado, adem�s, con otra guardia civil destinada, como �l, en el Servicio Mar�timo.

La narcolancha que mat� a otros dos guardias en Huelva en 2024.

La narcolancha que mat� a otros dos guardias en Huelva en 2024.E. M.

Guardias civiles y funcionarios de Aduanas comparten la base del puerto onubense, a tiro de piedra del Muelle del Tinto, un antiguo cargadero de mineral convertido en reclamo tur�stico. Tambi�n comparten, cuentan fuentes cercanas, el dolor y, sobre todo, "el miedo".

No es un miedo que haya nacido ahora, tras el brutal fallecimiento de estos dos guardias civiles, es un miedo con el que, dicen sus compa�eros, conviven desde hace a�os, conscientes de que cada d�a es una batalla enormemente desigual contra un enemigo muy superior.

"Sabemos cu�ndo salimos, pero no sabemos si vamos a volver", cuenta a EL MUNDO, un compa�ero de los dos fallecidos que pide preservar su identidad y relata la inseguridad de su d�a a d�a.

El capit�n y el agente muertos ayer se hab�an embarcado a primera hora de la ma�ana, sobre las ocho, en una embarcaci�n semirr�gida de las dos que tiene la Guardia Civil en Huelva junto a otro compa�ero, el cabo Vicente. En una de las dos patrulleras que tambi�n forman parte del operativo, la R�o Antas, embarcaron otros tres guardias. Iban a patrullar, en principio sin un objetivo definido, hasta que se toparon con una embarcaci�n sospechosa a la que persiguieron hasta que, por razones que se desconocen, las dos colisionaron. La peor parte se la llev� la semirr�gida.

La noticia empez� a correr por los grupos de WhatsApp de la Guardia Civil y de Aduanas y la incredulidad dio paso pronto a la conmoci�n. Pero no a la sorpresa.

"Sales al mar con lo que tiene, con tu armas y con tus compa�eros, sin saber si vas a volver", relatan quienes compart�an el d�a a d�a con los dos fallecidos. Cuentan c�mo, cada vez que se embarcan, se repiten entre ellos una frase que es como un mantra: "Compis, tenemos que volver".

No es filosof�a, es puro instinto de supervivencia porque, apuntan, el trabajo de perseguir a los malos, a los traficantes de droga, se ha vuelto, de unos a�os a esta parte, m�s que peligroso. Casi una ruleta rusa diaria, exponen.

A�os atr�s, recuerdan, "cuando los alcanz�bamos se acababa", pero ahora no solo se resisten con u�as y armas de guerra incluidas, sino que "vienen a atacarnos". Ya no navega una narcolancha sola con el hach�s o la coca�na, lo hace acompa�ada de otras dos o tres que tiene como misi�n, precisamente, defender el cargamento de las fuerzas de seguridad. Lo hacen "a toda costa".

"Hace dos veranos casi nos matan a nosotros", dice uno de soldados que combaten en la guerra contra el narco. Casi todos tienen una experiencia similar que contar, o varias. Incluido el capit�n Jim�nez, que hace un a�o result� herido en otra persecuci�n a una narcolancha frente a las costas de Isla Cristina. Sus compa�eros recordaban este viernes que entonces tuvo m�s suerte.

La provincia de Huelva tiene m�s de cien kil�metros de costa, un frente demasiado extenso, "inabarcable" para los cuerpos de seguridad que persiguen a los clanes que controlan un negocio que no conoce l�mites y que se ha extendido por pr�cticamente todo el litoral andaluz desde su hist�rico epicentro, en el Campo de Gibraltar, tras la presi�n ejercida all� despu�s de que en 2019 los narcos asaltasen un hospital en La L�nea dejando claro hasta qu� punto actuaban con impunidad total.

Se les apret� en C�diz y se dispersaron por toda Andaluc�a, incluida Huelva, donde se han asentado y se han hecho fuertes, pone de manifiesto Lucas Lavilla, portavoz en la provincia de la Asociaci�n Unificada de Guardias Civiles (AUGC), que coincide en que se trata de una lucha muy desigual en la que la Guardia Civil, sus medios, est�n a a�os luz de los que tienen a su disposici�n los narcos.

El problema, dice Lavilla, es sobre todo de disponibilidad de las embarcaciones porque "cada equis millas tienen que someterse a tareas de mantenimiento y quedan inmovilizadas", lo que supone, en el caso de Huelva en concreto, que casi nunca est�n las cuatro operativas al mismo tiempo.

Los narcos, en cambio, cuentan quienes salen cada d�a a luchar contra ellos, "est�n muy organizados, tienen ingenieros de telecomunicaciones, abogados muy buenos y bien pagados, nos dan tres mil vueltas en todo". Saben, asimismo, "d�nde estamos y cu�ndo salimos", apunta, porque "tienen gente en todos lados".

Su violencia ha ido en aumentando, escalando en estos a�os, sobre todo cuando el negocio ha ido virando del hach�s a la coca�na. Entonces han aparecido los kalashnikov. "Por la coca matan y se matan", resumen estas fuentes.

Eso y que, denuncia, desde el Gobierno no se han tomado medidas para endurecer las penas y, especialmente, para proteger a los agentes. Las asociaciones profesionales llevan a�os reclamando que se decrete la zona como de Especial Singularidad y que la suya sea, oficialmente y a todos los efectos, una profesi�n de riesgo. "Nos est�n tiroteando", clama.

Los equipos de psic�logos atend�an ayer a los compa�eros de los guardias fallecidos y a la esposa del agente Germ�n P�rez, que se enter� del fallecimiento de su esposo cuando estaba, ella tambi�n, trabajando. En las puertas de la Comandancia de Huelva se daban cita amigos y compa�eros, que ped�an, por favor, respeto a su dolor.