

























Eduardo J. CastelaoEnviado especial Guadalajara (México)
Actualizado
La noche del miércoles fue fiesta en Guadalajara. En realidad fue fiesta en todo México, con millones de personas en las calles de sus cuidades celebrando la inmaculada clasificación de su selección, que ganó los tres partidos de la fase de grupos. Esa noche, el equipo de Javier Aguirre despachó a la República Checa (0-3) y el júbilo se apoderó del país. En Guadalajara, la selección llegó a su hotel en pleno partido y sintió, en el caminito entre el autobús y la puerta, la efervescencia del Mundial.
Tras sortear, unos mejor que otros, las dos horas menos que hay aquí respecto a Chattanooga, los jugadores llegaron a una especie de complejo deportivo al oeste de la ciudad, un lugar humilde, reacondicionado malamente para albergar los días previos a los partidos los entrenamientos de los equipos y sus atenciones a la prensa. Con unas medidas de seguridad intimidantes, con el Ejército presente alrededor de la entrada, España entrenó (guardando un minuto de silencio como homenaje a las víctimas del terremoto de Venezuela) antes de medirse a Uruguay, un partido donde un empate le resulta suficiente.
Matemáticamente no, pero sí. El caso es que, si España no pierde con Uruguay, sumará cinco puntos, y salvo que Cabo Verde le meta cinco, ¡cinco! a Arabia Saudí, sería primera de grupo. Ganando, por supuesto. Pero es que incluso perdiendo se va a meter en dieciseisavos de final, ya se vería si como segunda o como tercera, que con cuatro puntos las terceras van a pasar todas. Y ahí ya entran las cábalas. Si son primeros, ahora mismo el cruce sería contra Austria, pero ese grupo, que es el de Argentina, no está resuelto. Si son segundos, van contra el primero de ese mismo grupo, que ahora mismo es Argentina a falta de la última fecha. Y si son terceros es un jaleo de mil demonios.
"Nosotros no pensamos en eso. Si te pones a pensar en esto o en lo otro, como decimos en Bilbao te das una hostia contra un muro", dijo uno de Bilbao, Nico Williams, que contó que a él ya le tienen que parar en los entrenamientos porque es "una cabra" y, sin miedo, él se ve ya "para 90 minutos".
El partido, a las 18.00 horas de Guadalajara, una ciudad que seguía colapsada ayer jueves por un concierto gratuito que dio Alejandro Fernández, y que congregó a más de 100.000 personas en Minerva, una de las plazas centrales de la ciudad. A esta cita llega además Uruguay envuelta en una guerra civil liderada, según cuenta la prensa que está cerca de la selección, por Valverde, que está completando un año, digamos, difícil (enfrentado a Xabi Alonso, a puñetazos con Tchouaméni y ahora esto, todo ello como capitán del Madrid y de Uruguay).
Al parecer, los líderes del vestuario uruguayo (Valverde, Ugarte, el meta Rochet y Bentancur), le habrían echado en cara a Bielsa la intensidad de los entrenamientos y la duración de las sesiones de vídeo, con lo cual la convivencia saltó por los aires, siempre según varios medios del país que siguen a su selección.
Así las cosas, España afronta el último choque de la fase de grupos calculando que, si es primera, jugará en Los Ángeles el día 2 y, si es segunda, lo hará en Miami el día 3. Si es tercera por esas carambolas de la vida, es muy difícil predecirlo.
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