La autora superventas llegó a desmayarse por su obsesión con el orden. Hoy, madre de familia, admite que hay algo más importante que una casa perfecta.
Actualizado

Marie Kondo revela ahora el secreto japonés para encontrar felicidad en lo cotidiano.Penguin Random House Grupo Editorial
No reniega del método KonMari, el que la hizo famosa en todo el mundo, convirtió La magia del orden en un fenómeno editorial con once millones de ejemplares vendidos y traducido a 40 idiomas. Incluso la lanzó al estrellato en Netflix. Pero Marie Kondo (Tokio, 9 de octubre de 1984) ha cambiado desde que es madre. En Carta desde Japón, su mirada va más allá del orden para adentrarse en algo más profundo: los secretos de felicidad de una cultura que lleva siglos encontrando belleza en lo cotidiano, desde una bola de arroz a un cerezo en flor.
- En tu nuevo libro hablas del kyureki, el calendario lunisolar, y sus 72 microestaciones. En un mundo hiperconectado y estresante, ¿puede algo tan sencillo como observar el cambio de color de una hoja o el canto de un insecto ayudarnos a recuperar foco?
- Hoy vivimos permanentemente conectados a algo. El resultado es que nuestra conciencia acaba siendo arrastrada hacia lo que debemos hacer a continuación, el próximo mensaje que llegará o lo que están haciendo los demás. El calendario de las 72 microestaciones, en cambio, está basado en los cambios de la naturaleza, y nos devuelve al momento presente. Darse cuenta de que hay una pequeña flor floreciendo al borde del camino, o escuchar el canto de la cigarra anunciando el inicio del verano, puede parecer algo insignificante. Sin embargo, esos momentos nos recuerdan que la vida avanza precisamente ahora, en este instante. La naturaleza no tiene prisa, y tampoco se compara con nadie. Por eso, cuando la observamos, podemos alejarnos un poco de la urgencia y la comparación, y regresar a nosotros mismos.
- ¿Cómo cambia nuestra salud mental cuando pasamos de "consumir" el tiempo a "saborear" el paso de las estaciones, como haces al seguir el frente de floración de los cerezos, el sakura?
- Vivimos el día a día con mucha ocupación. Sin darnos cuenta, tendemos a entender el tiempo desde la perspectiva de qué hacer a continuación o cuántas cosas puedo hacer. Yo misma lo experimento así a veces. Sin embargo, admirar las estaciones es concebir el tiempo no como algo que se usa, sino como algo que se saborea. Los cerezos, por ejemplo, solo florecen durante un período muy breve cada año. Por eso seguimos el avance del frente de floración y procuramos no perder ese momento. Si florecieran todo el año, quizás no nos conmoverían tanto. Admirar las estaciones es también aceptar el ritmo natural de que todo está en constante cambio. Y al aceptar ese cambio, nos resulta más fácil sentir gratitud por lo que tenemos ahora y saborear más el momento presente. Eso, en última instancia, se traduce en mayor calma y serenidad cotidianas.
- Para la mayoría de nosotros, limpiar es una obligación. Tú, en cambio, propones el soji y el osoji, la gran limpieza de fin de año, como rituales de purificación espiritual. ¿Cómo puede ayudarnos a soltar esa pesadez emocional que a veces acumulamos en casa?
- El peso que sentimos en casa no viene solo de los objetos, sino de las emociones que cargamos sobre ellos: el remordimiento por una prenda que nunca usamos, la culpa por querer deshacernos de un regalo. Agradecer a los objetos nos da la oportunidad de enfrentarnos a esas emociones. En mis lecciones siempre recomiendo decirles "gracias", no solo por lo que nos han dado, sino para poner en orden nuestros propios sentimientos. Reconocer el papel que han tenido en nuestra vida es lo que nos permite soltar el apego y el arrepentimiento. Para mí, ordenar no es dejar la casa presentable: es un pequeño ritual para ordenar la mente y avanzar con gratitud.
- En el libro también hablas de prácticas más intensas, como el takigyo, la meditación bajo una cascada. Para quien no tiene una cascada cerca, ¿cómo pueden la sal o un diapasón cumplir en casa esa misma función de limpieza energética?
- En Japón, desde la antigüedad, se purifica con sal y con el sonido de diapasones o campanas. La creencia es que, aunque no sea visible, el sonido y las fuerzas de la naturaleza pueden ordenar la energía de uno mismo y del espacio. Yo también siento que estas prácticas tienen sentido, aunque lo que me importa no es demostrar que la sal o el sonido tengan un poder especial en sí mismos, sino que a través de ellos podemos cambiar nuestra conciencia y poner en orden la mente. El takigyo funciona igual: no se trata de estar bajo la cascada como fin en sí mismo, sino de soltar los pensamientos dispersos y volver al aquí y ahora. Hoy estamos permanentemente rodeados de información y, sin darnos cuenta, cargamos con demasiado. Por eso necesitamos detenernos y reiniciarnos. Puede ser con sal, con un sonido, abriendo la ventana o preparando una taza de té con atención. Lo importante es tener un pequeño ritual que nos diga: a partir de aquí, empiezo con una mente renovada.
- Llama la atención que en el libro dediques espacio al kawaii, lo bonito o tierno. ¿Por qué abrazar esa ternura es también una forma de aceptar nuestra propia vulnerabilidad y mejorar nuestras relaciones con los demás?
- Abrazar lo kawaii es no negar la inmadurez y la sensibilidad que llevamos dentro. De adultos tendemos a pensar que debemos ser fuertes o perfectos, pero cuando algo nos suaviza el corazón, la guardia baja de manera natural y podemos ser más amables con nosotros mismos y con los demás. El kawaii japonés no abarca solo la belleza visual: incluye también el deseo de cuidar y de proteger. Por eso incorporarlo a la vida cotidiana se conecta con aceptar la propia fragilidad e imperfección. Y cuando uno puede ser amable consigo mismo, la empatía hacia los demás surge de manera natural. El kawaii tiene el poder de mantener el corazón blando y hacer los vínculos más cálidos.
- ¿Por qué el silencio en la conversación nos genera tanta incomodidad, y cómo podemos aprender a valorarlo para vivir de manera más armoniosa como los japoneses?
- El silencio a veces nos genera ansiedad. Cuando sentimos que debemos decir algo o hacer algo, enseguida queremos llenar ese vacío. Sin embargo, en Japón existe desde la antigüedad el concepto de ma. Yo creo que el ma no es un vacío sin contenido, sino un espacio en blanco para sentir. Una habitación, por ejemplo, funciona igual. A menudo una estancia con algo de espacio libre resulta más agradable que un espacio completamente lleno de muebles y objetos. Precisamente gracias a ese espacio en blanco, la belleza y la presencia de cada objeto se realza. Del mismo modo, al comunicar algo a alguien, a veces no es necesario explicarlo todo. Si dejamos deliberadamente ese margen, la otra persona puede sentir e imaginar por sí misma. El ma existe no solo en el tiempo, sino también en el espacio y en las palabras. La época actual tiende a llenarse de compromisos, información, objetos y palabras. Por eso, quizás sea importante reservar espacios en blanco. Con ese margen, podemos simplemente sentir lo que ocurre y saborear las cosas tal como son.
- Explicas que el onigiri, la bola de arroz, es más que comida; significa conexión o unión. ¿Qué papel juegan el tacto humano y la intención al preparar la comida en nuestro equilibrio emocional?
- Las manos tienen un poder misterioso. En mis lecciones suelo decirles a mis clientes: "Cuando doblen la ropa, háganlo como si estuvieran enviando amor desde sus manos". Y cuando lo hacen, la ropa parece cobrar vida. Con el onigiri ocurre lo mismo: se amasa con las manos, no con una máquina, y por eso el cariño y el deseo de que alguien disfrute se incorporan de manera natural. En Japón al onigiri también se le llama omusubi, porque musubu significa "unir". Para mí, el omusubi no es arroz compactado: es algo que une los sentimientos de quien lo hace y de quien lo come. Ese amor no se ve, pero todos hemos sentido el alivio de comer lo que prepara la familia, o la calidez de cocinar con el corazón para alguien. De los alimentos no solo recibimos nutrientes, sino también los sentimientos y el cuidado que hay detrás. Cocinar pensando en la otra persona no solo llena el corazón de quien come, también pone en orden el de quien cocina.
- Animas a usar hoy la mejor vajilla, sin esperar a una ocasión especial. ¿Es soltar la perfección y abrazar el wabi-sabi, la belleza de lo imperfecto, la clave definitiva para la felicidad cotidiana?
- Para mí, usar mis objetos favoritos está vinculado a valorar la vida de cada día. Tendemos a pensar cuando tenga tiempo o cuando llegue un día especial. Pero mientras esperamos, los días van pasando. Si aspiras a una vida en la que disfrutas de las comidas con esmero usando tu vajilla preferida, ese deseo puede hacerse realidad hoy, no en el futuro. La vida ideal no empieza al conseguir cosas nuevas, sino al cuidar y aprovechar las que ya tienes. Cuando usas tu vajilla favorita, la comida de siempre se siente un poco especial. Y la acumulación de esas pequeñas alegrías va enriqueciendo la vida en su conjunto. Como escribo repetidamente en el libro, en Japón existe una cultura que encuentra momentos especiales dentro de lo cotidiano. Usar la vajilla favorita es también una expresión de eso. La felicidad no está en una vida ideal que queda lejos, sino en este preciso momento.
- ¿Cómo aplicas el concepto de autocompasión en tu hogar?
- Para cuidarme, a veces me permito soltar la perfección, especialmente en el orden. Siempre me ha encantado ordenar, y durante años me dediqué a mantener la casa perfectamente recogida en todo momento. Cuando nacieron mis hijos, eso se volvió difícil, y durante un tiempo me generó angustia. Hasta que me detuve a reflexionar sobre lo que realmente importaba. La conclusión fue clara: en esta etapa de mi vida, lo que más valoro es el tiempo con mis hijos y disfrutarlo. Ahora me digo a mí misma que aunque la casa esté desordenada, estoy eligiendo lo que realmente importa. Y eso me ha permitido reconocerme y aceptarme. Al fin y al cabo, la esencia del método KonMari no es mantener una casa perfectamente ordenada, sino elegir lo que nos genera alegría y cuidarlo.
- ¿Qué significa para ti el verdadero bienestar?
- Se cultiva en las pequeñas elecciones cotidianas. El bienestar no es algo extraordinario, está en la vida cada día. Creo que se encuentra en el acto de poner en orden el hogar, de tratar los objetos con cuidado y en el tiempo que nos dedicamos a detenernos y encontrarnos con nosotros mismos.

Carta desde Japón
Por Marie Kondo
Está editado por Aguilar y se puede comprar aquí. 320 páginas. 20,80 euros.
Las claves de la japonesa para ser feliz
Por Marie Kondo
- Apreciar lo cotidiano como fuente de felicidad. Presta atención a lo ordinario.
- Vivir en sintonía con las estaciones. Adapta la casa, tu armonía y estado de ánimo a la temporada.
- Encontrar belleza en la imperfección. Acepta errores, marcas y rupturas.
- Practicar la consideración hacia los demás. Cuida los detalles y actúa desde el corazón.
- Saborear el momento presente. No esperes a un tiempo mejor.
- Purificar como forma de renovación interior. Ventila la casa, pon incienso o enciende una vela para marcar un ritual de inicio.
























