






















La patente con que Mariano Barbacid ha asegurado que podría curar el cáncer de páncreas, que ha sido ahora rechazada por la Academia de las Ciencias de Estados Unidos -de la que él mismo forma parte- por ocultar el científico que también es accionista de la empresa que busca explotarla comercialmente, Vega Oncotargets, ya vivió un episodio similar en el lugar en que dicha patente fue creada antes de su salto al sector privado: el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).
Sucedió en mayo de 2024 y EL MUNDO ha accedido a los 'emails' que prueban cómo la trama denunciada por dos ex altos cargos en el centro, un presunto desfalco de 25 millones en 17 años que investigan Anticorrupción y la UDEF, maniobró para que Barbacid pudiera llevarse "gratuitamente" a su empresa, de la que ni siquiera se tenía noticia en el CNIO en ese momento, la patente cuya publicación ha sido ahora retirada por, precisamente, ocultar el científico que, a la vez que autor, iba a ser también beneficiario de la explotación comercial.
Había otro conflicto de interés, también presuntamente oculto. Y, de fondo, algo que fuentes del centro llevan meses sosteniendo: que la patente, sólo probada en ratones y que hasta su promoción pública en TV -el propio Barbacid protagonizó un vídeo pidiendo dinero- apenas había despertado interés en la comunidad científica, tiene escasas posibilidades de llegar al paciente real, y que al final las intenciones recaudatorias podrían, según algunas fuentes, imponerse a lo puramente científico en su desarrollo y en las peticiones de aportaciones económicas.
Hay que recordar que gracias a esta patente la Fundación Cris contra el Cáncer, de la mano del científico -que es presidente de honor-, ha recaudado 3,5 millones. Cuando comenzó la promoción televisiva, que llevó al propio Barbacid al programa más visto de la TV española, 'El Hormiguero' (Antena 3), Vega llegó a anunciar en su web la cura del cáncer de páncreas. Poco después, ante las quejas de la comunidad científica, tuvo que rectificar admitiendo que se trataba sólo de un futurible.
Así, el 14 de mayo de 2024, Roke Oruezábal, entonces director de Innovación del CNIO, escribía las siguientes líneas a varios altos cargos, entre ellos Juan Arroyo, gerente de la institución hoy investigado por Anticorrupción y la UDEF, y Eva Ortega, secretaria general de Innovación del Ministerio: «Primera noticia de que el Dr. Barbacid hubiera fundado una empresa en el campo oncológico de nombre Vega Oncotargets y primera noticia del presente borrador de acuerdo por el que entiendo que se invita a invertir en la misma al CNIO».
Oruezábal, que tras oponerse a facilitar la cesión de las patentes de Barbacid a Vega fue despedido del CNIO a causa de una extraña denuncia de acoso -y cuyo juicio por posible despido improcedente tendrá lugar en septiembre-, se enteró en esas semanas de que, saltándose a su departamento, Arroyo había enviado al Patronato del CNIO, el órgano de dirección, un acuerdo con Vega que, para Oruezábal, planteaba una despatrimonialización para la entidad pública.
Además, el director de Innovación ya entendía en aquel momento que dicha terapia no suponía, como habían asegurado varias valoraciones independientes pedidas por el centro, un avance investigativo real... Pero sí un reclamo importante para solicitar ayuda económica contra el cáncer: «El activo principal que contempla la empresa es una solicitud de patente que no tiene ni novedad ni actividad inventiva» -por lo que el propio CNIO acabaría dejándosela, a cambio de tomar un 5% en Vega Oncotargets por si sonara la flauta a futuro-.
Pero, sobre todo, se quejaba de la jugada para que Barbacid se llevara la patente sin pasar los controles preceptivos, con la ayuda del gerente Arroyo, a quien el científico ha defendido siempre a capa y espada, hace una semana sin ir más lejos en una entrevista puramente expositiva en ABC.
«En mi opinión participar en Vega Oncotargets debiera ser objeto de un profundo análisis de idoneidad en cuanto a los activos implicados y legal en cuanto a otros acuerdos subyacentes», dejó escrito Oruezábal, quien se quejó sin éxito ante el actual secretario de Estado de Ciencia, Juan Cruz Cigudosa, de los intentos de desviar patrimonio del CNIO a empresas privadas.
Barbacid, que lleva muchos años intentando llevar a lo privado investigaciones desarrolladas en el CNIO, ya fue reconvenido en 2011 por el mismísimo Ministerio de Ciencia de Cristina Garmendia tras anunciar avances similares contra el cáncer de pulmón, otro de los más agresivos junto con el de páncreas, y quejarse de que el Ministerio no financiaba su desarrollo.
Entonces, desde Ciencia se le negó la posibilidad de constituir una Asociación de Interés Económico para explotar patentes -lo que él pretendía-, y se le acusó nada menos que de «levantar falsas expectativas» y de «jugar con el dolor de los enfermos» al exagerar sus propios logros, con los que pretendía conseguir, de nuevo, financiación. De aquella terapia, por cierto, no se ha vuelto a saber.
En realidad, los sucesivos ministros y ministras de los que ha dependido el CNIO, varios de ellos consultados por EL MUNDO, frecuentemente han desconfiado de la faceta pública de Barbacid, de su empeño en construir un personaje público intocable (incluso para ellos, por mucho que Abogacía del Estado se opusiera a sus propuestas), y de su intención de que las instituciones públicas participaran no sólo en la ciencia básica, sino también en su explotación comercial.
Barbacid y Arroyo han negado a EL MUNDO trato de favor ninguno hacia el primero, han asegurado por distintas vías que se trata de inducciones de la ex directora científica María Blasco, que sucedió al primero en la dirección científica -Arroyo ha explicado a este diario que "ella y Oruezábal se oponían a todo por sistema" y que "el departamento de Innovación nunca existió en los estatutos" del CNIO-, y Barbacid sostuvo este martes mediante una nota que la retirada de su artículo por parte de la Academia de las Ciencias no pone "en duda el valor de la investigación".
Sin embargo, el mecanismo de control empleado por la publicación para decidir la retirada apunta precisamente a cómo afecta a la credibilidad de la revista un no declarado conflicto de interés de Barbacid a la hora de beneficiarse de una publicación científica. De beneficiarse económicamente, se entiende.
Este diario intentó este martes ponerse en contacto con Barbacid para profundizar en su versión de los hechos sin respuesta. La investigadora Carmen Guerra, colega de Barbacid tanto en la autoría de la licencia como en Vega Oncotargets, ha asegurado a este diario que desde Innovación se les informó en diciembre de 2023 de que el CNIO renunciaba a la patente, y que dejaba a los investigadores la posibilidad de explotarla comercialmente.
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