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En el número 47 de la calle Doctor Esquerdo, una fachada lleva llamando la atención desde hace más de un siglo. Centenares de abejas esculpidas en piedra se dirigen a una enorme colmena.
Diseñada por el arquitecto Secundino Zuazo, el mismo que el de Nuevos Ministerios, a principios del siglo XX, es uno de los elementos que todavía quedan de la fachada original de La Moderna Apicultura.
Un negocio que nació físicamente en 1919, cuando no existía ninguna empresa dedicada a esta actividad, pero cuyos orígenes están unos años antes en un viaje apoyado por el rey Alfonso XIII.
"Unos entusiastas de la apicultura viajaron hasta Estados Unidos para conocer cómo trabajan allí y traer sus técnicas y aparatos", explica Aurora Jiménez, responsable de la tienda.

El rey Alfonso XIII frente a la fachada original.Cedida LMA
De esa expedición se trajeron la patente de una colmena. "La mejoraron y se convirtió en el estándar de la que se emplea aquí bajo el nombre de Colmena Perfección", cuenta mientras señala una réplica que tiene en el escaparate.
Ese instrumento, germen de la fábrica de colmenas La Moderna Apicultura, puso las bases de estas artes en España, y se fue extendiendo por todo el país. "Inundaron de colmenas eficientes toda España", rememora. La consecuencia directa fue un incremento exponencial de la producción de miel.
"La gente se encontró con que tenía mucha más de la que necesitaban para consumo propio", explica. La solución fue vendérsela a los mismos que les proporcionaban las colmenas. Fue así como La Moderna Apicultura añadió la venta de miel al servicio de fabricación de productos relacionados con la crianza de abejas.
En el año 92, los dueños originales de la empresa decidieron jubilarse. Ocasión que aprovechó Manuel Jiménez, padre de Aurora y ebanista con un taller anexo a los de La Moderna Apicultura, para hacerse con las instalaciones y su maquinaria. Unos instrumentos que ya alquilaba por horas para conseguir completar los trabajos que le encargaban clientes como Patrimonio Nacional. El único compromiso que le pidieron los dueños fue mantenerlo abierto hasta que se jubilaran los tres trabajadores que tenían.

Muestra de colmenas de La Moderna Apicultura.Cedida LMA
Un año más tarde, su hija Aurora se licenció en Economía y realizó un Máster en Marketing. La crisis financiera la dejó sin salida laboral y acabó en la empresa familiar. "No se me pasaba por la cabeza trabajar con mi padre", reconoce.
Cuando entró en la tienda vio el potencial que tenía y convenció a su progenitor para que abandonara la idea de convertirla en una exposición de escaleras, su especialidad como ebanista. "Me dio carta blanca", reconoce.
"En ese momento sólo vendía tres productos", explica. En un viaje a una feria en Suiza descubrió las posibilidades que había en el mercado: bebidas, cosmética, productos de belleza, dulces... A la vuelta, decidió aplicar lo visto a la tienda y ampliar el catálogo. Aunque con una sola condición: "Toda la miel que entre aquí tenía que ser española", se dijo. Y lo cumple: en sus estanterías hay cerca de 30 tipos diferentes, todas de origen nacional.
Una condición que han mantenido en épocas de escasez por una razón: "La miel española es la mejor del mundo". No sólo por el clima, también por el suelo o las propias plantas en las que recolectan las abejas. "Muchas son plantas medicinales", explica.
Trabaja con tres distribuidores encargados de contactar con pequeños apicultores que le proporcionan mieles tan raras como la de aguacate. En algunas ocasiones la producción es muy pequeña y no puede repetir de una temporada a otra.

Detalle de la vidriera del interior de la tienda.L. B. A.
El local es testigo de parte de la historia de España. Tanto por fuera, con esas abejas talladas en piedra, como por dentro. Aurora conservó dos señas de identidad de la tienda: tres tanques de acero originales de 1919 y las vidrieras con motivos apícolas de la casa Maumejean, la misma que fabricó la cúpula del Palace. Ambos elementos han visto pasar a generaciones de clientes. "Algunos que hoy vienen con sus hijos lo hacían antes con sus padres", dice con cariño.
Tres décadas después, Aurora es una auténtica apasionada de las abejas y su función vital en el ecosistema. "No es sólo un bicho", defiende. Todo lo ha aprendido de manera autodidacta, con libros, documentales y viajes en los que charla con productores y que le cuentan los beneficios de este producto y que ella transmite a sus clientes. "Si la tomas como alimento, no la tomarás como medicamento", concluye.
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