























En septiembre de 2013, durante un viaje a Kazajist�n, el presidente de China, Xi Jinping, present� un ambicioso proyecto que pronto se convertir�a en la piedra angular de su pol�tica exterior: la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en ingl�s). Rebautizada medi�ticamente como "la nueva Ruta de la Seda", es un programa global de financiaci�n de infraestructuras que busca tejer redes de comercio, transporte y energ�a desde Asia hasta Europa y �frica. Desde su lanzamiento, con el respaldo de constructoras estatales chinas y pr�stamos de bancos de desarrollo de Pek�n, se han levantado carreteras, puentes, aeropuertos, ferrocarriles, centrales el�ctricas y centros de telecomunicaciones por todo el mundo.
M�s de 150 pa�ses se han suscrito al BRI mediante memorandos de entendimiento. Espa�a no est� en esa lista, aunque participa activamente como receptora de inversiones vinculadas a la iniciativa de Xi (infraestructuras, log�stica y energ�a) y empresas espa�olas han entrado en proyectos chinos en terceros pa�ses. Pero a Pek�n le gustar�a que Madrid diera un paso m�s.
Funcionarios chinos revelan a EL MUNDO que su Gobierno quiere que Espa�a se una formalmente a esta nueva Ruta de la Seda y as� se lo han transmitido al Ejecutivo de Pedro S�nchez. Ser�a un paso simb�lico, pero esos gestos para Pek�n, inmerso en una ofensiva global de encanto y con su influencia extendi�ndose cada vez por m�s rincones, tienen una carga diplom�tica significativa.
Dos a�os despu�s del lanzamiento del BRI, cuando crec�an en Occidente las advertencias sobre deudas insostenibles para pa�ses en v�as de desarrollo, sobre todo en �frica, el proyecto chino encontr� en Espa�a un firme defensor: el ex presidente Jos� Luis Rodr�guez Zapatero.
Desde 2015, el hist�rico socialista comenz� a estrechar v�nculos con Pek�n, facilitando conexiones entre grandes corporaciones estatales chinas y el mercado europeo, sobre todo en sectores de energ�as renovables. Sus viajes a foros econ�micos y diplom�ticos organizados por instituciones vinculadas al Partido Comunista reforzaron su perfil como interlocutor clave.
Durante uno de esos primeros viajes como ex presidente, Zapatero elogi� la BRI como un "v�nculo importante entre las civilizaciones orientales y occidentales" y un proyecto que "promueve la paz mundial". Aunque no fue hasta 2019 cuando, a ojos de China, se convirti� oficialmente en uno de los valedores internacionales del mega plan de Xi. En Pek�n, aquel a�o, fue uno de los m�s activos en un foro de promoci�n del BRI en el participaban representantes de m�s de un centenar de pa�ses, entre ellos el presidente de Rusia, Vlad�mir Putin.
El a�o pasado, en conversaciones con este peri�dico, un delegado del PCCh de una importante empresa estatal aseguraba que la Alianza de Civilizaciones impulsada por Zapatero -la iniciativa de cooperaci�n global que se formaliz� en la ONU en 2005- hab�a sido una fuente de inspiraci�n para la parte diplom�tica del programa estrella del presidente de China.
En Europa, la BRI ha suscitado un mosaico de respuestas. Pol�ticamente, Pek�n ha centrado sus esfuerzos en Europa Central y del Este, consiguiendo que varios pa�ses firmaran marcos de cooperaci�n, mientras que potencias como Reino Unido, Francia o Alemania han evitado compromisos formales.
Italia se adhiri� en 2019, siendo el �nico pa�s del G-7 en participar. En cambio, la primera actual ministra Giorgia Meloni retir� a su pa�s del proyecto en 2023, alegando la necesidad de proteger intereses nacionales frente a riesgos financieros y geopol�ticos. Cr�ticas similares han surgido sobre todo en Estados Unidos, donde la BRI se percibe como un instrumento de "diplomacia de la deuda" capaz de comprometer la soberan�a de los estados m�s vulnerables.
En Espa�a, aunque no tenga proyectos con la etiqueta oficial de BRI, abundan inversiones que chinas claramente conectadas como las de la empresa estatal COSCO, que controla terminales el puerto de Valencia y en el de Bilbao, dos nodos clave en la entrada de mercanc�as asi�ticas a Europa.
En paralelo, la red ferroviaria espa�ola tambi�n ha abierto la puerta a compa��as chinas: el gigante de la construcci�n China Railway Construction Corporation controla casi la totalidad de la constructora Aldesa, implicada en proyectos de ADIF, mientras el Gobierno explora colaboraciones con fabricantes chinos para futuras l�neas de alta velocidad
Otra empresa estatal del pa�s asi�tico, China Communications Construction Company, adquiri� a trav�s de una filial el control total del Grupo Puentes. Y decenas de empresas chinas (como CATL, Chery o BYD) desarrollan proyectos en Espa�a vinculados a bater�as y veh�culos el�ctricos, algunas con el prop�sito de utilizar la pen�nsula como plataforma de producci�n "Made in Europe". Estas operaciones han generado debate sobre la dependencia tecnol�gica y estrat�gica frente a Pek�n, as� como la transparencia de los contratos.
En el plano m�s internacional, la BRI ha levantado sospechas por la opacidad de sus pr�stamos, dudosos est�ndares ambientales y sociales, y su potencial para reforzar la influencia pol�tica china en gobiernos extranjeros. Porque la nueva Ruta de la Seda, adem�s de abrazar una inmensa red de infraestructuras, se ha convertido en los �ltimos a�os en un espejo de las ambiciones globales del r�gimen de Xi Jinping y de los desaf�os que enfrentan algunos pa�ses al interactuar con un actor que combina inversi�n, diplomacia y proyecci�n de poder.
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