Periodista de 50 años, tras pasar por 'El País', 'El Confidencial' y 'El Periódico de España' escribe documentales y trabaja en Salvados. Publica 'Los dueños del Estado: Los altos funcionarios que mueven los hilos del poder en España'

Rafael Méndez, autor de 'Los dueños del Estado: Los altos funcionarios que mueven los hilos del poder en España'.MUNDO
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- Creo que soy ya el único periodista sin libro.
- [Ríe] Sí, era yo. Sin libro y sin premio. Éramos dos sin libro y ahora quedas tú y sin premio no sé si estás conmigo también en eso.
- Estoy, estoy. ¿Tan mal está el sector para que tengamos que buscarnos la vida con libros o documentales?
- Yo llevo escuchando que está mal 25 años. Y está mal, pero futuro tiene. Otra cosa es que sea tan esplendoroso como lo fue o menos. Hay que comer poco y se podrá tirar.
- Escribe sobre los altos funcionarios, que dice que son los dueños del Estado. Tanto preocuparnos por las cloacas del Estado y al final el problema está en el cuarto de calderas del Estado.
- O en el ático, la planta noble. No sé si es que el problema del Estado está en la planta noble, pero sí que en la planta noble del Estado también hay problemas. Intento explicar que aquí también hay vasos rotos y detrás de las cortinas lujosas hay lamparones que convendría que alguien mirara.
- ¿Qué es lo más preocupante de todo lo que cuenta?
- Lo más preocupante, en mi opinión, es que hay altos funcionarios trabajando a la vez en su despacho privado, sin que nadie sepa para quién trabajan y que todo eso es legal. Cada vez son menos, pero sigue habiendo y eso es una cuestión heredada que durante todo este tiempo a nadie le ha importado atajarlo ni controlarlo. Se han dejado de dar compatibilidades en algunos cuerpos, pero el que lo tiene lo sigue dando. Entonces es una forma de que vaya a durar 20 o 30 años. Y en otros cuerpos como los letrados del Consejo de Estado, no todos, pero muchos tienen compatibilidad y pueden ir contra la Administración. Y todo eso es legal e incluso transparente: si no nos hemos enterado más es porque no nos ha interesado, no porque no estuviera a la vista.
"Llevo escuchando que el periodismo está mal 25 años... y está mal, pero futuro tiene"
- Es una de las cosas que explica en el libro: que los políticos carecen de incentivos para enfrentarse a ese sistema y la prensa está ocupada en temas más importantes. ¿Cambiará en algún momento?
- Hay una serie francesa, Baron noir, que es la mejor serie sobre política. Un ministro de Trabajo tiene que recortar el presupuesto y le explican que hay unas elecciones sindicales que se celebran en diciembre y que paga el Ministerio de Trabajo. Habla con los sindicatos y las retrasa a enero, con lo cual se ahorra tres o cuatro millones, que es lo que tenía que recortar. Y entonces un asesor le dice que no han arreglado nada, que si van a ser en enero el siguiente año tendrán el mismo problema y el ministro dice: "Yo el año que viene no sé si voy a estar aquí". Enfrentarse a algunos problemas, enfrentarse a los altos funcionarios con los que tienen que trabajar día a día, ponerles regulaciones y tocar cosas, se intenta hacer siempre de forma no traumática.
- ¿Por qué?
- Porque tienes que trabajar con ellos, tienen que salir los papeles y, además, no te va a dar un rédito electoral ni mediático. Nadie te va a aplaudir. Se han hecho cosas, pero muy lentamente, sin molestarles siempre. Como pasa con los médicos en la sanidad pública: nadie entra nunca con un bulldozer en si tienen compatibilidad y trabajan por la tarde en la privada.
- ¿Ha recibido presiones?
- La verdad es que no. Y está todo medido, contrastado. Siempre te queda un poco ese temor, pero, de momento, nada. Se lo leyó el abogado y me dijo que un capítulo se lo había leído dos veces. Y de momento, no y ya lleva un mes en librerías. Hay autores a los que les gusta que les demanden y haga ruido; a mí yo creo que no me compensa.
- ¿Y no es chocante que dé igual?
- Lo que se cuenta en el libro es legal. Pero los periodistas no solo informamos de delitos, puede tener interés público. Y hemos visto muchas demandas que lo que hacen es darle más bombo a las cosas.
- ¿Por qué para algunos está tan mal visto el funcionario en España?
- Pero el alto funcionario tiene muy buena imagen: un abogado del Estado lo quieren todas las suegras y suegros, todas las empresas. Llevas una tarjeta de visita con el escudo del Reino de España. Han mantenido el prestigio social de las oposiciones de altos cuerpos y eso hace que se presente muy buena gente. Y eso está bien. Los altos funcionarios tienen mucho prestigio y, de hecho, la mayoría trabajan en su puesto por lo público y toda la vida. Pero hay unos -lo que pasa es que no son pocos, sino muchos- que lo utilizan como trampolín para irse a la privada a ganar dinero muchas veces en contra de la Administración. Y, de nuevo, ellos aprovechan una puerta que está abierta y el problema, si lo hay, es de todos los políticos y la Administración, que durante 40 años no les ha importado esto.
"Hay altos funcionarios trabajando a la vez en su despacho privado sin que nadie sepa para quién trabajan"
- Es un poco como lo de los pilotos que se formaban como militares y luego se iban a una compañía aérea.
- Claro, y eso se cortó. Leí una noticia de que en la Comisión Europea había debate sobre las tecnológicas americanas que estaban fichando altos funcionarios de la Comisión y pensé: "Pero si esto lleva pasando en España 40 años sin que haya debate". Casi todos los abogados del Estado que han estado en la Secretaría de Estado de Energía están en la privada. Se descapitaliza lo público. Tú no puedes evitar que se vayan, pero quizás podrían decir que si te vas a la privada en excedencia y pleiteas contra mí, igual pierdes la plaza. Porque eso es lo que haría cualquier empresa privada. Tú no te puedes ir de El Mundo a El País con una excedencia y ponerte a escribir contra El Mundo. ¿Tú crees que a tu director le gustaría? Eso ponlo [Ríe].
- Dice que los que se sacan la plaza serán listos y estudiosos, pero son los listos y estudiosos de un determinado estamento social. ¿No hay de clase trabajadora?
- Hombre, alguno puede haber, pero desde luego no es la norma. Almeida es abogado del Estado y yo no lo sabía, pero sus dos abuelos eran abogados del Estado. Y como esos hay bastantes. Serán listos, no es fácil meter ahí al sobrino tonto, pero sí que vienen de determinado nivel. Y cuanto más pequeño es el cuerpo, más se da. Letrados del Consejo de Estado, por ejemplo, hay poco más de 30, entonces ahí sí que abundan los apellidos. Hay una letrada que su padre y su abuelo eran letrados del Consejo de Estado, hay dos hermanos cuyo padre era letrado... Claro, en un cuerpo tan pequeño directamente hay mucha gente que ni se plantea presentarse a eso, porque salen muy pocas plazas al año y te tiene que preparar un letrado normalmente. Entonces ya con eso supone una barrera de entrada.
- Alguno tiene unos apellidos que le deben haber hecho el DNI en dos tomos.
- Yo pedí por Transparencia al Consejo de Estado qué letrados tenían la compatibilidad concedida. Y después de un tiempo y de consultar a todos, el secretario del Consejo de Estado, que es el letrado Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín, me contestó que yo no había demostrado interés legítimo, pero me dio la lista con iniciales. Y como son todos apellidos compuestos tan largos era muy fácil, se podía sacar a todos y saber quién era quién. No me hizo falta pleitearlo más. Algunos nombres tenían seis iniciales.
- Lo de las conexiones también parece otro mundo. Cuenta que uno ayuda a Rubiales y a Piqué y luego encima tiene una academia para preparar oposiciones, con lo que sigue haciendo relaciones.
- Tomás González Cueto. Lo de que fuera preparador era un dato que a mí me parecía menor, pero todo el mundo dice que tener una academia y preparar es muy importante, porque da muchos contactos. En realidad son cuerpos muy pequeños y todos se conocen, pero si ya ha sido tu preparador, la relación es mayor. Hay poco escrito sobre esto, pero hay un artículo académico de 2012 de un abogado del Estado que decía que todos sabemos que existen puertas abiertas: puerta abierta para salir de tu departamento y puerta abierta para volver al día siguiente a interesarte por el asunto que estabas llevando en tu departamento. Ese abogado del Estado hoy está en excedencia y pleitea contra el Estado por el apagón. Todo el mundo habla muy bien de él, pero supongo que el dinero debe ser muy tentador. Yo no he tenido ese problema en mi vida laboral, no puedo juzgarlo porque yo no sé qué haría. Lo digo en serio.
- Es más bonito pensar que no.
- Yo hace 10 años habría dicho que no, ahora ya no lo sé. Dudaría según la cifra.
- ¿Entonces a un chaval qué le diría? ¿Que estudie Periodismo o que prepare unas oposiciones?
- Ninguna de las dos. Oposiciones... hay gente que lo pasa mal, no sé... Tirarte los mejores años de tu juventud encerrado yo nunca lo he visto. Pero periodismo, menos [Ríe].




















