ESPA�A
Tierra de nadie
Ojal� el Gobierno tomara as� el control de la situaci�n siempre que una crisis requiere una respuesta nacional. No es dif�cil de comprender que el presidente canario quiera que el barco del hantavirus est� el menor tiempo posible frente a Tenerife, ni que sospeche

El presidente de Canarias, Fernando Clavijo, saliendo de Sanidad.EFE
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El mismo Gobierno que no vio necesario asumir el mando en la dana de Valencia (229 muertos) tard� ayer 10 minutos en quitarle las competencias a Canarias para permitir que el Hondius fondease y pudieran desembarcar en Tenerife los 152 personas que podr�an haber estado expuestas al hantavirus.
De todos los fantasmas de la pandemia que se nos han aparecido estos d�as, con la reaparici�n fugaz de Fernando Sim�n liderando el susto, la cogobernanza ocupa un lugar destacado. El palabro fue uno de los hallazgos de Pedro S�nchez en los duros d�as del Covid. La teor�a oficial lo present� como una f�rmula moderna de cooperaci�n institucional para mejorar la lucha contra el virus. Pronto se vio, sin embargo, que era la forma que hab�a encontrado el Gobierno de diluir su responsabilidad y que iba a servir para otra cosa: compartir poder cuando conven�a y repartir el marr�n cuando las cosas se pon�an feas.
Presidentes auton�micos como Isabel D�az Ayuso, a quien le aplicaron un estado de alarma ad hoc para Madrid, ya comprobaron entonces hasta qu� punto el sistema pod�a ejecutarse de forma arbitraria. Desde entonces, la deslealtad institucional ha presidido la relaci�n del Gobierno central con las comunidades aut�nomas, especialmente desde que el PSOE perdi� el poder en la mayor�a de ellas.
El Hondius ha sido el �ltimo cap�tulo de esta decadente historia. El Gobierno ten�a razones sobradas para tomar el control de una situaci�n que puede derivar en un grave riesgo de salud p�blica y con implicaciones sanitarias internacionales. Ojal� lo hiciera siempre en todas las crisis que requieren una respuesta nacional. Pero tambi�n era previsible que Fernando Clavijo reaccionara con recelo despu�s de ver c�mo se le impon�a la recepci�n del barco en Canarias tras varias horas de mensajes contradictorios.
En un Gobierno que vive en una permanente campa�a electoral, la gesti�n de una crisis siempre debe tener un lado pol�tico explotable. La ocasi�n de presentar una operaci�n limpia de ayuda internacional ante las c�maras de todo el mundo era demasiado buena como para dejarla escapar. Pero Clavijo lo ve desde su perspectiva: sabe perfectamente lo que significa ver el nombre de las Canarias asociado a un ex�tico virus mortal a las puertas del verano en un titular de domingo del New York Times.
Tambi�n sabe lo de los c�lculos pol�ticos, claro. Uno de los enviados por Moncloa a recibir al Hondius ha sido �ngel V�ctor Torres, ministro-candidato de S�nchez y previsible rival de Clavijo en las elecciones auton�micas del pr�ximo a�o. Y el entorno digital del Gobierno ha cumplido su cometido dibujando al presidente canario como un se�or con "un gorrito de papel de aluminio". Como cuando se re�an de la gente que se pon�a la mascarilla.
No es dif�cil de comprender que Clavijo quiera que el barco est� el menor tiempo posible frente a Tenerife, como no lo es que sospeche del Gobierno. Otros muchos mantienen una desconfianza m�s intensa. La herencia profunda del Covid es que miles de personas dejaron de creer en lo que les dicen las autoridades, tambi�n, o especialmente, las sanitarias. Un drama para cualquier Estado funcional. El gran fantasma que ha vuelto estos d�as.
























