Guerra en Oriente Pr�ximo
Mientras Trump presiona con prolongar el cierre de Ormuz, Teher�n usa la diplomacia con paciencia, ambig�edad y la certeza de que el tiempo juega a su favor

Un hombre pasa por delante de un cartel gigante en el que se lee "El Estrecho de Ormuz sigue cerrado" en Teher�n, este martes.
Alberto RojasEnviado especial Dubai
Actualizado
En las negociaciones nucleares que culminaron en 2015, el iran� Mohamed Javad Zarif despleg� una diplomacia con piel de terciopelo sobre huesos de acero: sonriente, ir�nico, perfectamente adaptado al ingl�s tras pasar a�os en Estados Unidos, cultivaba con el secretario de Estado estadounidense John Kerry una relaci�n casi personal, prolongando reuniones y paseos que parec�an acercar posiciones. Pero una escena se repet�a con precisi�n casi teatral: al regresar a la mesa, el tono cambiaba, se terminaban las bromas y la l�nea dura de Teher�n reaparec�a intacta, sin moverse ni un mil�metro, basada en tres puntos: sanciones, enriquecimiento y soberan�a.
Zarif convirti� la cercan�a en instrumento, no en debilidad: ganaba tiempo, descubr�a la estrategia del rival con su confianza, desactivaba tensiones y obligaba al interlocutor a invertir monta�as de capital pol�tico mientras reservaba cualquier avance para el momento en que pudiera presentarse en casa como una victoria. Es el escenario al que se enfrenta Estados Unidos: una negociaci�n con la palanca del Estrecho de Ormuz activada y con la capacidad de asumir m�s dolor econ�mico que sus rivales.
Un proverbio persa resume bien la esencia de la escuela de negociadores iran�: "Enturbia el agua y podr�s pescar mejor". Donald Trump y su equipo negociador, compuesto por el promotor inmobiliario Steve Witkoff y su yerno, el hombre de negocios Jared Kushner, se enfrentan a la que puede considerarse como una de las tradiciones diplom�ticas m�s duras y exigentes del mundo, no tanto por la agresividad de sus formas como por la consistencia de su m�todo: paciencia estrat�gica, ambig�edad calculada y una negativa casi sistem�tica a aceptar acuerdos que no puedan presentarse como una victoria.
Ayer, Trump dio instrucciones a sus asesores para que preparen la extensi�n del bloqueo estadounidense del Estrecho de Ormuz el tiempo que haga falta para traer de nuevo a la mesa de negociaci�n a los iran�es, aunque lo cierto es que los iran�es nunca se retiraron, sino que quisieron negociar en sus propios t�rminos, que es lo que hace un pa�s cuando est� convencido de que ha ganado.
En salas cerradas de Viena, Ginebra o Nueva York, los diplom�ticos occidentales han aprendido que frente a ellos no hay un interlocutor que busque cerrar un acuerdo r�pido, como desea Trump, sino una extenuante partida de ajedrez en la que cada movimiento es discutido mil veces desde varios �ngulos diferentes.
�En qu� se distinguen de los negociadores rusos o de los chinos? El iran� rara vez dice no; prefiere rodear la respuesta, estirar el tiempo, introducir matices que abren nuevas capas de discusi�n y obligan al otro a gastar capital pol�tico en el esfuerzo mientras el reloj avanza.
Ir�n se basa en la paciencia, la ambig�edad y la resistencia: alarga procesos, evita definiciones cerradas y busca impedir que el adversario obtenga una victoria visible. Al iran� no le importa no ganar nada tangible si el rival gana a�n menos. Para ellos, lo importante es c�mo vendas el resultado para tu propio p�blico.
Hay muchos ejemplos: el ex canciller iran� Kamal Kharrazi fue descrito como un maestro de la ambig�edad elegante, capaz de cerrar acuerdos lo suficientemente flexibles como para que cada parte los interpretara a su favor, avanzando sin quedar atado. Abbas Araghchi, actual ministro de Exteriores, representa una versi�n m�s sobria y disciplinada: voz baja, repetici�n constante y una estrategia de desgaste que fija posiciones hasta que el adversario acaba cediendo. El fallecido Ali Larijani dominaba el arte de reabrir acuerdos aparentemente cerrados, introduciendo matices que obligaban a reiniciar la negociaci�n sin rechazarla nunca de forma frontal. En conjunto, todos reflejan una misma l�gica: avanzar sin cerrar, resistir sin romper y utilizar el tiempo como principal herramienta.





















