Las víctimas, engañadas en sus países de origen, contraían una deuda de 10.000 euros que debían saldar ejerciendo la prostitución; eran coaccionadas mediante rituales de santería

Una de las 11 personas arrestadas por Policía Nacional.
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Tenía 15 años y manejaba cuatro teléfonos móviles al mismo tiempo. Su trabajo era atender las llamadas de los clientes interesados en algunos de los burdeles clandestinos más frecuentados de la capital, informarles de los precios, los servicios disponibles y las formas de pago. Al cabo del día podía llegar a recibir más de 100 llamadas... Pero ella no era una empleada, era una de las 11 mujeres explotadas, y ahora liberadas, en un nuevo golpe de la Policía Nacional contra la trata.
La investigación se ha saldado con 11 personas arrestadas y dos organizaciones criminales desmanteladas. Éstas engañaban a sus víctimas, la mayoría de Sudamérica, en sus países de origen prometiéndolas un trabajo estable en España. Pero la realidad es que contraían con estas redes una deuda de 10.000 euros que debían saldar ejerciendo la prostitución. Sus objetivos eran mujeres en situación de precariedad económica a las que accedían a través de páginas web eróticas, donde un hombre contactaba con ellas y les pedía fotografías, pasando acto seguido a regalarles los oídos.
Cuando llegaban a Madrid, todo cambiaba. Las víctimas eran informadas de que debían trabajar para ellos siguiendo a rajatabla una serie de reglas estrictas: debían prostituirse siete días a la semana en el horario que marcara la demanda de los clientes, sin posibilidad de negarse a ningún servicio, incluidos los que se realizaban sin preservativo. Si llegaban tarde o no acudían a trabajar, aunque estuvieran enfermas, la multa era de 100 euros.

Parte de la droga incautada.P. N.
Durante el tiempo que han estado operando estos burdeles clandestinos, algunas de las mujeres llegaron a quedarse embarazadas. Cuando eso ocurría, la organización les proporcionaba píldoras abortivas. Y a seguir trabajando. Respecto a las enfermedades de transmisión sexual, algunas han acabado contagiándose, teniendo que tomar un tratamiento médico de por vida.
Asimismo, el control sobre las víctimas no se limitaba a las deudas y las multas económicas. Los cabecillas de estas redes criminales habían instalado cámaras de videovigilancia en los domicilios y las utilizaba para hablarles a través de ellas, evitando que durmieran. También las amenazaban y coaccionaban mediante prácticas de santería, llegándose a encontrar durante los registros calaveras y figuras asociadas a la muerte. Además, para mitigar sus efectos de cansancio, en ocasiones eran obligadas a consumir sustancias estupefacientes.

Estos prostíbulos intentaban pasar desapercibidos en el vecindario, limitando su actividad hasta las 12 de la noche. En uno de ellos, los clientes introducían un código en la puerta y accedían hasta las habitaciones de las chicas. Dentro, muchos elegían bonos con ofertas que podían utilizar "sin límite de tiempo".
La investigación culminó este pasado abril con tres entradas y registros en distintos domicilios de Madrid. En el primero se liberó a cuatro víctimas y se detuvo a dos personas en Madrid y una tercera en Alicante. En el segundo registro se liberaron otras cuatro mujeres. En el tercero, tres más, dos de ellas en situación irregular en España.
En total, a los 11 arrestados se les imputan los delitos de trata de seres humanos, blanqueo de capitales y organización criminal relacionada con la prostitución. Dos de ellos ya han ingresado en prisión por orden judicial.

























