

















Carl Benedikt Frey es un sueco amable y tranquilo que dirige el Programa sobre el Futuro del Trabajo de la Martin School de la Universidad de Oxford y a quien recurren en busca de consejo desde la Comisi�n Europea y la ONU hasta el Grupo de Asesores del presidente de los Estados Unidos. Se define como tecnoptimista, aunque hay que decir que muchas de las cosas que dice no suenan demasiado optimistas.
La fama le lleg� muy joven. En 2013, antes de cumplir los 30, este economista public� un art�culo con su colega Michael Osborne que inclu�a una predicci�n que hasta hoy ha sido citada en m�s de 6.000 trabajos acad�micos y es muletilla habitual en discursos de cualquier pol�tico que quiere hablar de innovaci�n, sea en un foro de empresarios, en una fiesta patronal o en la inauguraci�n de una rotonda. En su pron�stico, Frey anunci� al mundo que en el a�o 2033 la automatizaci�n se habr� llevado por delante el 47% de los trabajos conocidos. Lo dijo antes de que llegara ChatGPT, antes de que las compa��as dedicadas a la IA inflaran la Bolsa y antes de que todo el mundo buscara en internet si su empleo corre m�s peligro de extinci�n que el lince ib�rico.
En la semana en la que celebramos el Primero de Mayo, D�a de los Trabajadores, resulta conveniente estudiar la cantidad de cosas desconcertantes que est�n pasando en la fuerza laboral del mundo desarrollado. Que se lo digan a los j�venes aspirantes a una carrera exitosa, confiados como estaban en que la tecnolog�a era su mayor aliado, con un t�tulo bajo el brazo, listos para programar, dise�ar y atender clientes. De un d�a para otro est�n descubriendo que no son m�s que el primer eslab�n de la cadena tr�fica de la IA en la oficina.
Las cifras oficiales en EEUU registran un aumento del desempleo en los licenciados pipiolos. No s�lo eso: por primera vez a un universitario reci�n salido de la Facultad le cuesta m�s tiempo encontrar trabajo que a un chaval que no ha pasado del instituto. En nuestro pa�s, ya se est�n registrando los primeros ERE asociados directamente al impacto de la IA y, seg�n las consultoras de servicios digitales francesas Capgemini e Inetum, afectan especialmente a perfiles t�cnicos, como desarrolladores de software, inform�ticos o analistas de ciberseguridad.
La edad puede resultar un factor clave para ser clasificado como especie amenazada con acabar en el INEM del futuro. Pero no es el �nico. Seg�n el �ltimo trabajo de GovAI y la Brookings Institution, centro de estudios con sede en Washington, las mujeres ser�n las m�s afectadas por los cambios que provocar� la IA. Ellas representan alrededor del 86% de los trabajadores m�s vulnerables a la disrupci�n. La raz�n es que tienen un acceso mucho m�s dif�cil a trabajos con mayores exigencias f�sicas o en los que hay un monopolio tradicional masculino, como pudieran ser oficios de fontaneros, obreros de la construcci�n o electricistas, mucho m�s protegidos de la IA. De ser cierta esta predicci�n, estar�amos ante una masacre laboral centrada en el personal que ocupa puestos administrativos y de oficina y que tiene pocas opciones para reorientar su carrera. Seg�n el estudio, los dise�adores web y las secretarias corren m�s riesgo, por ejemplo, que los conserjes.
Para saber m�s
El pasado ha demostrado cu�n dif�cil es predecir con d�cadas de antelaci�n los cambios en el mercado de trabajo, dada la poca fiabilidad de los precedentes, si bien la informaci�n actual sugiere que los efectos negativos de la automatizaci�n no se repartir�n por igual en toda la sociedad. Tambi�n la retrospectiva nos debe dar algo de esperanza. A lo largo del siglo XX las mujeres tambi�n se vieron cercadas por los cambios tecnol�gicos y demostraron una flexibilidad extraordinaria para reinventarse cuando no ten�an acceso a los estudios superiores. Por ejemplo, cuando desaparecieron los cientos de empleos de las centralitas telef�nicas que ocupaban las chicas del cable, surgieron otros nuevos, como el de secretaria o camarera. Quiz�s vuelva a pasar algo parecido.
Lo que nadie puede negar es que el terremoto ha empezado, aunque se desconozca su intensidad. Prueba de ello es que est� resucitando un fen�meno que parec�a extinto: los luditas. Al menos eso apunta la encuesta de la plataforma Writer y Workplace Intelligence, que desvela que el 44% de los trabajadores de la Generaci�n Z en Europa y EEUU admite sabotear la implantaci�n de IA en su empresa. Otra consulta de Gallup recoge el deterioro de la reputaci�n de esta tecnolog�a entre los j�venes: el 30% sienten �enfado o rabia� hacia ella, 11 puntos m�s que hace un a�o.
Seguramente este sentimiento de resistencia viene dado por la enorme publicidad de las grandes compa��as que atribuyen al avance de la IA el aumento de sus beneficios y el descenso de sus plantillas. Registran un impulso en la productividad y la eficiencia corporativa, mientras de forma simult�nea hay despidos y sube el paro. Es decir, la IA est� construyendo una paradoja econ�mica.
Esto provoca un cierto sentimiento de obsolescencia en el esp�ritu del currante, que por primera vez afecta m�s a gente cualificada y con tareas intelectuales. Empieza a ser habitual, a medida que se anuncian nuevas apps y procesos de automatizaci�n, que los trabajadores de una oficina sientan lo mismo que los marineros de la industria ballenera o los criadores de caballos, cuando al inicio del siglo XX escucharon que un tal Edison quer�a llevar la electricidad a todos sitios dinamitando el comercio del aceite de ballena y que Henry Ford so�aba con que la gente se moviera en autom�vil y no al trote.

Le preguntamos a Frey si la nueva revoluci�n est� yendo demasiado r�pido. �Reconozco que esperaba muchos m�s cambios teniendo en cuenta lo avanzada que est� la tecnolog�a�, admite. �Todav�a no veo un gran impacto en la productividad y en el empleo. La brecha de entusiasmo que despierta la IA y su huella real en la econom�a sigue siendo sorprendente�.
-Pues la angustia es real. Hay pa�ses en los que cuatro de cada 10 trabajadores creen que su trabajo no existir� en una d�cada.
-S�. Y yo esperaba esa angustia. La anticip� en mi libro de 2019 La trampa tecnol�gica. La hemos visto una y otra vez a lo largo de la historia y esto no es una excepci�n. Pero encuentro una gran diferencia respecto al pasado: nunca hasta hoy los propios desarrolladores de una tecnolog�a nueva eran quienes anunciaban un �apocalipsis laboral�. Que esto suceda amplifica el miedo del p�blico hasta niveles antes inauditos.
Frey no se equivoca. Durante los �ltimos dos a�os, los gigantes de la industria no han dejado de lanzar anuncios de prodigios y tambi�n de grandes calamidades (para la mayor�a y no para quienes los proclaman, claro).
Dario Amodei, director de Anthropic, advirti� de que la IA podr�a aumentar el desempleo entre un 10% y un 20% en apenas un lustro. Jim Farley, alto directivo de Ford, estim� que acabar� con la mitad de los trabajadores de cuello blanco, aquellos profesionales que realizan tareas administrativas y de gesti�n en una oficina. Y Elon Musk -que en toda cuesti�n futurista es el beb� en el bautizo, el novio en la boda y el muerto en el entierro- afirm� que el trabajo ser� una cosa opcional en poco tiempo.
Hay incluso apuestas de gusto discutible. Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, la empresa creadora de ChatGPT, ha reconocido que tiene un chat con otros altos directivos del sector en el que han apostado quien acertar� con la fecha inevitable en la que, gracias al apoyo de la IA, veremos una empresa multimillonaria que tenga un �nico empleado.
Es cierto que la hemeroteca demuestra que, a menudo, los magnates son dados a exagerar en sus intervenciones p�blicas o a propagar informaci�n para beneficiar a sus intereses corporativos, pero en 2026 ha sucedido algo antes inimaginable: en Silicon Valley han cerrado la boca. Se acab� lo de lanzar predicciones y anuncios de las bondades de la IA en su cuenta de resultados. Esto es una prueba m�s de que vender IA no mola tanto como antes. Ya no parece genial que alguien con hipoteca e hijos pierda un puesto muy bien pagado que hace no tanto era considerado fijo y resistente como el acero. El trabajo, seg�n recoge Annie Lowrey en The Atlantic, ha hecho impopular la IA.
�A los j�venes este cambio les afecta mucho�, dice el economista Jos� Carlos D�ez. �Hablamos de ingenieros de software, economistas, abogados y, entre otros, periodistas que empiezan. La clave es que las empresas aprovechen la sustituci�n de labores rutinarias que la IA abarata para mejorar su productividad y su competitividad aprovechando esas horas de trabajo que se ahorra y as� aumentar sus ventas y sus m�rgenes�.
La inquietud llega hoy a quienes aspiran a buenos trabajos, no a quienes malviven con los peor remunerados, que eran los primeros que ca�an en las anteriores revoluciones tecnol�gicas. Desde que la IA se hizo viral, su impacto ya no s�lo es tratado por profetas digitales y estudiosos del empleo como Frey. Los economistas se la toman muy en serio, porque por primera vez disponen de cifras para juzgar sus efectos con rigor. .
A d�a de hoy, el objetivo intelectual de los expertos que la estudian es claro: averiguar cuanto antes si la econom�a ser� capaz de absorber los cambios del mercado de trabajo o si, por el contrario, la IA ir� tan r�pida que provocar� mucho paro y tensiones sociales.
Uno de los estudios m�s interesantes que investigan c�mo podr�a ser el desplazamiento laboral por parte de la IA tiene firma espa�ola. Luis Garicano, profesor de London School of Economics, plantea junto a otros acad�micos que los mercados laborales valoran los puestos en su conjunto, no las tareas. Garicano usa el ejemplo de los radi�logos, profesi�n sanitaria que hace a�os se consider� v�ctima propiciatoria de los avances de la IA y que, sin embargo, est� muy valorada en el mercado actual. �Por qu� sucede eso? Seg�n explica el ex pol�tico de Ciudadanos en su cuenta de X, el radi�logo no s�lo se dedica a clasificar im�genes, que es algo que podr�a hacer una m�quina, sino que realiza otras tareas con gran valor a�adido: prioriza casos, se comunica con otros m�dicos, forma residentes, firma diagn�sticos y toma decisiones m�dicas complejas. Es decir, el mercado compra el paquete entero de sus servicios. Para el economista, la cuesti�n que plantea la IA no es si puede realizar una tarea dentro del paquete, sino si la tarea puede extraerse.
En una situaci�n normal, el mercado laboral tiende a hacer ajustes naturales en relaci�n a las profesiones. La jubilaci�n o despido del 4% de los trabajadores de un determinado oficio a lo largo de varias d�cadas puede digerirse sin sufrimiento por parte del mercado, tal y como nos ha demostrado la historia, con infinidad de profesiones que han caminado hacia la extinci�n de forma natural. As� es la evoluci�n.
Cualquier persona mayor de 40 a�os recuerda que cuando era ni�o era com�n ver afiladores de cuchillos anunci�ndose en la calle o encontrar un videoclub en la esquina. Actualmente estos negocios que dieron de comer a muchas familias son reliquias arqueol�gicas del mercado laboral, como lo fueron para nuestros padres los serenos, los aguadores o los pregoneros.
El tema es si este proceso se acelerar� de forma brusca. Por eso ha llegado el momento de buscar la especie m�s amenazada por la IA.
Mar Manrique tiene 27 a�os y representa a la generaci�n y el g�nero que los economistas estudian analizando su comportamiento frente a las m�quinas. Es mujer, joven con formaci�n universitaria, y se ha incorporado al mundo del trabajo en los �ltimos a�os. No hay duda de que sabe lo que es lidiar con las dificultades de cualquier debutante en la jungla laboral. Por eso ha escrito Un trabajo so�ado (Ed. Pen�nsula), un interesante ensayo sobre el desencanto de la generaci�n que quiso vivir de internet.
�Hay un falso espejismo de que nosotros, por ser nativos digitales, nos vamos a adaptar mejor a esta gran transformaci�n, pero esto no tiene nada que ver con la llegada de las redes sociales, es algo mucho m�s grande�, dice Manrique, creadora de la newsletter de periodismo Fleet Street. �La IA ya es una variable m�s que a�adir a nuestra precariedad laboral, un a�adido al c�ctel que impide levantar una carrera estable que nos permita escalar socialmente y acceder a una vivienda�.
Un punto de vista con el que est� de acuerdo Carl Benedikt Frey, que ve c�mo los reci�n titulados, adem�s de enfrentarse a la capacidad laboral de la IA, tienen que lidiar con un aumento de los tipos de inter�s y la incertidumbre econ�mica de guerras y aranceles.
�La convergencia de todos los factores es lo que ha sido m�s dif�cil de prever�, dice el acad�mico de Oxford. �Cualquiera de esas fuerzas es manejable si se trata por separado, pero juntas conforman un entorno para la contrataci�n realmente hostil, especialmente cuando hablamos de profesionales reci�n llegados y no tienen una trayectoria en la que apoyarse�.

La se�al de alarma detectada para los coet�neos de Mar Manrique salt� el pasado mes de noviembre a trav�s del trabajo realizado por tres acad�micos de Stanford, conocido con un nombre que suena a novela negra escrita por ChatGPT: El informe de los canarios de la mina de carb�n. En �l se analizaron millones de registros de n�minas de trabajadores con exposici�n a la IA generativa. La conclusi�n result� demoledora: los canarios, referencia metaf�rica a los p�jaros que detectan antes que los mineros la presencia de gases t�xicos, son los trabajadores de entre 22 y 25 a�os, quienes, desde 2022, sufren una ca�da de contrataciones del 13%.
Este estudio fue discutido por algunos economistas, que creyeron que sus conclusiones estaban infladas por el efecto de ChatGPT, herramienta que sali� en noviembre de 2022 generando un furor extraordinario en la sociedad. Sin embargo, los datos de empleo analizados a posteriori y los despidos de estos perfiles anunciados en las grandes tecnol�gicas, bufetes y consultoras en EEUU empiezan a dar la raz�n a la teor�a de los canarios.
Eso plantea una pregunta capital: �C�mo puede dejar de ser principiante alguien al que no se le permite empezar? Es tan dif�cil de contestar, que en honor al esp�ritu de este reportaje, se lo preguntamos directamente a ChatGPT:
-No puede. Y ese es precisamente el fallo del sistema. �Quieres una respuesta m�s larga para tu art�culo?
-S�.
-El sistema siempre ha necesitado �ineficiencia inicial�. Hist�ricamente las empresas asumen que un j�nior no es productivo al principio, que cometer errores es parte del proceso de aprendizaje y que la inversi�n en formaci�n se recupera despu�s.
Esto rompe los esquemas. �Ser�n los programadores inform�ticos los viejos dependientes del videoclub? �O se han convertido en serenos los consultores novatos? �Tiene el traductor humano el mismo futuro que un campanero?
En ese entorno de confusi�n generalizada conviene preguntarse qu� es lo que deben hacer los j�venes que a�n no han entrado en el mercado ante lo que se avecina.
Para Carlos Victoria, profesor de Econom�a en la Universidad Pontificia de Comillas, un adolescente debe plantearse tres caminos laborales para afrontar el futuro: �El primero es ir por empleos que exigen competencias que no pueden ser sustituidas por la IA, como pueden ser, por ejemplo, los cuidados; luego est�n los empleos cuyas actividades puedan potenciarse con la propia tecnolog�a y, por �ltimo, aquellos que exigen habilidades transversales, que incluyen desde el trabajo en equipo, oratoria, desarrollo de pensamiento cr�tico y capacidad para discriminar informaci�n�.
El problema que ven los expertos son los gobernantes, que parecen ajenos al desaf�o. Los pa�ses m�s industrializados no parecen dispuestos a desarrollar en serio planes de contingencia. En Espa�a, la Oficina de Prospectiva y Estrategia, que depende de la Presidencia del Gobierno, redact� un extenso informe llamado Hispania 2040 sobre el impacto de la IA a largo plazo.
�Honestamente pienso que aqu� no hay ning�n plan estrat�gico�, dice un pesimista Jos� Carlos D�ez, que cree que ya vamos tarde para adaptarnos al desaf�o. �El �nico plan que veo consiste en regular la �tica de la IA y limitar el uso de datos para que nuestras empresas no puedan modelizar IA y sean menos competitivas�.
De no tomarse medidas para ablandar el impacto de la IA, los oficinistas con labores muy rutinarias y f�cilmente automatizables podr�an pasar en poco tiempo a ser los herederos de los trabajadores que en la Espa�a de los a�os 80 sufrieron la reconversi�n industrial. Repetir un escenario similar al vivido entonces en Asturias, Le�n, Galicia, Pa�s Vasco, la Bah�a de C�diz o Sagunto ser�a muy grave. No s�lo por la conflictividad social y el gasto p�blico que implic� mitigar la sangr�a del desempleo, sino por los costes detectados d�cadas despu�s. El principal, el da�o generacional. Los hijos de aquellos obreros que cayeron v�ctimas de la competitividad tuvieron acceso a una muy buena educaci�n, sin embargo la falta de un tejido empresarial alternativo a las f�bricas, astilleros y minas en sus localidades les oblig� a emigrar en busca de trabajo.
En ese sentido, Mark Muro, investigador s�nior de Brookings que ha evaluado la relevancia pol�tica del estudio realizado por GovAI sobre la vulnerabilidad laboral que podr�a tener su foco en las mujeres, considera que el gran peligro consiste en que esos trabajos queden �fuera de la vista y de la mente de los responsables pol�ticos y de la poblaci�n�.
Para Frey la soluci�n es cuesti�n de voluntad. �Creamos el Estado del bienestar como respuesta a la crisis de la Gran Depresi�n�, explica. �Si la IA llega a tener un impacto significativo en el empleo, lo que se necesitar�n no ser�n tanto nuevas ideas, como la capacidad pol�tica de poner en pr�ctica las ya existentes. Las herramientas pol�ticas necesarias las tenemos, la cuesti�n es si las democracias podr�n superar la polarizaci�n actual para llevarlas a cabo�.
-ChatGPT, �cu�ndo va a provocar mi despido la IA ?
-Te voy a responder directo, porque esta es una preocupaci�n muy real: no hay fecha concreta, pero s� hay un proceso que ya est� empezando en el periodismo y que puede afectarte seg�n tu rol.
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