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Es una especie de automatismo. Una ecuaci�n simple, una norma matem�tica infalible: en F�rmula 1, si el equipo con el mejor coche tiene dos pilotos r�pidos, habr� jaleo. No hay que disimularlo ni recurrir a eufemismos. Tarde o temprano llegar� la tensi�n, y esa tirantez ser� inversamente proporcional al n�mero de carreras que queden y a la distancia en puntos entre ambos pilotos en el campeonato. Cuanto m�s peque�as sean esas dos cifras, m�s alta ser� la temperatura entre ellos.
En estos casos los equipos suelen barajar varias opciones. La cl�sica, aunque triste, es montar una alineaci�n desequilibrada: un piloto muy bueno y otro discreto. Lo hizo Ferrari en la �poca de Michael Schumacher, que siempre emparej� al alem�n con pilotos solventes, capaces de ganar carreras, pero no de hacerle sombra. Eddie Irvine, Rubens Barrichello o Felipe Massa eran muy buenos, pero no gal�cticos como Michael.
Lo mismo ocurri� en Mercedes en 2017, cuando Nico Rosberg dio la espantada y el equipo fich� a Valtteri Bottas. Seg�n cont� Aldo Costa, director t�cnico de Mercedes por entonces, la decisi�n lleg� despu�s de que Hamilton vetara la opci�n de Fernando Alonso. No le cost� mucho convencer al equipo: todos recordaban la catastr�fica temporada de McLaren en 2007. Aquel a�o Alonso hab�a llegado con dos t�tulos mundiales bajo el brazo, y Hamilton con tanta juventud como velocidad y ambici�n. La mezcla, sumada a una gesti�n lamentable de Ron Dennis y compa��a, se convirti� en un fracaso estrepitoso.
Otra opci�n es ponerle puertas al campo, como hizo Red Bull en la �poca de Sebastian Vettel y Mark Webber. Por muchos 'Multi 21' y dem�s c�digos que se inventaran para contener las hostilidades, al final el ego y la ambici�n de los pilotos —dise�ados desde ni�os para destruir a su compa�ero de equipo— terminan haciendo saltar todo por los aires.
Como dec�a Polibio, la historia no es ni aleatoria ni lineal: es un proceso c�clico e inexorable, gobernado por la naturaleza humana. El historiador griego se refer�a a la pol�tica, pero su pensamiento se ajusta tambi�n a la F�rmula 1. Como tantas y tantas veces antes, en el equipo m�s fuerte de 2026 ha prendido el primer incendio. Por primera vez, el joven Kimi Antonelli se ha dado cuenta de que esto va en serio, de que puede ser campe�n y de que su principal rival, ahora mismo, es su compa�ero George Russell. El veterano tambi�n sabe ya que Kimi no se lo va a poner f�cil, que aprende muy r�pido y que cada carrera que pase ser� m�s dif�cil de batir. Su pelea el s�bado en la Sprint y el domingo en el gran premio fue un regalo para el espectador y una sucesi�n de microinfartos para Toto Wolff.
Lo m�s positivo es que a ninguno de los dos les han cortado las alas: ambos tienen libertad para competir, aunque, como siempre, con matices. El primer mandamiento es inamovible: no te tocar�s con tu compa�ero en la pista. Un mandamiento que genera muchos pecadores, porque entre competir y no tocarse hay una l�nea de un calibre microsc�pico. C�mo olvidar lo que ocurri� hace justo un a�o en ese mismo escenario, cuando Lando Norris golpe� a su compa�ero Oscar Piastri en plena batalla. Entonces habl�bamos de las 'reglas papaya'; ahora, doce meses despu�s, Toto Wolff pide a los suyos sentido com�n, que, ya se sabe, es el menos com�n de los sentidos cuando hay tanto en juego.
El duelo del domingo se sald� con el abandono de Russell por aver�a, lo que le ha dejado a 43 puntos de su joven compa�ero en el campeonato. M�s tensi�n, m�s le�a para una caldera que no ha hecho m�s que encenderse. Russell est� inc�modo mientras Antonelli bate r�cords carrera tras carrera, empieza a convencer a los incr�dulos, es aclamado en Italia, vende m�s como favorito y recibe el cari�o de todos con su carita de ni�o bueno. El ni�o, poco a poco, se est� haciendo mayor. La historia, como siempre, se est� volviendo a repetir.
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